Comparativa

ComparativaSuzuki GSR750/Yamaha FZ8

Publicado el 12/07/2012


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Ambas llegaron al mercado con la tarea más ingrata que se le puede encargar a un modelo: sustituir a otro modelo de éxito. A una le tocó bregar con el recuerdo de la picante GSR 600 que tanta huella ha dejado ente los suzukistas. A la otra ser el relevo -nada más y nada menos- que de la FZ6N, uno de los mayores éxitos recientes de Yamaha.

La verdad es que es injusto tratarlas así, de simples “sustitutas” cuando ambas tienen tanta personalidad. Por eso, pese a la que está cayendo, tanto las fábricas como los usuarios siguen creyendo en el potencial del segmento naked de media cilindrada que representan.
De hecho son, junto con el de los scooter, los únicos que están aguantando la raquítica temporada. Y, sin duda, las razones de este éxito son dos; la estética -son motos bonitas que tardan en pasar de moda- y la capacidad de unir sensaciones deportivas con polivalencia.
Justamente son esos dos factores en los que más insistieron nuestras invitadas cuando fueron lanzadas al mercado, en el 2010 la FZ8 y un año después la GSR750. Cada marca ofreció su particular visión de cómo debía ser la naked media cuasi-perfecta. Más deportiva la Suzuki. Más funcional la Yamaha.

Mucho en común...

En general los conceptos fundamentales de cada una de ellas es bastante similar; un motor de 4 cilindros en línea, 16 válvulas, EFI y refrigeración líquida. En la parte ciclo un chasis doble viga, horquilla invertida y monoamortiguador trasero parcialmente regulable, con buen compromiso entre confort y dureza. Una configuración estandar de moto naked, si se me permite la expresión. Es en los detalles cuando aparecen más marcadas las diferencias entre una y otra. El motor de la Suzuki, de 749cc, tiene un DNA más deportivo. Deriva del archiprobado y archipotente propulsor de la GSX-R750 del 2005, con algunas modificaciones para optimizar la entrega de potencia y hacerlo más utilizable, como un nuevo perfil del árbol de levas, un rediseño del conducto de entrada de aire, una mayor relación de compresión y la utilización de pistones de aleación de aluminio. Por su parte, el 4 cilindros de 779cc de la FZ8 es una versión, aunque con menos presencia de materiales de aleación, del motor que montaba la FZ1. Recibe una inyección con doble mariposa y una admisión rediseñada para mejorar la distribución de la potencia a medios y altos regímenes. Por lo demás, idéntico a un motor que incluso -en determinados momentos- parecía exageradamente potente para la FZ1. Caballería, por tanto, la hay de sobras en ambos casos. En la parte ciclo encontramos, en la Suzuki, un chasis doble cuna en tubo de acero con sección en D en la parte anterior y circular en la posterior. En la parte central es más estrecho para mejorar la ergonomía del conductor a la hora de apoyar el pie en el suelo. A nivel estético el chasis de la Yamaha -también un doble cuna en diamante de aluminio con el motor autoportante- destaca más que el de la Suzuki aunque ambos muestran una eficacia muy similar. También las suspensiones son similares; la unica verdadera diferencia está en el hecho de que la horquilla Kayaba de la Suzuki (regulable en precarga) tiene un diámetro de 41 mm frente a los 43 de la Yamaha que, en cambio, no permite ninguna posibilidad de regulación. Bastan unos pocos giros con la GSR para darse cuenta de inmediato que incluso su tarado base es mucho más duro y deportivo que el de la Yamaha, más comprometido con el confort y la suavidad de conducción. Respecto a los frenos, el ABS se propone como opción en ambos modelos. En los dos casos encontramos una frenada con mordiente... más agresiva en la GSR y más dosificable en la FZ8. El nivel de acabados y detalle nos pareció mejor en la Yamaha. En absoluto son malos los de la Suzuki pero basta echar un vistazo al basculante de cada una, a cómo está trabajado su anclaje en el bastidor, para darse cuenta que en la moto de Iwata han afinado un poco más en los acabados que en Hamamatsu.

... y poco en común

Cuando las ponemos a rodar es cuando aparecen las mayores y más importantes diferencias entre una y otra moto. Las dos transmiten de inmediato confianza y las dos son fáciles de conducir a ritmo alegre. Tanto la Yamaha como la Suzuki tienen reacciones suficientemente previsibles como para no meter en problemas a conductores medios. Pero dicho esto, también se hace evidente de inmediato que la GSR750 es más divertida, hace quemar más adrenalina tiene un temperamento mucho más sport. La FZ8, en cambio, no puede disimular que para ella es más importante el confort de su conductor que sus emociones. Resulta curioso como siendo tan parecidos técnicamente, los motores tienen unas personalidades tan diferentes. Los dos son suficientemente elásticos para recuperar sin incertidumbres incluso desde los regímenes más bajos. Y no es una cuestión baladí teniendo en cuenta que gran parte del uso de estas dos motos va a transcurrir en ciudad. Las dos son también igual de capaces de proporcionar placenteras sensaciones cuando se trata de rodar tranquilo. Pero mientras el tetracilíndrico de la Suzuki se distingue por una aceleración vigorosa y constante durante toda la curva de entrega de potencia, el de la Yamaha se muestra brillante a medio y alto régimen, entendiendo como tal de 7.000 vueltas en arriba mientras que por debajo se limita -por decirlo de un modo gráfico- a una administración ordinaria de la caballería. Si a esto le añadimos que las relaciones de cambio de la FZ8 son mucho más largas, se entiende fácilmente que el motor de la GSR parezca mucho más reactivo y alegre en todas las situaciones a pesar de que su potencia es muy similar. La Yamaha muestra su faceta deportiva solamente en los regímenes altos... aunque cuando la muestra, la muestra de verdad... con unas velocidades máximas de espanto. El resultado -en definitiva- es que el motor de la Suzuki resulta mucho más fácil de disfrutar mientras que el de la Yamaha requiere de mucho trabajo con el cambio de marchas. También en el aspecto de la manejabilidad y estabilidad las diferencias entre ambas son claras. En ciudad, sobre pavimentos irregulares y sobre todas aquellas situaciones en las que la moto se usa a ritmos tranquilos, las suspensiones más blandas de la FZ8 ayudan mucho más a llegar al destino descansados y relajados incluso tras todo un día al manillar. La GSR no es una moto incómoda; es una moto dura. Y en la mayoría de las veces, en el uso convencional de la moto, eso es más un inconveniente que una ventaja. En autopista no notaremos sin embargo, la diferencia ya que ambas exponen a su conductor a un ataque inmisericorde de los elementos, dada la nula protección aerodinámica. A velocidades legales el ataque del viento es tolerable pero quienes se estén planteando la posibilidad de usarlas para un viaje largo a buen ritmo de crucero sin duda necesitarán acudir al catálogo de accesorios de las propias marcas o a la industria auxiliar. Una vez alcanzamos los espacios abiertos y aumentamos el ritmo la GSR adquiere cierta ventaja en virtud de una parte ciclo más volcada a la conducción agresiva. En los tramos revirados la Suzuki permanece siempre estable y precisa recordando en algunos aspectos a las superdeportivas de la casa de Hamamatsu y demostrando su genética GSX-R. También la Yamaha aguanta sin problemas los ritmos alegres de una buena carretera de montaña pero si queremos ir un poco más allá, las suspensiones comienzan a mostrar su tarado más blandito y aparecen algunos meneos en situaciones en los que la Suzuki permanece impertérrita. Respecto a los frenos ninguna de las dos ofrece prestaciones excepcionales. Frenan muy bien, que nadie se preocupe por eso, pero la filosofía de las casas japonesas es no montar componentes extremadamente exigentes en modelos de calle así que no tenemos frenos de Superbike. Asumiendo, como decimos, que ambos sistemas frenantes cumplen su función sobradamente, los frenos de la GSR se mostraron menos dosificables y con menos mordiente inicial. Sometidos a un gran esfuerzo tendían a alargar el recorrido de la leva, a hacerla más esponjosa. Los de la Yamaha funcionaron mejor en todas las circunstancias; su respuesta era más rápida aunque no particularmente agresiva.

Dos buenas opciones

FZ8 y GSR750 ofrecen dos interpretaciones diferentes del mismo tema y aportan un punto de vista personal del naked sport de media cilindrada. La Yamaha es una moto polivalente, bien hecha, bonita y muy trabajada. En algunos aspectos queda algo devaludada frente a la Suzuki pero en otros la supera claramente. Tiene una vocación más turística, innegable desde el momento en que se comparan las dos amortiguaciones y como “sport” la GSR la supera pero, en cambio, eso la hará mucho más atractiva y adecuada para quienes busquen solamente una moto todo uso, bien hecha, cómoda, fácil y que sirve para todo, desde pasarlo bien por carretera al día a día en la ciudad.
La GSR, por el contrario, tiene un carácter más deportivo que la hace menos relajante de conducción, más exigente y más cansada en el uso cotidiano. Pero se convierte en una espectacular máquina de pasárselo bien en cuanto la sacamos a carreteras reviradas de buen asfalto. Sus acabados y frenos son algo inferiores a los de la Yamaha pero es más emocionante.
(Adaptación: G. de M).
 
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Comentarios (1)

  • jesus
    jesus 12-07-2012

    muy chula la yamaha con el akrap......., ahi,ahi a generar musica para los oidos, je,je,je

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