“Captain América” y “Billy Bike”: una historia particular


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Easy Rider no es solamente una de las películas de motos más famosa de la historia. Es también el film que popularizó las “chopper”...

La cinta también extendió una cierta estética a la que aún se asocia la cultura “hippie”. Sin embargo, su germen no tiene nada que ver con el “peace, love and flowers”. Más bien al contrario...

Al terminar la Segunda Guerra Mundial habían salido de las cadenas de montaje de Harley-Davidson en Wisconsin casi 95.000 unidades de sus motos militares. Había tal excedente que, literalmente, al firmarse el armisticio que ponía fin al conflicto se acabaron regalando a los jóvenes soldados que volvían a casa después de haber combatido en los frentes de Europa o del Pacífico. A las fuerzas armadas norteamericanas les salía más barato eso que mantenerlas operativas o intentar venderlas por su cuenta y miles de veteranos regresaron a sus hogares montados en las mismas motos que habían recorrido los campos de batalla pocos meses antes.

Algunos, además, lo hacían trayendo como recuerdo de su paso por el frente cascos de acero o condecoraciones capturadas a soldados enemigos..., y ese y no otro es -por cierto- el origen de los cascos alemanes y las “cruces de hierro” con los que se identifica todavía hoy a algunos colectivos motociclistas del mundo custom.  

Cortar para aligerar

Bastaron unos pocos meses de vida civil para que esos veteranos se dieran cuenta de que sus preciosas Harley -que se habían mostrado ideales para soportar el castigo de los cráteres de obús y las trincheras- resultaban, en cambio, demasiado pesadas y rudas para aventuras más cotidianas.

Y cuando algo pesa mucho hay que aligerarlo..., así que sus propietarios comenzaron a cortar todo aquello que consideraban innecesario tratando de hacerlas más cómodas y manejables..., y como “to chop” es “cortar” en inglés... ¡acababa de nacer el estilo “chopper”!

La anécdota esconde, sin embargo, un aspecto más amargo; muchos de estos ex-combatientes -incapaces de adaptarse a su nueva situación, destrozados por el aún desconocido trastorno de estrés postraumático o simplemente desarraigados tras sus años de vida militar- acabaron yendo a buscar la compañía de antiguos camaradas de armas en situación similar que, con el tiempo, acabarían formando bandas de motoristas. La historia se repitió casi exactamente igual a finales de los cincuenta con los veteranos que regresaron de la guerra de Corea. En ese momento existía ya una cultura del chopper asociado a una relativa marginalidad y a un cierto antibelicismo que se convirtió en terreno abonado para que -a finales de los 60- la contracultura hippy, la eclosión de las drogas, la oposición a la guerra del Vietnam y la tensión racial hicieran de las motos chopperizadas su símbolo. Se trataba, en el fondo, de mostrar la oposición al sistema presentando estas máquinas como un vehículo libertario frente al burgués automóvil.  

El yonqui y el niño de papá

Y justo en ese contexto, Dennis Hopper -el amigo de juergas salvajes de James Dean- decidió hacer una película que reflejara esa contracultura. Hopper era una “actor maldito”, un tipo con el que nadie quería trabajar tras pegarse con Henry Hattaway durante un rodaje. Tenía un talento superlativo pero su alcoholismo y su adicción al LSD lo habían convertido en un apestado en Hollywood, así que a la industria no le extrañó en absoluto que se embarcara en una película “independiente, anarquista y autodestructiva” como su propia vida. Por supuesto nadie quería financiarla y como Hopper necesitaba dinero para hacerla recurrió a otro “socio del club de amigos del LSD” e hijo de una de las familias de oro de la “meca del cine”: su amigo Peter Fonda. Peter era un tipo con una de las mejores agendas del mundo del espectáculo; George Harrison, John Lennon y Ringo Starr iban a su casa a colocarse cuando estaban en Los Ángeles..., bueno..., y dicen las malas lenguas que también a darle algún que otro homenaje a su hermana Jane, que estaba para ponerle un dúplex en Beverly Hills..., pero esa es otra historia.

El caso es que, con la entrada que daba tener al hijo del mítico Henry Fonda de socio en el proyecto, consiguieron que dos productores igualmente con reputación de “izquierdistas” -Bob Rafelson y Bert Schneider- aceptaran recibirles. Fue un colega de todos ellos, Jack Nicholson -otro “drogota” de cuidado- quien medió para que invirtieran en la película y a regañadientes, acabaron soltando 400.000 dólares para contar la extraña historia de dos pobres marginados que deciden cruzar Estados Unidos con sus motos para asistir al “Mardi Gras” de Nueva Orleans y se pagan el viaje trapicheando con drogas.

Fonda y Hopper. Wyatt y Billie.

Dennis Hopper era el director y asumía también el papel de Billy, mientras que Peter Fonda era el más guaperas Wyatt. Los nombres de los personajes eran ya una declaración de intenciones y emulaban a “Billy, el niño” y “Wyatt Earp”. A Hopper le fascinaba el mundo de los pistoleros y andaba siempre por ahí con dos auténticos revólveres Colt cargados..., para espanto del equipo de producción que lo consideraba un aderezo poco recomendable para alguien que tenía la fea costumbre de ir puesto hasta las trancas todo el día.

El rodaje fue un caos indescriptible.

No había guión, a los actores se les olvidaban los diálogos y se salían de cuadro. Nicholson tenía que intervenir continuamente para evitar que los dos protagonistas -que durante el rodaje pasaron de la amistad al odio psicótico- se mataran y Hopper no hacía más que humillar brutalmente a los cámaras e iluminadores cuando estaba colocado..., y cuando no lo estaba.

Aquello aparentaba no tener ni pies ni cabeza y de hecho, el primer pase no gustó a Rafelson y Schneider. El film les pareció incluso más excesivo de lo que esperaban, pero tras algunos retoques y otro ataque de furia de Hopper, la todopoderosa Columbia aceptó distribuirla.

Y se hizo el milagro.

La intelectualidad alabó la frescura y realismo de las interpretaciones y del guión y la apabullante banda sonora en la que andaban metidos, nada más y nada menos, que Phil Spector, Jimmy Hendrix o Bob Dylan. El tema principal de la película, el archiconocido “Born to be Wild” de Steppenwolf se convirtió en un himno, el “boca a boca” hizo el resto y Easy Rider se convirtió en un fenómeno de masas.

Sólo en una sala, la primera semana, la película ya había recuperado todo el dinero que costó y en total recaudó la friolera de 40.000.000 de dólares ¡¡¡de 1970!!!.

Obtuvo el premio del Festival de Cannes a la mejor ópera prima, obtuvo dos nominaciones al Oscar y a los Globos de Oro y convirtió a Jack Nicholson -hasta entonces actor de series B- en una estrella.

Odio a las motos

Se construyeron dos unidades idénticas de la “Captain América” -la moto de Fonda- y dos unidades idénticas de la “Billy Bike”, la montura de Hopper, de modo que el rodaje no tuviera que pararse en caso de que se averiara una. Fueron diseñadas por dos preparadores afro-americanos -Cliff Vaughs y Ben Hardy- siguiendo las indicaciones del propio Peter Fonda, sobre la base de cuatro viejas motocicletas Harley-Davidson modelo Hydra Glide 1949 y 1950 de la policía, compradas a precio de saldo en una subasta. De estas cuatro unidades originales utilizadas en la película solamente queda una; paradójicamente la que acababa completamente destruida en la escena final. Un restaurador avispado compró los restos y la reconstruyó. Se exponía hasta hace poco en un museo de Ohio y fue vendida a mediados de 2014 a un comprador anónimo por la vertiginosa cifra de 1.350.000 dólares.

Las dos “Billy Bike” fueron robadas nada más terminar el rodaje, igual que la segunda unidad de “Captain América”, desaparecida del garaje personal de Peter Fonda. Nunca más se ha sabido de ellas a pesar de la generosa recompensa que Harley-Davidson ofreció en su momento para recuperarlas. Se han construido, sin embargo, algunas réplicas exactas a cargo de los mismos preparadores que se encargaron de las originales y que la marca de Milwaukee exhibe en su museo oficial. El propio Peter Fonda suele dejarse ver de vez en cuando por alguna concentración motociclista conduciendo una de ellas.

Pero nada en Easy Rider es lo que parece. Ni las interpretaciones lo eran..., porque los cuelgues eran reales; ni el guión tenía detrás a un nuevo Salinger..., porque se improvisaba sobre la marcha; ni el amor a las motos de uno de los protagonistas era tal..., porque Dennis Hopper las odiaba con todas sus fuerzas. No sólo no sabía conducirlas sino que le daban un miedo atroz y se pasó todo el rodaje maldiciéndolas, pese a que, a raíz de la película, las “chopper” dejaron de ser consideradas una excentricidad para convertirse en contemporáneas obras de arte sobre ruedas que han dado pie a toda una industria e incluso han protagonizado “realitys” televisivos.

Fotos de '“Captain América” y “Billy Bike”: una historia particular'

 

Comentarios (4)

  • Nacho
    Nacho 09-01-2018

    Según el propio Dennis, durante todo el rodaje todo el equipo menos un cámara se pasaron fumando marihuana desde el priner día hasta el último, lo cual no ha sido milagrosamente impedimento para que la peli resultara toda una obra de arte con un trasfondo muy interesante.

  • Francisco
    Francisco 09-01-2018

    Muy interesante. No conocía la historia de una película que no me canso de ver. Pero ahora quiero saber más. ¿Cómo funcionaban los mandos de esas motos? Creía que las Hydra Glide de esa época tenían cambio manual a la izquierda del depósito pero no veo las palancas en las imágenes y tampoco me parece que tengan cambios en el píe. Y lo más sorprendente es que la Captain América no tiene freno delantero. ¿Alguien sabe dónde los colocaron?

  • joanpere
    joanpere 09-01-2018

    Interesante y curioso artículo . Muchas cosas que no sabía de estas motos. La Captain America, se ha reproducido muchas veces en miniatura

  • manel
    manel 09-01-2018

    ...la película me agradó sobremanera,más en aquella época´.Pero a lo que voy. Hace poco echaron por televisión la lucha que se dió en su momento, entre Harley Davidson y la otra motocicleta que los ingenieros tenían todo:dinero,talleres,más dinero,publicidad y todo para ser la mejor.Me refiero a la otra mítica" Indian"...pero lo que es el destino ganó,y me alegro,la primera pues lucharon sin tener nada y hoy en día es superior.Que coste que yo no soy de Harley.Os aconsejo ver la pelicula que os digo.

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