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Detrás de los dimes y diretesEditorial


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Ocurre con los pilotos como con los futbolistas; cuando se abre el mercado y comienza la temporada de fichajes se vuelven locos -más bien se lo vuelven sus mánagers- y comienzan a dispararle a todo lo que se mueve confiando en que alguna pieza caerá. Y, claro, los plumillas lo contamos y después quedamos con el culo al aire, cuando no como mentirosos redomados o perfectos incompetentes...

Todo esto lo digo, obviamente, porque tanto Marc Márquez como Jorge Lorenzo como Dani Pedrosa e incluso Valentino Rossi han cerrado ya sus renovaciones... y nada ha cambiado pese a que los plumillas aseguramos que iba a haber sorpresas.
Como explicaba hace unas líneas, cuando llega el momento, los pilotos tiran por saturación y negocian con dos o tres equipos a la vez. Entonces vas tú, le preguntas a los responsables de dichos equipos y ocurre que a nadie le gusta reconocer que no tiene pasta para pagar a un primer espada y te dicen que sí, que está casi hecho a falta de algún pequeño detalle... aunque tu sabes que hay las mismas posibilidades de que aquello se cierre que de que Belén Esteban se saque un doctorado.
Porque resulta que el “pequeño detalle” suele ser el salario... pero más allá de ese pequeño detalle... “está casi hecho”.
En otros casos efectivamente “está casi hecho” pero, a última hora, una contraoferta inesperada o la presión de algún patrocinador hace que el piloto se eche atrás cuando ya tenía casi los monos de carreras del nuevo equipo ya diseñados. Y no es una ocurrencia; ni se imaginan los lectores la de monos “fantasma” que he visto colgados en las perchas de algunos fabricantes...

Claro, los que llevamos ya algún tiempo en esto conocemos el ritual y sabemos que dicho teatrillo forma parte del proceso... aunque sigue resultando difícil saber en qué caso estás ante una maniobra de despiste y en cual estás ante una oferta plausible.
Tengo que decir, para ser justo, que los pilotos no suelen mentir. No te lo cuentan todo pero tampoco te mienten descaradamente. Pueden intentar engañarte una vez... incluso dos... pero a la tercera ya los has calado... y además, en la mayoría de ocasiones, ni siquiera ellos tienen toda la información.
Su mánager les dice que está hablando con éste, con el otro y con el de más allá, que las cosas están bien encarriladas, que no se preocupe, que no le de vidilla a la prensa y poco más.
Siempre hay excepciones.
Rossi, por ejemplo, es de los que supervisa personalmente hasta el menor detalle de sus contratos... desde los actos promocionales de asistencia obligada -los detesta- hasta el merchandising... pero Valentino es una “rara avis” en esto. El 95% de ellos lo único que quiere saber es si tendrá una moto buena la siguiente temporada y cuanto dinerito va a ganar... así que ya le está bien quedarse al margen del coñazo de la letra pequeña.

Después hay que entender otra cosa; que los grandes equipos se marcan continuamente entre ellos. Que nada le gusta más a Yamaha que “picarle” un piloto a Honda y que hay pocas cosas que puedan darle más placer a Honda que meterle el dedo en el ojo a Yamaha con alguno de sus muchachos.
Y ellos, los pilotos, lo saben perfectamente y se dejan querer... incluso cuando no tengan la menor intención de cambiar de marca. Ocurre como cuando el Madrid se mete en medio de un fichaje del Barça sólo para subir el precio o el Barça intenta fichar a un jugador que quiere el Madrid únicamente para que no lo tenga su eterno rival y aunque no le interese lo más mínimo y tenga ya pensado cederlo al Alavés.
Porque, curiosamente, en el hipermercantilizado paddock del Mundial -un lugar en el que las lealtades se miden en dinero- sienta muy mal que los cambios de equipo que no se hagan como hay que hacerlas.
En resumen, que -al final- casi todo acaba dependiendo de que una pieza se mueva y se produzca el consabido efecto dominó. La próxima temporada, por ejemplo, todos dábamos por hecho que Pedrosa abandonaría Honda -estaba “casi hecho” con Suzuki... salvo algún pequeño detalle... sí, otra vez el salario...- y Rossi se marcharía a Superbikes, lo cual provocaría un terremoto de escala considerable en el paddock.
Pues bien en el 2015, al menos, no va a ocurrir ni una cosa ni otra.
Dani y Jorge han decidido quedarse donde están y el castillo de naipes ha caído. 
Este panorama nos deja únicamente dos escuadras oficiales por cubrir: Ducati -Cratchlow ya ha anunciado oficialmente que no va a seguir- y Suzuki, que parece haberle hecho ofertas a todos los pilotos competitivos del seis para adelante.
Claro que si la Ducati 2015 de Gigi Dall'Igna resulta ser el tiro que todos dicen que será... Lorenzo tiene en su recién renovado contrato una “clausula Ducati” que permite liberarlo para ir a la escudería italiana y Dani...
¡¡¡Buuuuf!!! Mejor lo dejo aquí... que después pasa lo que pasa...

 

Comentarios (1)

  • ikarus
    ikarus 10-08-2014

    La lealtad de un piloto a una marca es directamente proporcional a la capacidad de obtener una ventaja técnica (mejor moto o, al menos, más competitiva) y a la cantidad de pasta que vayan a recibir... y no siempre por ese orden. No hay pilotos Honda, pilotos Yamaha o pilotos Ducati; los pilotos sólo son fieles a sus intereses, y, hasta cierto punto, es lógico.

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