GENIOS CON CHISPA

Publicado el 06/10/2014


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Todos los campeones dejan su firma en la historia del motociclismo, pero sólo unos cuantos elegidos son capaces de cautivar a la afición y convertirse en auténticos ídolos de masas y por ende, en iconos del motociclismo. Desde Barry Sheene hasta Marc Márquez, pasando por Valentino Rossi; los tres han conseguido en diferentes épocas posicionarse como los referentes a nivel mundial no sólo por sus éxitos, sino también por un carisma embaucador propio de tres genios con chispa.

Barry Sheene: El primer ídolo de masas

Un cigarro en la parrilla, una caricatura del Pato Donald en el casco, un 7 en el carenado y una sonrisa en el rostro; cuatro distintivos que dibujaban a la perfección la figura de Barry Sheene, un piloto que marcó una época. El británico se convirtió en el primer ídolo de masas de la historia, no sólo por sus logros -fue bicampeón de la categoría reina-, sino sobre todo por su capacidad de atraer al público.

Barry era distinto a los demás. Su personalidad le llevó a los altares del motociclismo pese a que su palmarés distaba mucho del de pilotos de su época como Giacomo Agostini -a quien batió en sus dos títulos de 500cc- y Ángel Nieto -con quien peleó, sin éxito, en la categoría de 125cc-. Fue el primer piloto que le sacó partido a su imagen; no cambió su número 7 ni con la corona de la categoría reina en sus manos, algo impensable en su época. Su símbolo de la uve al lograr una victoria se convirtió en un signo distintivo entre los moteros, que encontraban en Sheene un modelo a seguir.

Un grave accidente añadió un capítulo de heroicidad a su carrera deportiva. Fue en Daytona, en 1975. Las secuelas de aquella caída fueron múltiples: varias costillas rotas, una clavícula y un brazo fracturados, lesiones que no hicieron más que espolear al británico, cuya vertiginosa recuperación se plasmó al año siguiente con el primero de sus dos títulos mundiales consecutivos en la categoría reina.

Había nacido un icono del motociclismo. Sheene no causó ni la más mínima hostilidad ni siquiera entre sus máximos rivales y su actitud le convirtió en una auténtica revolución. Cerró su carrera deportiva en 1984, después de que otro grave accidente dos años antes acabase de destrozar sus ya maltrechas piernas. 23 victorias, 52 podios y los ya mencionados dos campeonatos logrados en 500cc adornaron su palmarés. Su filosofía le llevaba a vivir su vida al límite y a disfrutar al máximo de ella. Falleció a los 52 años debido a un cáncer de estómago, pero dejó un legado eterno.

A día de hoy ningún piloto británico ha vuelto a ser Campeón del Mundo de la categoría reina. Y quizá también, a día de hoy, no ha habido ningún piloto capaz de levantar tantas pasiones como lo hacía Barry. Pero en un pueblo italiano llamado Tavullia, mientras la época de Sheene estaba en su mayor auge, daba sus primeros pasos un futuro genio: Valentino Rossi.

Valentino Rossi: Icono mundial

Valentino Rossi cautivó a los aficionados al motociclismo desde su llegada al Mundial. Además de un talento natural para ir en moto, el italiano poseía desde sus inicios un carisma que casi dos décadas después desprende la misma fuerza y mueve oleadas de afición, tanto que su VR46 es una marca registrada y rentable.

Mientras todos los focos del motociclismo italiano apuntaban a su compatriota Max Biaggi cuando él desembarcó en el campeonato, Valentino Rossi no tardó en revertir la situación para convertirse no sólo en la referencia de su país, sino también del motociclismo mundial. En 2001, sólo cinco años después de llegar al Mundial, Valentino ya había cerrado el círculo mágico al cosechar el título en las tres categorías. En las temporadas sucesivas, cuando la ‘Rossimanía’ ya era universal, se encargó de encadenar campeonatos para hacer aún más grande su legado y permanecer en el Olimpo del motociclismo, al que se volvió a aferrar en sus títulos de 2008 y 2009.

Su inseparable 46 amarillo y su carisma, a la vez que se erigían en sus señas de identidad, le hicieron ganarse el cariño de la afición convirtiéndose sin lugar a dudas en el sucesor de Sheene como gran icono del motociclismo. Valentino, al igual que ocurría con Barry, tiene algo especial para encandilar al público. La unión entre los dos astros se hizo patente en el GP de Australia de 2003 cuando Rossi, tras conseguir posiblemente una de sus mejores victorias, paseó la bandera con el número 7 en honor a Barry en el país en el que el británico pasó sus últimos años de vida y en el que había fallecido meses antes.

Una personalidad única conjugada con un talento descomunal. La llama de Valentino Rossi se apaga poco a poco en el mundo del motociclismo, pero sólo él será quien marque el momento en el que dejará de prender. Ama el deporte que le ha convertido en leyenda y aún siente la ilusión por ganar, pese a que ya ha conseguido todo y en los últimos años ha perdido esa chispa de ganador que siempre le ha caracterizado. Pero sigue siendo el ídolo de masas por excelencia. Para muchos, el más grande de todos los tiempos; para todos, un genio que ha marcado un antes y un después. Todavía sigue mostrando dosis de talento y hasta que se sienta competitivo permanecerá encima de una moto con el número 46 en el frontal del carenado. Y que sea por mucho tiempo.

Marc Márquez: Presente y futuro

GP de Catalunya. Año 2008. En el paddock del circuito de Montmeló un chico menudo de poco más de 1’40 se acerca al hospitality de Yamaha para hacer entrega de un Scalextric a su ídolo: Valentino Rossi. Bajo ese marco se produjo el primer encuentro entre el italiano y Marc Márquez, entre el maestro y el aprendiz. Seis años después, casi nadie podría imaginar que el joven de Cervera lograse todo lo que ya ha conseguido.

Un breve lapso de tiempo le ha bastado para convertirse en el relevo natural de Valentino Rossi como nuevo icono del motociclismo. Carisma, una sonrisa casi permanente en su rostro, genialidad y sobre todo un talento innato, son los ingredientes que han consolidado a Marc como el nuevo ídolo de masas del motociclismo. Posee el mismo carácter embaucador de Sheene y Rossi, además de una increíble capacidad de romper récords, por lo que parece que Marc va todavía un paso más allá que sus antecesores. 

Con tan sólo 21 años ya tiene un hueco en la leyenda del motociclismo por haber conseguido hitos que serán muy difíciles de repetir. La admiración que despierta Márquez se ha extendido a la misma velocidad que su palmarés, que ya cuenta con el título mundial de las tres categorías, tardando las mismas temporadas que Rossi en cosechar el triplete de campeonatos, pero con dos años menos de edad.

Muchas voces situaron desde sus inicios a Marc como el futuro Rossi, algo que el propio Valentino se encargó de reafirmar tras sufrir en sus carnes el mismo adelantamiento que él había hecho en el Sacacorchos de Laguna Seca a Casey Stoner cinco años atrás: “Marc es como yo, pero en versión actualizada”. Los elogios entre ambos no cesan desde que en 2013 se encontraron por primera vez en pista, en la que también han mantenido duelos vibrantes como los de Laguna Seca y Qatar en 2013 y 2014. Duelos que acabaron siempre con muy buen talante entre ambos en el parque cerrado y el podio.

Al igual que Sheene y Rossi, más si cabe en una época en la que el merchandising es una parte fundamental, Márquez conserva su número 93 pese a haberse ganado por derecho propio lucir el número 1 en su carenado. El piloto español levanta pasiones y parece estar sobradamente preparado para recoger el testigo de Valentino Rossi como icono de este deporte. El futuro del motociclismo está en sus manos. 

Fotos de 'GENIOS CON CHISPA'

 

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