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Historia de Bultaco: siempre en cabezaUn repaso a la historia, la leyenda y los hitos de la mítica marca española


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A la espera de comprobar si las nuevas Rapitán están a la altura con sus innovadoras mecánicas, vamos a hacer un repaso a la historia, la leyenda y los hitos de una de las firmas nacionales que nos consolidaron como una potencia mundial de la motocicleta, Bultaco.

Bultaco es una de las marcas de motos españolas que han logrado mayor notoriedad internacional, y a pesar de hacer ya más de 30 años desde que se vendieran las últimas máquinas producidas por la familia Bultó, su nombre sigue evocando prestaciones y diversión al manillar. Es por eso que el anuncio de su regreso al mercado ha generado tanta ilusión como expectativas, y es que las máquinas de carretera y campo que han llevado el dedo rampante en su depósito se ganaron a lo largo de su historia el aplauso de los aficionados. A la espera de comprobar si las nuevas Rapitán están a la altura con sus innovadoras mecánicas, vamos a hacer un repaso a la historia, la leyenda y los hitos de una de las firmas nacionales que nos consolidaron como una potencia mundial de la motocicleta.

Los inicios: don Paco Bultó y su pasión por las carreras

El origen del nacimiento de Bultaco se encuentra en otra gran marca de todos conocida: Montesa. Los dos fundadores de esta, Pedro Permanyer y Francisco Bultó, no estaban de acuerdo en el papel que debía desempeñar la competición en el desarrollo de sus motos cuando se vieron en la necesidad de reducir costes. Fruto de este desencuentro, don Paco Bultó decidió poner en marcha su propio proyecto empresarial, una nueva marca de motos en la que el desarrollo de los productos a partir de la experiencia en competición sería la base de la tecnología empleada. De hecho a Paco Bultó se le atribuye la frase “el mercado sigue a la bandera de cuadros”.

Así nació la empresa CEMOTO (Compañía Española de Motores, S.A.) y la denominación comercial Bultaco, nombre que se atribuye a la unión del apellido y el nombre de su fundador, “Bult” de Bultó y “aco” de Paco. El emblema de la marca desde el principio reflejaba el espíritu deportivo del que hicieron gala sus productos: la mano enguantada con el dedo hacia arriba, signo que hacían los pilotos al pasar por boxes en carrera para indicar que todo iba bien.

Los primeros tiempos

El 17 de mayo de 1958 nació en Barcelona esta marca, cuyo primer modelo comenzaría a venderse al público al año siguiente, en 1959. Se trataba de la Tralla 101, una ligera dos tiempos monocilíndrica con un propulsor de 125 cc avanzado para la época y que dejaba viejo de un plumazo al motor de la Montesa Brío 110. Su llegada al limitado mercado nacional marcó un hito porque se posicionaba un escalón por encima de sus rivales (la comentada Montesa Brío y la OSSA 125) en cuanto a calidad de acabados, elegancia y prestaciones.

Este posicionamiento, siempre en la franja alta tanto de calidad y prestaciones como de precio, caracterizó durante toda su singladura comercial a Bultaco. Por eso sus motos estaban creadas para hacer soñar a los aficionados y se convertían instantáneamente en el deseo al que casi todos aspiraban. El secreto de su éxito era ofrecer algo mejor que la competencia directa por algo más de dinero, pero sin posicionarse demasiado arriba para seguir estando al alcance de la mayoría a cambio de un esfuerzo económico extra.

Bultaco creyó desde el principio en la moto de campo como un gran mercado potencial y por eso ya en 1960 produjo la Sherpa N, una moto derivada muy directamente de la Tralla pero dotada de los elementos necesarios para rodar por pistas no asfaltadas. Anticipándose a Montesa y OSSA en este segmento, que tantas satisfacciones daría a la terna nacional de grandes marcas en todo el mundo, comenzó a fraguarse la trayectoria de Bultaco, que se ganó gracias a su visión de futuro una fama que perdura todavía hoy como fabricante de motos off-road sofisticadas, ligeras y eficaces en mercados tan exigentes como el norteamericano, cuya fiel clientela permitió sobrevivir a la marca en los momentos en que la demanda interna comenzó a decaer.

Pero no adelantemos acontecimientos. Estamos a principios de los años 60 y, aunque el poder adquisitivo de la sociedad española crecía y crecía tras la larga y dolorosa Posguerra Civil, todavía no se había generalizado el “boom” del automóvil. Acababa de hacer el SEAT 600 pero todavía era un artículo de lujo, como el resto de utilitarios extranjeros (Renault 4/4, Citroën 2CV, etcétera) que comenzaron a fabricarse en nuestro país a la vista del crecimiento económico y el despertar de un gran mercado potencial. Las posibilidades de la mayoría llegaban hasta una sencilla motocicleta y en este entorno la industria nacional de las dos ruedas iba viento en popa. 

Las Bultaco de carretera

Las Tralla ganaron fama deportiva rápidamente, pero tenía un punto flaco: su fiabilidad en carretera. Los pequeños motores de 125 iban muy forzados y se dejaban querer funcionando altos de vueltas, lo que hacía que con frecuencia sufrieran más que los motores de la competencia. Por eso Bultaco incrementó su cilindrada hasta 155 cc en 1961 mejorando la respuesta a medio régimen, pensando en el uso que realmente le daban sus usuarios; más cotidiano que recreativo, evidentemente.

Pero como la filosofía deportiva estaba en los genes de la marca ya estaba lista una nueva evolución para quienes tenían ganas de más: la Metralla. Expertos en los juegos de palabras desde el principio, la Metralla era más que una Tralla. La primera versión de 1962 tenía 200 cc y la saga perduró hasta la desaparición de la marca como el modelo más deportivo de Bultaco para carretera, por encima de las más utilitarias Mercurio y las destinadas a los aficionados principiantes, primero Junior y después la excitante y potente Streaker en 75 y 125 cc.

Las Bultaco de campo

En motos de campo la oferta se diversificó adaptándose a las tres disciplinas que se han consolidado hasta nuestros días –cross, enduro y trial- así como teniendo en cuenta los usos a los que sus propietarios podían destinarlas, creando modelos más competitivos o tranquilos en su gama, pero siempre destacando por su calidad de terminación y elegancia.

Las Pursang eran las motos destinadas al motocross, las Frontera se convirtieron en sinónimo de grandes endureras y la denominación Sherpa se reservó a las ligeras motos de trial. Pero como decimos, además de los modelos más especializados orientados a la competición, fuera de carretera también se potenció la moto recreativa más “relajada”, con las Alpina, derivadas de las Sherpa con asiento para dos ocupantes y las Lobito, destinadas al público más joven y en cilindradas de 75 y 125 cc.

Expansión internacional

Si durante los años 60 el éxito de la moto nacional en general y de Bultaco en particular se debió a su respuesta a las necesidades del mercado doméstico, en los años 70 la marca del dedo rampante supo responder a la caída de matriculaciones de motos en España con una decidida vocación exportadora, teniendo como principal mercado Estados Unidos. Para este país se creó una gama completa de motos específicas que en la mayoría de los casos no estuvieron a la venta en nuestro país. El monocilíndrico de dos tiempos, que mantuvo prácticamente invariada la base de desarrollo durante toda la historia de la marca, recibió constantes aumentos de cilindrada para responder a un público que demandaba más y más potencia, dando lugar a denominaciones míticas como las Matador, El Bandido, El Montadero o las rarísimas Astro de dirt-track.

Bultaco y la competición

Como hemos dicho, desde su nacimiento Bultaco fue una marca ligada a la competición. De hecho, para la Tralla 101 se comercializaba un kit deportivo que incrementaba las prestaciones de la moto de serie y en 1960, apenas un año después de su lanzamiento, llegó la primera moto de competición “carreras-cliente” de la marca, la mítica TSS (Tralla Super Sport). El modelo TSS fue evolucionando año tras año convirtiéndose en una de las motos preferidas por los pilotos privados a nivel internacional. El equipo oficial de fábrica contaba en sus filas con el piloto español de mayor proyección internacional del momento, Ramón Torras, cuya trayectoria se vio truncada trágicamente en 1965, con sólo 22 años de edad, al impactar contra un árbol durante una carrera en el circuito urbano de Comarruga (Tarragona).

En las disciplinas de campo los primeros modelos de la marca en destacar fueron las Sherpa en la disciplina de trial. Hasta la irrupción de las ligeras máquinas españolas esta competición se realizaba con motos inglesas bastante más pesadas y rudimentarias, pero Bultaco fichó al piloto Sammy Miller, que se encargó de poner a punto la revolucionaria Sherpa con la que conseguiría grandes éxitos, entre ellos vencer los Seis Días de Escocia de Trial por primera vez con una moto no inglesa. Martin Lampkin, Malcolm Rathmell, Yrjo Vesterinen y Bernie Schreiber lograron mantener la hegemonía de las Bultaco en el trial durante toda la década de los 70. También comenzaron a surgir excelentes pilotos nacionales, entre ellos unos cuantos miembros de la familia Bultó a los que don Paco había inculcado su pasión por el motociclismo como su hijo Ignacio Bultó, cuatro veces campeón de España de trial, o Manuel Soler, sobrino del fundador y que además de ser campeón de España entre 1974 y 1977 fue el primer piloto español en vencer una prueba del Mundial de Trial en 1979 (Finlandia).

También en motocross los éxitos deportivos jalonaron la historia de las poderosas Pursang (derivado de Pura Sangre, una vez más un atractivo juego de palabras), que dominaron el Campeonato de España en los años 70 de la mano de Toni Elías (padre) y lograron repercusión internacional gracias al norteamericano Jim “Bimbo” Pomeroy y el belga Harry Everts. Por su parte, las Frontera tuvieron también un importante papel en las pruebas internacionales de todo-terreno y enduro de los 70. Narcis Casas logró con ella siete Campeonatos de España.

En paralelo Bultaco fichó a Ángel Nieto para correr el Campeonato del Mundo de Velocidad de 1976 en la cilindrada de 50 cc. montando una estructura sufragada en parte por la Federación Española de Motociclismo, lo que permitió fichar al “mago” del motor de 2 tiempos, el holandés Jan Thiel. Juntos logran dos campeonatos del mundo (1976 y 77) y otros dos con un joven Ricardo Tormo (78 y 81). 

El declive definitivo

Con un mercado nacional cada vez menos proclive a las monocilíndricas de carretera, por la apertura de las importaciones y la consecuente llegada de las motos japonesas de alta cilindrada, y un mercado exterior en el que esas mismas marcas niponas comenzaron a evolucionar sus modelos off-road suponiendo una competencia cada vez más fuerte para nuestras marcas, Bultaco debía afrontar el futuro –los años 80- con importantes inversiones para actualizar su tecnología, pero no disponía de suficientes recursos para hacerlas frente.

La gama de modelos languidecía, con algunos proyectos interesantes listos para pasar a producción pero sin medios para afrontar su industrialización, como el motor refrigerado por agua que debía impulsar las nuevas generaciones de Pursang y Streaker, de las que se llegaron a exponer prototipos, o la 350 Montjuic, una preciosa moto derivada de las máquinas de la marca que compitieron en el circuito urbano barcelonés.

Así, en abril de 1980 Bultaco presentó suspensión de pagos y sus gestores idearon un plan para sostener la empresa que pasaba por reducir la plantilla de 500 trabajadores a menos de la mitad, algo que no fue aceptado por los sindicatos. El Ministerio de Industria tomó parte en el asunto y obligó a Montesa a hacerse cargo de la plantilla de su acérrimo rival, algo que la marca de los Permanyer y Milá no tuvo más remedio que aceptar a regañadientes. Lo que vino después fue la liquidación del stock de motos producidas, recambio y maquinaria. 

Con la fabricación ya cesada y Montesa en manos de Honda, los Bultó solicitaron a los gestores de la nueva compañía, titular de la marca que había fundado, que le devolvieran los derechos industriales sobre el nombre Bultaco. Y en un gran gesto que habla por sí sólo se lo concedieron sin pedir nada a cambio. Hasta aquí llegó la “mítica” Bultaco aunque bastante después, en 1999 y de la mano de Derbi, se intentó revitalizar la marca con el lanzamiento de unas nuevas Lobito a modo de gama alta de los modelos off-road de baja cilindrada de la marca de Mollet a los que no acompañó la suerte deseada.

Ahora, justo 56 años después de su creación, la marca Butaco vuelve a la vida de la mano de un grupo de emprendedores de la motocicleta. Esperamos que esta vez sea la definitiva y disfrutemos del carácter de las motos del dedo rampante durante muchos años más.

Fotos de 'Historia de Bultaco: siempre en cabeza'

 

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