Prueba Harley-Davidson gama Softail 2018: ¡Catarsis cruiser!


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Considerado el mayor proyecto de desarrollo desde su fundación, la familia Softail sufre una catártica transformación que libera su aspiración cruiser.

Estamos a las puertas de la que promete ser la década más revolucionaria en la historia de Harley-Davidson. La casa de Milwaukee parece tener una mirada distinta, con ambiciosos objetivos en el horizonte de los próximos 10 años, en los que promete lanzar 100 modelos totalmente nuevos, sumar 2 millones de personas a su comunidad internacional de harlistas e incrementar un 50% su volumen de ventas a nivel mundial.

Un optimismo comercial -quizás algo pretencioso, podrían pensar muchos- que se sustenta en un proyecto de desarrollo que sus propios responsables definen como “el mayor de su historia”. Su plan de expansión no pasa, sin embargo, por remover sus fundamentos de marca basados por un siglo en la supremacía de las sensaciones sobre las prestaciones, en la conservación de una genética mecánica y ciclística que tan sólo ha ido cediendo a la legislación, y en unas propuestas que enaltecen más que en ninguna otra compañía el calificativo de legendarias. 

Ahora, con 115 años recién cumplidos a sus espaldas, este longevo fabricante orgulloso de su pasado ha decidido comenzar a mirar de reojo también al futuro, y se ha marcado un rumbo cuyo primer episodio podríamos fechar en 2016 con la presentación de su revolucionario motor Milwaukee-Eight, el último gran Twin estrenado en la gama Touring que supuso un importante salto tecnológico.

El segundo capítulo se anunciaba a mediados del pasado mes de agosto, cuando se hacía público el lanzamiento de una nueva familia Softail que poco -más bien nada- tiene que ver con la anterior, pues sufre una radical renovación que afecta a sus órganos vitales, es decir, chasis, motor y diseño. Durante muchos años, las novedades presentadas por H-D se centraban fundamentalmente en cuestiones cosméticas y comenzaron a ganarse el 'sanbenito' de superficiales. En esta ocasión, a pesar de que el aspecto exterior en algunos modelos es continuista a voluntad de mantener la esencia de unas motocicletas que se venden en base a su clasicismo, la renovación de las “cola suave” es real, profunda y auténtica, y supone un avance total a nivel dinámico como pudimos comprobar hace unos días en la presentación internacional que 'The Company' celebró a las afueras de Barcelona. 

SON TODAS LAS QUE ESTÁN, NO ESTÁN TODAS LAS QUE SON...

La línea Softail -históricamente caracterizada por su chasis de apariencia rígida y amortiguadores traseros escondidos- se compone a partir de ahora de ocho nuevos modelos de viejos nombres: Low Rider, Street Bob, Softail Slim, Deluxe, Breakout, Fat Bob, Fat Boy y Heritage Classic (podéis encontrar información detallada de cada una en el siguiente enlace). Como gran novedad, todas equipan el citado Big-Twin de nueva generación de 107 pulgadas cúbicas (1.745 cc), y sólo las cuatro últimas disponen además de la posibilidad de equiparlas con la versión de 114 ci (1.868 cc).

En comparación con su antecesor, el Twin Cam, este propulsor mejora meridianamente su rendimiento y eficacia, su suavidad y potencia, con innovaciones que partiendo prácticamente de una hoja en blanco conservan poco más que la configuración V a 45º y el funcionamiento termodinámico: ocho válvulas por culata (antes cuatro) con doble bujía, un sólo árbol de levas en medio de la V (antes dos), un sólo eje de balance (antes dos), un cuerpo de admisión y filtro de aire mayor y, en definitiva, un organismo interno más liviano y con menores resistencias, para resultar una mecánica que incrementa considerablemente sus prestaciones y reduce sus vibraciones y consumos. 

El más gordo de 114, que hasta ahora sólo movía las CVO Limited y CVO Street Glide, se instalará ahora de manera opcional en cuatro de las Softail, incrementando su cubicaje para impulsarlas con mayor poderío y finura. Aunque aparentemente no hay mayores cambios que la cilindrada (crece en 123 cc), en la práctica este motor ejerce mucha más aceleración (la marca habla de un +9%, con un par motor que pasa de 145 a 155 Nm), una mayor suavidad en las recuperaciones y una estirada final más contundente. En cualquier caso, son los propulsores más potentes jamás ofrecidos en unas cruiser de Milwaukee. 

NUEVO CHASIS: MÁS LIGERO, RÍGIDO, SENCILLO...

El segundo pilar sobre el que sustenta la revolución Softail 2018 recae sobre el chasis. Ben Wright, Chief Engineer de H-D, nos explicaba durante la conferencia de prensa que decidieron rediseñar por completo el esqueleto de las Softail para “enjaular” en mejor grado las mayores prestaciones de los nuevos propulsores creando un nuevo chasis de acero que, manteniendo el aspecto rígido clásico, fuera aún más robusto, ligero y menos complejo (emplea la mitad de piezas).

Wright hablaba de un chasis un 65% más rígido y hasta un 20% más liviano que la anterior generación Softail. Éste se asocia además con un nuevo basculante (que se desdobla en dos versiones para neumáticos anchos o estrechos) y nuevas suspensiones.

La horquilla delantera de doble válvula la hereda de las Touring 2017, mientras el monoamortiguador trasero oculto bajo el asiento y artífice de ese look hardtail (no hay pareja de amortiguadores a la vista) renueva su geometría y facilita la regulación de la precarga, a la que se puede acceder mediante una herramienta de ajuste bajo el asiento (en Softail Slim, Low Rider y Street Bob), con un mando externo (Fat Bob, Fat Boy y Breakout) o con un mando de ajuste bajo el asiento (Deluxe y Heritage Classic). Finalmente en la parte ciclo, los neumáticos son específicos para algunos modelos, con nuevos diseños y compuestos que se adapten a las renovadas necesidades prestacionales de las Softail. 

DISEÑO REFRESCADO

Del estilo y la tecnología también se han encargado en Milwaukee para envolver a esta nueva generación de Softail con una apariencia más actual y apropiada, bajo ese inevitable enfoque clásico, a las nuevas tendencias. La iluminación en todos los modelos está provista de tecnología led, generando una “mirada” más moderna y efectiva, mientras los cuadros de instrumentos han sido digitalizados en su mayoría. Vemos además un restyling de los depósitos de combustible, que estrenan gráficas, así como en las formas de diversos componentes (el más evidente se encuentra en el faro delantero de la Fat Bob, que abandona la redondez y abraza un estilo más futurista), lo que permite generar unas estéticas que fusionan mucho más lo conservador con lo innovador acercándose ligeramente a los gustos que predominan en la actualidad.

También se incorpora, en esta sentido modernizador, el encendido sin llave (la podemos mantener en el bolsillo para arrancar la moto) y un sistema de seguridad de serie, así como una toma de corriente USB montada en la columna de dirección. Por último, el sistema eléctrico de carga también ha sido puesto al día y ahora permite el doble de capacidad al ralentí. 

LA TETRA-PRUEBA

Se acabó la teoría. El turno de la práctica, tras las charlas de los responsables de la marca, nos llegaba un frío y soleado sábado 16 de septiembre por la mañana, en una zona montañosa cercana a Barcelona y rodeada de asfaltos revirados, en ningún caso el hábitat natural al que se dirigen generalmente las Harley, pero que nos permitiría encontrar el feeling mejorado en la dinámica y confort de estas cruiser americanas. Y es que las Softail, por concepto y prestaciones, estarían más cerca que ninguna otra familia de H-D al 'European Style', y permiten en mayor o menor grado -dependiendo del modelo- disfrutar en plenitud de una carretera de curvas.

De los ocho modelos que completan la nueva gama, sólo cuatro estaban presentes en la presentación a la que fuimos convocados: eran los Fat Bob 114, Street Bob 107, Breakout 114 y Heritage 114, cuatro estilos completamente diferenciados que generan cuatro personalidades distintas de afrontar el viaje; un cuarteto variopinto que, sin embargo, comparten esas novedosas interferencias en la parte ciclo y mecánica capaces de convertirlas en máquinas de dinamismo potenciado. 

En común se percibe una clara mejoría del comportamiento de la suspensión trasera, más aplomada y capaz de acompañar las aceleraciones y pasos por curva con más efectividad. Se nota que el trabajo del nuevo mono “escondido” genera un mayor control sobre los movimientos del tren posterior para que la calidad del pilotaje, en términos generales, sea mejor y la experiencia a bordo más transparente. En eso influye en gran medida también la rebaja en la báscula, de hasta 17 kilos en algunos modelos, que implica que la conducción de estas motocicletas resulte más ágil y de dócil gobierno. Siguen siendo motos contundentes vertebradas entorno a un enorme propulsor, pero en relación a sus antecesoras, el adelgazamiento (de 7,7 kg en la Street Bob, de 15,8 kg en la Breakout, de 15 kg en la Fat Bob y de 14,5 kg en la Heritage) supone un gran paso adelante en términos de manejabilidad.

Cada una de ellas genera unas geometrías particulares -cambian avances y lanzamientos, batallas, neumáticos...- que a la postre marcan su estilo de conducción (y que explicaremos a continuación), pero el resumen que nos aportan estas novedades desarrolladas en el chasis y motor es que todas ellas transmiten un mayor vigor en las aceleraciones que nacen del nuevo y poderoso Milwaukee-Eight (la relación peso/potencia ha sido enormemente mejorada), un mayor aplomo general que nace de ese fortalecido y aligerado bastidor, y un paso por curva algo más preciso gracias al mayor rendimiento y respuesta de amortiguación de las suspensiones actualizadas. El sistema de frenada “agradece” la dieta del conjunto para detenerlo con más efectividad. 

Y el estilo... Cada uno que lo juzgue por sí mismo, pero a nosotros nos ha parecido que el sutil refresh sufrido por las nuevas Softail ha sido acertado. Dicho esto, que nadie piense que el 'flow' harlista que tantos flechazos ha ocasionado por el mundo ha mermado: en las nuevas cruiser estadounidenses emerge desde el primer suspiro una experiencia del todo harlista, exclusiva y única, tanto por la calidad de los acabados y detallismo general como por cada uno de los instantes que regala el baile acompasado de los dos cilindros en V, su sonido que -a pesar de la Euro4- sigue tronando con una voz tan grave como inconfundible, y el tacto que genera subirse a una Harley-Davidson 'pata negra' en la que todo reluce de cromados o envuelve en su oscuridad.

Veamos ahora qué aporta y cómo se define la idiosincracia de cada uno de los cuatro “tenores” que pudimos probar en las carreteras catalanas:

Harley-Davidson Street Bob 2018

Sólo disponible con el motor 'pequeño' de 107, la nueva Street Bob (15.350 euros) es la entry level de la familia Softail, a más de 2.500 euros de distancia de la segunda más económica, la Low Rider. Su rasgo más identificativo es ese manillar tipo 'cuelgamonos', que se une a unas estriberas de posición intermedia que nos obliga a adoptar una posición con las rodillas muy flexionadas y los brazos estirados. El asiento monoplaza es mullido y cómodo y, ergonómicamente, tan sólo molesta en maniobras en parado la tapa de la caja de cambio por el lado izquierdo y los espejos retrovisores, demasiado cercanos a los nudillos de nuestra mano.

Emergen otros detalles como el faro redondo con Daymaker Signature led, su cuadro de instrumentos totalmente digital y ultra-minimalista montada en la torreta del manillar, sus llantas negras de radios con guardabarros recortados, y los acabados en negro mate del motor y los largos escapes paralelos al asfalto. Los colores disponibles son Blanco Vivid, Oro Olive, Rojo Iron Denim, Rojo Wicked / Cherry Twisted y Gris Industrial Denim / Negro Denim. 

A pesar de esa apariencia anti-natural, la Street Bob se conduce con gran facilidad, gracias sobre todo a su estrechez y ligereza (con 297 kg en orden de marcha, es la más liviana de las cuatro), que permite gobernarla con soltura y decisión. Respecto a la anterior versión, marca 7 kg menos en la báscula.

Además, es la que permite uno de los mayores ángulos de inclinación (su distancia libre al suelo, 125 mm, también es la mayor) por lo que en una carretera deja enlazar curvas con más libertad, evitando rascar a la mínima. Equipa una llanta de 19'' delante, por lo que los cambios de dirección y trazadas no son tan reactivas como, por ejemplo, en la Fat Bob o Heritage (que calzan 16''), pero se comporta con bastante agilidad. El Milwaukee-Eight de 1745cc ejerce mucha capacidad de tracción y permite grandes aceleraciones. Ruteando, no es tan elástico como el de 114, y obliga a jugar algo más con las marchas. Sus recuperaciones son algo más bruscas, pero es una mecánica de 'patas largas' que ejerce su poder en la zona media y sube de vueltas con progresividad. Su depósito de 13,2 litros se une a unos consumos declarados de 5,5 l/100 km para ofrecer una autonomía que supera los 200 km. 

Harley-Davidson Fat Bob 2018

La siguiente en pasar por nuestras manos fue la espectacular Fat Bob impulsada por el M-E 114, que parte de los 21.100 euros (con el 107, se queda en los 19.150 euros). Indudablemente, es una de las actualizaciones más llamativas y alejadas de su anterior generación. H-D ha dejado volar su imaginación más futurista al crear esta cruiser que se eleva como la más sport de la familia Softail.

Estéticamente, puede levantar amores y odios -dependiendo de la 'mira' purista con la que se apunte-, pero desde luego que este modelo se acerca más que ningún otro de la saga a las tendencias que mueven hoy los gustos europeos. Empezando por ese faro rasgado con led, que te mira como un Transformer cabreado, y que marca su estética de tintes oscurecidos, donde el negro se impone en gran parte de la moto. Detalles como el escape elevado 2-1-2 de alto rendimiento con un acabado custom, el porta-matrículas anclado al basculante o esos neumáticos 'donut' con mucho dibujo estilo Scrambler (16'' en ambos trenes) acaban por fortalecer esa imagen deportiva: son los más anchos de la Motor Company, con 150 mm delante y 180 mm detrás. 

A bordo, la Fat Bob nos hace entender enseguida que, más que ninguna otra Harley, su vocación es la de devorar curvas. El manillar ancho y plano, las estriberas elevadas y la línea plana que genera su depósito y asiento generan una posición típica de nakeds. El eventual pasajero dispone de una pequeña parcela para sentarse y estriberas plegables engomadas.

En marcha se siente ágil y reactiva, no en vano es la de menor distancia entre ejes (1615 mm) y también la que ofrece un mayor ángulo de inclinación (31º por la derecha, 32º por la izquierda), así que nos dejó divertirnos como ninguna otra en carretera de curvas. A pesar del balón delantero, se siente bastante incisiva en la trazada y liviana en cambios de dirección. Su horquilla invertida delantera de 43 mm de estilo cartucho trabaja con buen aplomo y eficacia. El doble disco de freno delantero saca músculo. Respecto al anterior modelo, se ha reducido el peso en 15 kg (ahora marca 306 kg en orden de marcha).

Con el motor 114 entre las piernas, la sensación es de disponer de una gran tracción en todo momento, con un sonido de escape muy poderoso. Es una moto que incita a subir el ritmo, apoyándonos en la gran elasticidad de un propulsor que sube de vueltas con vigor y dulzura. Las prestaciones son altas y, aunque por momentos las suspensiones parecen no estar de acuerdo con tanto despliegue, lo cierto es que la Fat Bob sube los límites de deportividad que no exhiben sus hermanas. Se puede elegir entre estos colores: Vivid Black, Black Denim, Red Iron Denim, Bonneville Salt Denim

Harley-Davidson Breakout 2018

Para muchos, la Softail más elegante, más resultona, más... Harley. Sin duda es una moto que llama la atención por su línea purista y atractiva. Estamos hablando ya de 23.310 euros o 25.250 si tu elegido ha sido el motor 114 (algo que recomendamos encarecidamente). Disponible en cuatro colores (Vivid Black, Black Tempest, Twisted Cherry, Silver Fortune) la Breakout enamora con detalles como las llantas estilo Gasser en fundición de aluminio pintadas al polvo en negro brillante, su óptica delantera Daymaker Signature led, los detalles cromados por doquier y sus escapes paralelos al suelo. La instrumentación es digital y está montada en la torreta del manillar.

Las geometrías son las más extremas, con una batalla infinita (1.695 mm), y un elevado avance de 145 mm, con un gran ángulo de dirección de 34º, es decir, una moto larguísima, con horquilla de 49 mm y con una llanta delantera de 21'', por lo que su dinámica gana en estabilidad longitudinal pero pierde claramente en giros entrada en curva, muy subviradora. Parece que le cueste caer hacia dentro, obligando a “tirarnos” de la moto o usar como nunca el contramanillar: para ello, su ancho y plano manillar ayuda a ejercer una buena fuerza de palanca, útil sobre todo para giros lentos. 

Además, el centro de gravedad está muy pegado al suelo, y sus estriberas no dejan inclinar más de 26,8º a ambos lados (la más restrictiva de la familia), por lo que olvídate de disfrutar en una carretera rizada; la Breakout es una refinada obra cuyo hábitat se enfoca sobre todo en rectilíneos, al estilo dragster, marcado además por ese ancho neumático trasero de 240. El motor se alía con esta fisonomía gracias a su poderoso par motor que empuja en medios con violencia. Al igual que en resto de Softail, hay una importante reducción de peso (17 kg) que le aporta una mayor agilidad y manejabilidad.

La postura es cómoda y el asiento -que también cuenta con zona para pasajero- de buen mullido y acogimiento; las piernas se estiran con confort sobre las estriberas; obviamente, es la que menor altura de asiento tiene (665 mm), que la convierte en una moto fácilmente gobernable en parado pues los pies se apoyan en el suelo sin ningún problema, incluso para los conductores más bajos. Cuidado con bordillos o desniveles: una distancia libre de tan sólo 115 mm (la menor de la gama) hará que rasques los bajos de la moto a la mínima. Al igual que la Street Bob, la tapa de la transmisión impacta más de lo deseado con nuestra pierna izquierda. 

Harley-Davidson Heritage Classic 2018

Para acabar una intensa jornada de pruebas con muchos km a nuestras espaldas, nada mejor que la Heritage, la más confortable de todas las probadas en Barcelona, para acabar dulcemente el día. Se trata de la Softail más cara (24.500 euros la 107, 26.400 euros la 114), un elevado precio que queda justificado en el mayor equipamiento que recibe para enfrentarse con toda la comodidad posible a los largos viajes: protectora pantalla parabrisas -a conductores altos, el casco no queda bien tapado de las turbulencias- desmontable, plataformas adelantadas para apoyar los pies, maletas laterales (rígidas, con cierre, selladas y resistentes al agua) y una mayor parcela de asiento para el pasajero que otras versiones.

Estamos por tanto ante una moto que combina los conceptos cruiser y touring, configurando una moto que, a pesar de su apariencia recargada, se comporta con bastante agilidad, como una rutera compacta que nos protege en autovías al mismo tiempo que nos permite disfrutar en carretera de curvas: quitando el hecho de que las estriberas contactan con el asfalto antes de lo deseado (27,3º, 28,5º), la Heritage es manejable y precisa en curvas, con su llanta delantera de 16 pulgadas que permite ingresarla con precisión. 

Es la única de las cuatro que ofrece el Control de Crucero de serie, tan práctico cuando circulamos mucho tiempo por autopistas. Las suspensiones respecto a sus hermanas son más altas con tal de favorecer la mayor carga de equipaje y pasajero.

El detallismo es de corte clásico, evocando aquellas Harley de mediados de siglo XX., aunque con un toque algo más moderno, con cromados por todas partes, asiento y alforjas en piel con tachuelas, un guardabarros delantero que envuelve el neumático delantero y llantas de radios. Los colores disponibles son: Vivid Black, Twisted Cherry, Silver Fortune; Olive Gold/Black Tempest, Industrial Gray Denim/Black Denim.

Fotos de 'Prueba Harley-Davidson gama Softail 2018: ¡Catarsis cruiser!'

 

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