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Publireportaje: Así se hace un casco Arai. (2ª Parte)Mitch Arai: cómo empezó todo...


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Mitch Arai -el hijo Hirotake Arai, el fundador de la empresa- dice de su padre que “no era ingeniero. Era sólo un hombre que quería crear algo nuevo. Por eso empezó a utilizar fibra de vidrio... aunque, al principio, no se parecía en nada al resultado final. Fue una idea suya, no la copió a nadie. Siempre hemos pensado, en Arai, que fuimos los primeros aunque había una empresa californiana que trabajaba ya también carcasas de fibra. Si hay diferencia temporal es mínima... y lo que es seguro -eso sí- que mi padre fue el primero en fabricar en Japón”.

 “Mi padre era un tipo muy especial, muy generoso. Cuando la empresa nació estaba sólo y después, poco a poco, fue creciendo. Como en todas las empresas ha habido dificultades y trabajadores desleales que se fueron robando tecnología y fundando otras marcas de cascos. Pero mi padre siempre decía: “No importa; ya inventare algo nuevo”.Yo me marché a estudiar a los USA y, la verdad, es que no me interesaba demasiado la fábrica. Yo quería ser piloto de motos... y, de hecho, correr fue mi ocupación principal... hasta que entendí que no era lo suficientemente bueno. A mitad de los años 70 otra empresa japonesa comenzó a darse a conocer gracias a la tecnología que nos había robado y a trabajadores que se marcharon de Arai.
Notaba como el ambiente se tensaba y cómo automáticamente empezamos a compararnos con ellos y decidí que quería hacer algo. Mi padre me dijo: ningún problema, todo tuyo.
Un día, mientras estaba conduciendo, vi a unos motociclistas. Llevaban Arai, lo noté enseguida, pero uno de ellos se giró y vi que había tapado mi marca con una pegatina de otra marca. Eso me entristeció mucho porque quería decir que no estaba orgulloso de llevar mi casco. Me di cuenta que era necesario cambiar algo. Pero no sabía el que...”

Ser el mejor

“He respetado siempre a los competidores, a algunos los conocía en persona. En aquel momento, una marca en particular dominaba tanto en las carreras como en la carretera. Y lo mismo sucedía con los pilotos de Formula 1. ¡Estaba en todas partes! Fue entonces cuando decidí que mis cascos debían ser mejores, ofrecer más protección que los demás. Pero ¿Cómo lo podría hacer? ¿Qué materiales usar? Lo primero que trabajé fue la carcasa. El siguiente paso fue inventar el poliesterol a una densidad diferenciada. El rival americano usaba dos pero su carcasa la formaban dos piezas separadas por lo que la junta no podía ofrecer una buena protección. Por eso, para nosotros, era importante realizar una pieza única porque un casco con una carcasa interna mejor ofrecería mucha protección. Fueron tiempos de mucha experimentación, de dar con el espesor adecuado. Yo probaba personalmente todo tipo de soluciones aunque los técnicos que trabajan aquí eran escépticos, Me decían... veamos que sabes hacer. ¿No estás licenciado en América?
Tres o cuatro meses después, uno de ellos se me acercó y entendió la importancia de aquello que estaba haciendo y empezó a trabajar conmigo. Y así día tras día... hasta que se nos unieron más técnicos y todos juntos conseguimos realizar una carcasa fantástica. Y así empezó”.

Un “High-Side” oportuno

“Había otro tema... y es que el mundo no nos conocía. Y pensamos en los pilotos para darnos a conocer. Tenía muchos amigos pilotos con los que había corrido y les convencí para que usaran mis cascos. De esta forma, después de un tiempo y casi sin darme cuenta, casi todos los pilotos americanos país usaban mis cascos. El paso siguiente fue el de expandirse por USA. No fue nada fácil. En Daytona presenté mi casco a los pilotos y todos lo miraban diciendo... ¡Qué bonito!... pero después, si te he visto no me acuerdo.
Al final encontramos un piloto californiano que parecía interesado, un chaval de 18 años. Empecé a hablarle de Arai, de las diferencias respecto a los otros, del esfuerzo para su realización...
No me dejó ni acabar y me dijo que, a lo mejor, se lo pondría. No lo hizo nunca.
Otra vez encontré un piloto que me dijo “No me interesa nada tu casco pero necesito dinero. Si tienes dinero me lo puedo poner”. Le contesté que no, que para mí no era buena idea.
Un día este piloto tuvo un accidente e impactó gravemente con la cabeza en el asfalto. Estuvo durante cinco meses en la cama y cuando se recuperó lo convencí para que probara Arai. Organizamos una prueba en la misma pista... y desgraciadamente volvió a sufrir una caída en la mismo curva... sólo que esta vez se levantó enseguida y apenas entro en el box exclamó -leer con acento texano- “Ey... ¿habéis visto eso? ¡No me he hecho nada! Y todo el merito lo ha tenido el casco”. De esta forma, gracias a él, todos en América comenzaron a conocer mis cascos y a darse cuanta de las diferencias".

La homologación no es suficiente

“A partir de ese momento me comprometí a fabricar solamente los cascos absolutamente más seguros del mundo. Hicimos muchísimos tests que superaban holgadamente los de homologación pero, para mí, esto no era suficiente. Yo he corrido en muchísimas carreras, sé qué es caerse y con mis productos quiero proteger al máximo al piloto, no sólo pasar una homologación. Las homologaciones son fáciles de pasar pero yo busco una verdadera protección. La caída es como un aterrizaje forzoso y la carcasa debe actuar como un deslizante. Cuando tu conduces una moto, con la velocidad de hoy en día, produces energías increíbles. ¿Puedes imaginar a 200 km/h cómo absorberlas? No puedes. Es imposible. La única forma de eliminarla es continuar deslizando, esquivando los obstáculos sin impactar o general rotaciones. La carcasa no se debe romper nunca. Jamás. Este es mi trabajo. Y estoy aquí para hacerlo”.  
 Enlace a 1ª parte publireportaje.

Fotos de 'Publireportaje: Así se hace un casco Arai. (2ª Parte)'

 

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