Harley-Davidson Sportster Forty-Eight Special (prueba): Bobber Birthday


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La seductora bobber americana se desdobla en una versión especial con estilismo setentero y manillar alto, configurada por H-D para festejar su 115 aniversario

Harley-Davidson nunca pierde la ocasión de montarse una buena fiesta de cumpleaños, y cada vez que su edad cae en un número múltiplo de cinco ya tenemos sarao, con eventos, actividades o festejos especiales que nos recuerdan su longeva trayectoria que se remonta a 1903 y, como no, con la creación de motocicletas ataviadas para la ocasión con decoraciones y acabados conmemorativos.

Siempre he estado a favor del entusiasmo por celebrar la vida, y la genética -dígase marketing- de la firma de Milwaukee es de esas que se llevan la palma. Resulta que, haciendo las cuentas, este año Harley sopla 115 velas en su tarta, un aniversario que ha querido celebrar configurando dos nuevas Sportsters: la 1200 Iron -que podéis conocer clicando en el siguiente enlace- y la Forty-Eight Special, protagonista de esta artículo. Se tratan de dos modelos más -concretamente el 10 y 11- que se suman a las nueve novedades Softail presentadas el año pasado, y que nos acercan al centenar de nuevas motocicletas que H-D prometió desvelar en un tramo de 10 años, es decir, hasta 2027.

Lo 'Special' de la nueva versión Forty-Eight se centra fundamentalmente en dos aspectos. El primero es el estético. Si eres de los que considera esta bobber un poderoso imán que atrae tu mirada como el metal puro -entonces ya somos dos-, ahora tendrás en el concesionario una segunda versión donde elegir que propone un nuevo abanico de colores y unos grafismos que, por si no te habías dado cuenta, están inspirados en el estilismo de los años 70, controvertida década en la historia de Harley -estuvo en manos de American Machine and Foundry (AMF)-, y que decoran el depósito tipo cacahuete de 7,9 litros con unas franjas horizontales que enmarcan el logo de la marca.

Dispondrás, si es que has caído rendido a sus encantos setenteros, de tres opciones de color: Vivid Black, Wicked Red, y Billiard White.

El segundo elemento que distingue esta edición conmemorativa es el manillar. Si la estándar nos apoya las manos sobre uno más plano, en la Forty-Eight Special se ha retirado para colocar en su lugar uno tipo Tallboy, de 190 mm de alto acabado en negro brillante, que modifica la ergonomía de este modelo pues nos recoloca a bordo en una posición de conducción de 'puños al viento', con la espalda más erguida, y los brazos más elevados y anchos, y las piernas adelantadas, para tomarse las cosas con otra actitud más relajada y proponer una conducción más 'peliculera' y agradable que no incisiva.

Así, con un estilo chopper parecido al de Dennis Hopper, Peter Fonda y Jack Nicholson en la icónica cinta 'Easy Rider' de 1969, disfrutamos de una agradable ruta por las idílicas costas croatas, enlazando curvas por carreteras cercanas a la localidad de Split, escenario escogido por los responsables de H-D Europa para la presentación internacional de su novedad 2018.

Reconozco que la 'Forty-Eight' siempre me ha causado un cosquilleo en el estómago desde que la vi por primera vez en 2010, año de su lanzamiento fruto de un diseño en el que H-D miró de reojo los años 40-50 para rendir homenaje a los pioneros del estilo bobber.

El '48' que le da nombre tiene una explicación: Cuando en 1945 terminó la Segunda Guerra Mundial, había en los campos de batalla de Europa miles de motos militares que Harley-Davidson había fabricado como contribución al esfuerzo bélico, como las indestructibles WLA, que se habían convertido en una herramienta indispensable para asegurar las vitales comunicaciones de los aliados en todos los frentes. Tras la contienda muchos soldados se llevaron a su fiel compañera mecánica de armas o, simplemente, se hicieron con una de las miles de unidades excedentes que Harley puso en el mercado a precio de saldo.

Lo primero que hacían los propietarios de esas motos era desmilitarizarlas quitándoles todos los accesorios bélicos y cambiando el enorme depósito US Army de gran capacidad por otro mucho más pequeño y discreto. En 1948, año en el que se montó por primera vez el tanque de combustible de 7,9 litros, los depósitos minúsculos y las motos minimalistas desprovistas de todo lo que no fuera imprescindible se habían convertido ya en una moda. Había nacido el Bobber.

Con ocho años a sus espaldas de comercialización la Forty-Eight se ha convertido en una de las Harleys más emblemáticas y, al mismo tiempo, peculiares del catálogo de Milwaukee, por su combinación de simplicidad de líneas y fuerte minimalismo de una motocicleta que no esconde nada, sino que refleja la esencia pura de un chasis de acero simple y un propulsor dulce y musculoso. Sobre la parte ciclo y mecánica de una Sportster 1200 se montó un depósito 'cacahuete', unas estriberas adelantadas y un neumáticos 'balón' de 130 mm delantero inspirado en los viejos tiempos.

En 2016 llegó la segunda generación que estrenó un remozado estilismo Dark Custom y, sobre todo, mejoras en las geometrías, suspensiones con horquillas más robustas y amortiguadores traseros regulables, y en frenos más potentes, junto a otras actualizaciones en acabados (llantas, filtros, asiento y escapes) y en equipamiento como la llave de proximidad.

En 2018 llega para la fiesta de cumpleaños esta versión Special que mantiene intacta la base aunque vuelve a recuperar, como en la primera generación, el brillo cromado de las tapas de transmisión primaria, registro y derby y unos sólidos protectores de escape y silenciador, que se combina con el negro de la parte superior del motor, el inquebrantable V-Twin Evolution 1200.

El asiento está muy cercano al suelo -de hecho, 5 mm más que en la estándar-, para facilitar tanto el acceso a la moto como la maniobrabilidad en parado. Es una moto con una cara urbana, no tanto por su dinamismo o maniobrabilidad como por su escasa autonomía, que podrá alcanzar los 100 km (esos 8 litros del depósito son como un chupito para el bicilíndrico 1200), las geometrías que facilitan la vida a bordo, las elevadas aceleraciones o por la propia capacidad de atracción que supone su estética en las calles más concurridas de la ciudad, siempre y cuando estemos dispuestos a soportar las altas temperaturas que suben de la mecánica a bajas velocidades o parados en los semáforos, el reducido radio de giro o incluso la lentitud de movimientos del 'donut' delantero.

Precisamente esa masiva goma delantera (una Michelin Scorcher 31) es la que se encarga de marcar en mayor medida la personalidad dinámica de la americana. Con tanta zona de contacto sobre el asfalto, la agilidad no es una de sus principales virtudes ni tiene una tendencia natural a la inclinación, así que hay que gobernarla con ímpetu. En carretera, el comportamiento de la moto está sin duda mediatizado por el neumático, pero cuando entendemos que lo que necesita es simplemente marcar una trayectoria abierta y sin súbitos cambios de dirección, el dinamismo de esta harley se convierte en placentero: se percibe un gran efecto amortiguador que la goma ejerce sobre la horquilla, suavizando así las reacciones de la parte delantera, siendo la suspensión trasera, algo seca, la que recibe de rebote esa mayor traslación de irregularidades en el asfalto.

En general, el tarado de las suspensiones prima el confort a la deportividad. El marmóreo tren delantero con esas barras de 49 mm de diámetro ancladas a unas sólidas pletinas en aluminio forjado le donan unas 'maneras' muy aplomadas en el paso por curva, en el que, como no podía ser de otra forma, hay que estar atentos al los chivatos de las estriberas que enseguida nos marcan los límites de la inclinación, mucho antes de que pongamos en apuros a las suspensiones.

El aplomo de la moto en los virajes genera un buen dinamismo y el conductor notará una casi total ausencia de flaneos cuando circule a ritmos más vivos por carreteras de curvas. La moto se pega bastante al asfalto. La frenada es cumplidora. El tacto de la maneta no tiene demasiado mordiente pero es bastante dosificable y cumple su función.

El carácter del motor, por si alguien todavía no había escuchado hablar del bicilíndrico en V a 45 de dos válvulas por cilindro refrigerado por aire de la casa, destaca por sus impetuosas aceleraciones en bajos y medios regímenes mediante largas pistonadas, suavidad de marcha y una lineal curva de elevadísimo par (96 Nm), que desfallece pronto entorno a las 5000 rpm; provisto de la inyección secuencial ESPFI, la Forty Eight proporciona una gran capacidad de respuesta y recuperación sin importar demasiado la marcha seleccionada caracterizada por su excelente elasticidad a través de sus cinco marchas (con sonoros engranajes), la transmisión por correa y su embrague suave. Todo ello con la desacompasada y legendaria descarga de un sonido potente, ronco y clásico, y las imprescindibles vibraciones que no deja lugar a dudas de que nuestra experiencia se está completando a bordo de una verdadera Harley.

Cuenta además con sistema antibloqueo ABS de correcta actuación. Es la única concesión tecnológica de la moto junto al sistema de encendido sin llave y el sistema de alarma Harley-Davidson Smart Security System. El cuadro de instrumentos es de un único reloj con velocímetro analógico con un pequeño display digital integrado que informa de cuentakilómetros, reloj horario y marcha engranada, entre otras cosas.

Su precio, el mismo de la versión estándar, se sitúa en los 12.820 euros para la versión negra y en los 13.070 euros si escogemos los colores rojo o blanca.

HIGHLIGHTS TÉCNICOS HARLEY-DAVIDSON SPORTSTER FORTY EIGHT SPECIAL

- Precio: desde 12.820 euros

- Motor Evolution V-Twin de 1.202 cc

- Par motor 96 Nm a 3500 rpm

- Manillar tipo Tallboy, de 190 mm de alto, acabado en negro brillante

- Llantas en aleación de 9 brazos, negros

- Horquilla de 49 mm de diámetro de barras

- Depósito tipo cacahuete de 7,9 litros

- Depósito decorado con franjas multicolor

- Opciones de color: Vivid Black, Wicked Red, y Billiard White

- Sistema de alarma Smart Security System

EQUIPAMIENTO DEL PROBADOR

 

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