LML Star 200: tan igual, tan diferente...


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No es el objetivo de esta prueba repetir por enésima vez la serie de circunstancias que han hecho que LML haya puesto en la calle scooters de imagen vespista. Porque aunque es incuestionable que estéticamente una Vespa y una LML son idénticas, también lo es que mecánicamente poco tienen que ver. Quizás haya llegado el momento de valorar una LML estrictamente por su interior...

Hay que reconocerle a LML su osadía.
Osadía al atreverse a comercializar sus modelos aún sabiendo que generarán polémica.
Y osadía, sobre todo, al intentar actualizar técnica y estéticamente un esquema de scooter retro que es un referente casi universal.
Para ser sinceros hay que reconocer que no siempre se le ha reconocido este valor a la joven empresa italo-hindú y que demasiadas veces hemos insistido en sus cuitas con Piaggio olvidándonos de lo importante: lo que intentan aportar al concepto.
Con el lanzamiento de la versión 200 de la nueva Star, LML ha querido -de una vez por todas- superar el eterno debate sobre sus orígenes y referentes y demostrar que era capaz de aportar novedades técnicas y mejorar el comportamiento y prestaciones de su modelo respecto a la competencia. 

Nuevo motor, nuevo chasis...

Para ello confió no solamente un motor 4T de nuevo diseño sino en un chasis en tubo de acero.
En realidad, sin embargo, esta comentada estructura en tubo de acero que sostiene el motor y el monoamortiguador posterior no es verdaderamente un chasis completo sino un semichasis que se une, debajo de la plataforma reposa pies, con la estructura delantera tradicional.
En el encaje de ambos sistemas, los técnicos de LML han colocado un silent block que permite reducir las vibraciones al resto del scooter. Externamente este sistema pasa desapercibido porque el entramado de tubos queda escondido bajo un estuche de chapa que le da al conjunto un aspecto más retro. Y llegamos a lo que se esconde bajo este nuevo bastidor; un inédito motor monocilíndrico diseñado desde cero en la India. Y su origen puede parecer exótico pero los ingenieros indios acumulan décadas de experiencia en el desarrollo de motores scooter. Incluso KTM ha confiado en ellos a la hora de desarrollar sus modelos de pequeña cilindrada...
El caso es que se trata de un 4T refrigerado por aire y con doble versión de alimentación -bien carburación, bien inyección- y que utiliza componentes italianos de origen Ducati Energía y Magneti Marelli. Lo más innovador de este motor es que está basado en una arquitectura de cárter central, lo que ha permitido hacerlo más compacto y más estrecho con la ventaja de poder anclarlo al eje central de la LML y mejorar la distribución de pesos del conjunto respecto al modelo Star 2T o la 4T con motor tradicional.
El nuevo propulsor, además, disminuye notablemente la fricción mejorado la suavidad de marcha y los consumos, que se colocan alrededor de los 50 km por litro en la versión carburada y 60 km por litro en la inyectada.

... pero concepto retro

El mejor resumen que se puede hacer respecto a las mejoras introducidas en la gama 200 de la LML Star sería que no han cambiado el comportamiento dinámico de lo que es un scooter hipertradicional -tampoco lo pretendían. En LML son muy conscientes de que quien se compra una quiere exactamente eso: un scooter retro- pero han actualizado algunas cosillas. Por ejemplo, la referida nueva distribución de pesos mejora notablemente la estabilidad al hacer más neutras las reacciones del bastidor y hace la frenada a velocidad urbana más controlada y sólida.
Por lo que se refiere a las suspensiones, uno tiene siempre la sensación de que el nuevo motor y las nuevas prestaciones les vienen un poco grandes y que seguramente trabajarán algo mejor en las LML de menor cilindrada. Pero hemos de ser justos y reconocer también que poco más se puede hacer sin alterar el concepto retro; estamos hablando de recorridos muy cortos y ruedas muy pequeñas calzadas con una goma pensada única y exclusivamente para uso tranquilo urbano.
En lo que no falla, seguro, la LML es en agilidad y diversión. Es casi imbatible ratoneando y girando en una baldosa. El motor la ha hecho aún más alegre, son los 12 CV que declara y un par de 14,5 Nm, ya que es suave y acelera bien... dentro de un orden de un motor tranquilo, que quede claro. En realidad más que la potencia lo que lo acaba haciendo tan eficaz es su par, sus bajos, que en la práctica permiten hacerlo todo con la tercera velocidad y convertir a la Star 200 casi en una moto monomarcha.  

¿Renovarse o morir?

La LML Star 200 garantiza una economía de consumos casi sorprendente. Con el depósito lleno se puede circular muuuuuchos días. En ese sentido el nuevo monocilíndrico de 199,89 cc cumple holgadamente con lo que se espera de un scooter con vocación vintage. Además, el propulsor ha mejorado la finura y el chasis la sensación de conducción. Hasta aquí, sin duda, en LML han hecho los deberes. En cambio la suspensión delantera desmerece algo el conjunto, esencialmente porque no parece que tenga mucho sentido renovar el motor y el chasis y no hacerlo con la amortiguación anterior. El principal problema es que su comportamiento acaba afectando a la frenada a velocidad media y alta, ya que el tren delantero se siente demasiado ligero y demasiado sensible y no transmite confianza a la hora de apretar la leva del freno.
Ahí está, sin duda, la decisión que debe tomar LML de cara a la próxima generación de modelos: o actualizar frenada y amortiguación y arriesgarse a ser “demasiado modernos” o seguir fieles al concepto original pero asumiendo que éstas desmerecerán siempre las mejoras que quieran introducir.  

-Con la colaboración de Michele Nosito.-

 

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