Prueba

Peugeot Django Sport 125 - PruebaCroissant de mantequilla

Aceites castrol

Vota

0 0

Soy muy francófilo. Me gusta casi todo lo francés... sus mujeres, su cocina, su cultura... y me gusta el Peugeot Django con ese color azul Bugatti..

Pertenezco a una de las últimas generaciones que, en el colegio, estudió francés en vez de inglés. Y para ser sincero siempre me he alegrado. Tuve unos buenos profesores que me enseñaron, además de a hablar el idioma, a admirar a Francia y su legado y me hicieron deudor de unos valores republicanos que aún considero referentes del mundo civilizado.
Soy muy francófilo, para qué negarlo; de los que cree fervientemente que si no hubiéramos echado a Bonaparte nos hubiera ido bastante mejor estos últimos dos siglos y que si ahora hay un Arzak, un Adriá o unos Roca es porque antes hubo un Bocuse, un Troisgros o un Roger Bergé.
Y sí... ya se que el croissant lo inventaron, en realidad, los vieneses... pero los franceses han conseguido convertirlo en el símbolo por excelencia de un desayuno con aroma local.
Eso siempre han sabido hacerlo muy bien; coger tendencias foráneas y darles su propio toque de elegancia y glamour.
Incluso si hablamos de motor ha sido tradicionalmente así.
Las marcas francesas nunca fueron tradicionalmente las más rápidas ni las más tecnológicas pero siempre fueron las más estilosas. En 1953 -por ejemplo- cuando Peugeot presentaba su scooter S57, Citröen asombraba al mundo con un coche cuyo diseño sigue estando considerado uno de los más influyentes en la historia del automóvil: el DS Tiburón.

Ni el croissant es francés ni el azul Bugatti es de Bugatti.

De hecho ni siquiera se llama “Azul Bugatti” sino que técnicamente se lo conoce como “Azul Francia”. En las primeros años de las carreras de coches los bólidos se pintaban por nacionalidades para que los espectadores pudieran distinguirlos. Todos los coches fabricados en Francia iban pintados de “Azul Francia”, todos los coches ingleses iban de “British Racin Green”, todos los alemanes -hasta 1934- iban de blanco y todos los italianos, de “Rosso Corsa”.
Aunque con la aparición de los patrocinadores los vehículos dejaron paulatinamente de lucir colores nacionales, la tradición se fue manteniendo -de un modo u otro- en marcas como Ferrari o Jaguar.
A los españoles, por cierto, les correspondía el color naranja... lo cual a más de un lector le hará caer en la cuenta de porque los SEAT oficiales iban pintados en ese color.
Sea como sea toda esta parrafada solamente pretendía explicar que uno de los puntos estéticos que más llama la atención en esta versión de la Django es su precioso color azul Bugatti... que no es Bugatti sino Peugeot porque Bugatti nació en Alsacia cuando ésta era alemana pero pasó a ser francesa tras la primera guerra mundial -cuando Alsacia quedó incorporada a Francia- y sus coches se pintaron de azul para asimilarse a Peugeot... como el precioso Bugatti de 1925 que os mostramos.
El azul que luce el Django es, por tanto, el color oficial que han llevado tradicionalmente las marcas francesas en competición.
Vale... muy bien... ya sabemos porque esta versión es azul Bugat... perdón, azul Francia... pero ¿y ese dorsal? ¿qué significa? Pues resulta que en el Django no hay nada al azar y el cliente puede elegir entre el dorsal 1, el 18 o el 25 que son los distritos franceses en los que Peugeot tiene fábrica.

Alta bisutería

El dilema al que se ha enfrentado Peugeot ha sido evidente; poner en la calle un scooter de diseño “vintage”, con miles de posibilidades de personalización y diferente en este sentido a cualquier otra propuesta del mercado, pero manteniéndolo a un precio económico.
Y la solución ha sido la habitual: uso masivo del plástico y una motorización económica.
A ver... la estética del Django es tan, tan encantadora que uno no puede reprimir cierta decepción al ver que se sustenta sobre plástico. No se... es como descubrir que Sophie Marceau lleva relleno... por seguir con bellezas francesas... pero tampoco es justo dar a entender esto como un reproche sino como algo inevitable. ¿Le hubiera sentado de cine al Django la chapa metálica? ¡¡¡Por supuesto!!!
¿Eso hubiera permitido venderlo a 2.499 euros la versión más sencilla o a 2.799 la que nos ocupa? Rotundamente no.
Tampoco un motor algo más brioso le hubiera venido mal pero estaríamos en las mismas... en Peugeot han buscado un modelo que agrade y resulte cómodo para el tipo de usuario 100% urbanita tranquilo y de ambos sexos que va a comprar el Django.
En contrapartida, eso sí, la marca del león ofrece un nivel de acabados superior a la media y un cuidado por el detalle a la altura de la imagen del scooter. El cuadro de instrumentos y el piloto trasero, sin ir más lejos, son una delicia.

Pret a porter

Más allá de su estética -y no es una cuestión baladí, Peugeot lo ha confiado prácticamente todo a ella- el Django destaca, sobre todo, por su finura de marcha. Es un scooter que prima la suavidad por encima de cualquier otro criterio, asumiendo que quien se haga con uno lo hará pensando más en la imagen y el diseño que en las prestaciones. El motor es el archiconocido monocilíndrico refrigerado por aire de origen SYM que Peugeot ya monta en su Tweet y que es garantía de dureza y bajo consumo. No es un motor de aceleración brillante ni de punta excepcional pero no gasta nada, da la cara en todo momento en el tráfico urbano y se muestra excelente en medios.
Por otra parte es un scooter relativamente grande; que nadie espere encontrar un modelo compacto porque no es así... es largo, aunque es tan bajito y ligero que tampoco nadie debe asustarse. Nuestra unidad de pruebas montaba un asiento monoplaza que le da un aspecto aún más retro pero, por supuesto, dispone también de un biplaza en elección. Debajo del asiento, por cierto, encontraremos un más que suficiente cofre en el que cabe holgadamente un casco intergral.

Lo cierto es que, desde un un primer momento, el Sport se antoja ligero y maniobrable; cambia de dirección con sólo pensarlo y se muestra funcional y ratonero. El tacto del freno -con sistema integral SBC- es suave, suave... de hecho todo en el Django es suave, suave como una “chantilly”.
Poco amigo de las brusquedades, el Django debe conducirse siempre desde medios y huyendo de los cambios súbitos de dirección. Recuerden: es un scooter francés nacido para circular elegante por una gran avenida... y aunque acepta el ratonéo de una hora punta siempre se encuentra más cómodo con libertad de movimientos.
El catálogo scooter de Peugeot es muy amplio y en él se pueden encontrar desde supereconómicos y compactos Vivacity que no llegan a 2.000 euros a GT como el Satelis donde la alta tecnología y los acabados son de vehículo Premium, pasando por un triscooter Metrópolis y por modelos de rueda alta.

Eleccción personal

Quiero decir que hay mucho para elegir dentro de la gama del león y quien elige un Django lo hace porque quiere precisamente un Django y no otra cosa. Eso significa que le interesa, sobre todo, su preciosa estética y que acepta las limitaciones que ella conlleva... que tampoco son tantas más allá de un motor de carácter demasiado tranquilo.
Para quien se enamore de este Peugeot, lo realmente importante debe ser que el Django es personalizable casi hasta el último tornillo, que con él resulta imposible pasar desapercibido y que se muestra funcional y divertido en cuanto se aprieta el botón de arranque.
Por lo demás se trata de una opción personal que viene a completar la cada vez mayor panoplia de modelos scooter retro que hay en el mercado pese a que, paradójicamente, los vintage no parecen seguir la tendencia creciente que sí se observa en las motos. Con todo, el Django propone una puesta al día de un trozo de historia motociclista europea y el encanto francés que solamente Peugeot sabe poner en sus productos.
Peugeot, por cierto, dispone de una innovadora app -tanto disponible en IOS como en Android- que permite conocer a través de nuestro smartphone hasta el último detalle del Django y sus posibilidades de personalización.
Que sí, que vale... que puede que no lo inventaran en Francia pero cuando por la mañana nos embriaga el olor de un croissant de mantequilla recién hecho... ¿a quién le importa?

 
Da tu opinión

Comentarios (1)

  • ikarus
    ikarus 16-06-2015

    La pregunta es: ¿Qué preferimos? ¿Un scooter de diseño como el Django, basado en el plástico, desde 2.500 €, u otro como la Vespa 946, con mejores calidades (pero tampoco lleva sangre de unicornio), por cerca de 10.000 €? Yo lo tengo bastante claro.

Añadir un comentario

  • * Esta información no se mostrará

Estoy de acuerdo

Uso de cookies

En Motofan utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus gustos mediante el análisis de comportamientos de navegación. Si hace click en el botón "Estoy de Acuerdo", consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestras Condiciones Legales, sección "4.8. Cookies e IPs"