Prueba Ducati Scrambler Café Racer: ¡Qué suene la rockola!

Aceites castrol

Vota

0 0

Hace medio siglo los rockers británicos corrían de café en café, en lo que dura un single de Jukebox... domando motos que esta Scrambler CF homenajea...

¿Os habéis preguntado alguna vez con qué personaje histórico cenaríais, o qué acontecimiento histórico os gustaría revivir? Y siendo moteros, ¿a qué época viajaríais para daros una vuelta en moto? Aunque habrá disparidad de opiniones en esta cuestión -desde quienes consideran que cualquier tiempo pasado fue mejor hasta los defensores a ultranza de la tecnología actual-, muchos coincidiremos en que una de las eras más interesantes del mundo de las dos ruedas ha sido la vivida en las décadas de los 60 y 70 en tierras británicas, días de rebeldía y revolución que serán recordados, entre muchas otras cosas, por el auge de la subcultura rocker por todos conocida.

Fueron años de transformación social y de ruptura con lo establecido que han quedado representados por ese movimiento de jóvenes con tupé enfundados en cazadoras de cuero, al estilo de Marlon Brando en 'The Wild One', enemigos a muerte de los Mods, y que plasmaron la propia esencia de su estilo de vida en sus motocicletas, dando como resultado la cultura de las Café Racer (a las afueras de Londres, con el ACE Café como centro neurálgico, empezaron a organizar carreras ilegales desde un café al siguiente, carreras que -decían- duraban tanto como un single del Juke Box).

Aunque a muchos de quienes nacimos más allá de los años 80 este pasaje de la historia nos queda lejano, aquel fenómeno motorista ha seguido generando ecos con el paso del tiempo, y más últimamente, con el fuerte auge de las tendencias retro que ha invadido cada rincón de nuestra sociedad, el sector de las dos ruedas ha visto cómo aquellas monturas minimalistas y artesanas de hace más de medio siglo, aquellas Café Racer, aquella tendencia personalista y transgresora, ha regresado a nuestros días abordando, ya no sólo la mente y el trabajo de los customizadores, si no también las cadenas de montaje de los principales fabricantes. 

¡A SONAR...!

Uno de los últimos en insertar la moneda en la rockola ha sido la italiana Ducati, que ha elaborado para 2017 sobre la base de la Scrambler Icon una versión cafetera capaz de de hacernos sucumbir a sus encantos estéticos a primera vista. No se trata de una moto para nostálgicos, pues en ella no encontraremos las líneas clásicas de antaño. Se trata más bien de una interpretación de aquellas tendencias londinenses que mantiene el genoma original (semimanillares, asiento monoplaza, línea plana del depósito, y despojadas de cualquier ornamento) aunque con ciertas objeciones esclavas de la modernidad y de ese sublime modelaje fashion que siempre caracteriza las bellas criaturas de Borgo Panigale.

La nueva Café Racer amplía la numerosa familia fun-bike de Ducati uniéndose a las otras seis versiones (Classic, Full Throttle, Desert Sled, Icon, Sixty2 y Mach2.0), heredando todo el “flow” de la gama Scrambler pues comparten bastidor y mecánica, pero aportando un nuevo punto de vista estético, deportivo vintage, y unas particularidades ergonómicas que le otorgan una personalidad muy marcada y, desde luego, la convierten en una de las motos más atractivas que un amante de lo retro puede encontrar actualmente en los concesionarios.

ATRACTIVA CAFETERA

Desde hace tres años, Ducati tiene en casa un lienzo sobre el que plasmar sus inspiraciones. La creación en 2014 de la primera Scrambler fue tan sólo el primer episodio de una serie de versiones que llegarían posteriormente y en las que bastaba con cambiar colores, añadir accesorios, sustituir componentes o ajustar suspensiones, para que naciera una nueva variante enfocada a unos gustos o unos usos ligeramente diferentes.

Para 2017, los diseñadores optaron por recrear dos nuevos estilos, más especializados: por un lado la Desert Sled, una versión de aspecto endurero y ciertas capacidades off-road y, por el otro, la protagonista de este artículo, la Scrambler Café Racer, que recoge, como decíamos al principio, el aroma de aquellas destartaladas máquinas de los “Ton-Up boys”.

El viaje en el tiempo de Ducati no podía conformarse con una mera interpretación de aquellas motos de rockers. El estilístico es el ejercicio preferido y más depurado de la casa boloñesa, y así queda demostrado una vez más. Basta acercarse a esta cafetera para caer rendido.

Como un agujero negro, su estampa absorbe las miradas de quienes entran en su área de influencia. Respecto a la versión estándar, la Icon, para la Café Racer se ha optado por un esquema de colores que combina elegantemente el Black Coffee del depósito y el negro del bastidor con el dorado de las llantas y en el logo del depósito (con forma de lágrima): éste es exclusivo del modelo e incluye la mítica bandera ajedrezada, en honor a la época del ACE Café. 

El toque deportivo lo aportan unos portanúmeros laterales con el 54 de Bruno Spaggiari (un exitoso piloto italiano de los '60) y un exclusivo asiento de doble nivel que emula un monoplaza, tapizado en piel marrón con costuras a la vista, e incluye tapa de colín para la plaza del pasajero.

Aportan a la imagen sport otros detalles como la carcasa específica para el faro, el guardabarros achaparrado delantero y el soporte de matrícula bajo, heredados de la Full Throttle. El cuadro de instrumentos es común al resto de la gama, sencillo y con información (velocidad, régimen de giro, reloj horario, distancia total y parcial y temperatura ambiente) en la que echamos en falta la marcha engranada y el nivel de combustible. 

AL ATAQUE

En realidad, no hay mucho más de particular en esta Scrambler, que comparte la mayoría de elementos con sus hermanas, ofreciendo por tanto unas idénticas prestaciones mecánicas (a excepción de la Sixty2, adaptada al A2).

En lugar del manillar alto, se ha instalado unos semimanillares de aluminio con los espejos retrovisores (redondos) anclados en sus extremos, que ofrecen una correcta visibilidad. Al subirnos a bordo, enseguida percibimos una postura más al ataque que en sus hermanas, pues los semimanillares (155 mm adelantados y 175 mm rebajados) obligan a inclinarse hacia delante y cargar mayor peso sobre las muñecas.

La postura no castiga demasiado (como invita a pensar, y como suele suceder en otras rivales), y el conductor podrá circular algo erguido y sin adolecer demasiado pronto los antebrazos y manos. En cambio, las piernas adoptan una posición poco natural en relación al resto del cuerpo de cintura para arriba, muy flexionadas y adelantadas, e incluso complican el uso del pedal de un cambio, por cierto, que parece jugar al escondite con su punto neutro.

Ya nos imaginábamos que la ergonomía, en la que el piloto parece un velocista un segundo antes del pistoletazo, no iba a ser el argumento fuerte de este modelo y aquel que se hace con sus servicios ha de ser consciente de que no es una moto para largos paseos. Su vocación es la de una modelo de pasarela, trayectos cortos para la galería, sobre todo porque, además, carece de protección aerodinámica alguna. 

En cambio, la ciudad y todo su público serán el escaparate perfecto para desfilar con esta hipnótica Café Racer. Han variado las geometrías de dirección -21,8º y 93,9 mm- respecto a la básica por lo que su ángulo de dirección (22º) y su avance, han disminuido. También su distancia entre ejes (-9 mm, para un total de 1436 mm), por lo que nos encontramos seguramente ante la Scrambler más reactiva de la familia, por ser la más corta, capaz de responder con mucha agilidad y soltura en el tráfico urbano.

El asiento está algo más elevado (805 mm) pero el apoyo de los pies en el suelo sigue estando al alcance de la mayoría. Entre coches, los retrovisores molestan a veces al encontrarse en las puntas del manillar. Éste, y el invasivo calor que emerge de su motor hacia las piernas son los únicos 'peros' considerables que hemos encontrado en la utilización urbana de esta moto.

Por su estrechez y compacidad, las maniobras de todo tipo -en parado o en marcha- resultan muy fáciles, y el piloto sentirá un elevado dominio sobre la máquina a la hora de ordenarle cambios de dirección rápidos o ratoneos de hora punta. 

De toda la saga, es la única en calzar un neumáticos de 17 pulgadas en el tren delantero (los neumáticos de serie son unos efectivos Pirelli Diablo Rosso II) en lugar de las 18'' que frecuentaba la familia, ayudando a encauzar -junto con las actualizadas geometrías citadas- un comportamiento más ágil y deportivo.

La ordenanza Euro 4 se ha ganado muchos enemigos entre quienes disfrutaban de la sonoridad de los motores, y algunos más se habrá ganado con esta Café Racer que, en comparación con sus hermanas anteriores, ha suavizado sus cuerdas vocales. Aquel sonido bronco de las primera unidades deja paso a una melodía menos varonil, aunque hemos de aplaudir las estimulantes gárgaras del escape Termignoni con salidas dobles y protector de aluminio anodizado en negro (como el de la Desert Sled y Full Throttle), bien recogido en el cuerpo de la moto. 

MÁS SUAVE

El propulsor, el Desmodue de aire, permanece invariable, manteniendo las cifras de potencia (75 CV a 8.250 rpm) y par (69 Nm a 5.750 rpm) que el resto de la familia. Sin embargo, se ha aprovechado a colocar un nuevo control del acelerador y una calibración del motor de última hornada que incide de manera positiva sobre la entrega de potencia, más suave en bajos. Queda así minimizada una de las características pegas de las primeras generaciones de Scrambler, cuya respuesta al mando de gas en la primera parte del recorrido resultaba demasiado agresiva (aún recuerdo las sacudidas de la primera Icon, que convertía mis desplazamientos por ciudad en una especie de rodeo americano).

Este bicilíndrico de dos válvulas sigue poniendo todo el acento en bajos y medios regímenes, mostrando su mejor rendimiento sobre las 5.000 rpm, sacándonos con vibrantes aceleraciones y recuperando con voluntad en las bajadas de vueltas. El tacto del embrague -con antibloqueo APTC- resulta muy suave. 

La personalidad más sport de la Café Racer no sólo emerge de su guiño estético a las deportivas británicas, si no también de unas suspensiones revisadas para proponer un tacto más firme, adecuado a las aspiraciones de los usuarios que no renuncian a una divertida mañana de curvas. Esta Scrambler mantiene el tipo en carretera abierta, con un adecuadamente sólido comportamiento de la horquilla delantera, capaz de transmitir sensaciones, precisión y estabilidad. Encontramos este escenario un mayor sentido a la postura de conducción que, sin ser radical, nos acerca al manillar y permite una gobernabilidad más incisiva.

Ahora sí damos la bienvenida a los estribos elevados que nos flexionan mucho las piernas pero consienten unos ángulos de inclinación elevados. Por cierto, no disponen de protectores de goma por lo que transmiten algo de vibraciones. Con el paso de los km nos percatamos de que tenemos que recolocarnos sobre el asiento con frecuencia, pues acabamos sentados casi encima del depósito. El asiento parece no evitar el deslizamiento todo lo que debería y las formas de éste y su mullido no parecen estar bien resueltas.

Desde luego, el asfalto retorcido (además del día a día en la ciudad) es la zona de confort de esta Café Racer, cuyas geometrías, ergonomía y prestaciones parecen saborearse mejor cuando se nos abre el apetito de curvas. La solvencia de la frenada queda fuera de toda duda. Tiramos de maneta y notamos enseguida el fuerte y efectivo mordiente de su cualitativo equipo que, aunque sólo cuenta con un disco delante -éste es de gran diámetro, 330 mm-, está formado por una pinza monobloque Brembo M4-32 de anclaje radial y una bomba, también radial, y un sistema ABS de escaso intrusismo. 

CARACTERÍSTICAS PROPIAS DUCATI SCRAMBLER CAFE RACER 2017

o Precio: 11.190 euros (como la Desert Sled)

o Esquema de color Black Coffee con bastidor negro y llantas doradas

o Escape Termignoni con salidas dobles y protector de aluminio anodizado en negro (como el de la Desert Sled y FT)

o Neumático 120/70 ZR 17 delante

o Asiento exclusivo con cubierta en la parte del pasajero

o Portanúmeros laterales con el número 54 de Bruno Spaggiari

o Semimanillares de aluminio

o Guardabarros achaparrado delantero deportivo (como la FT)

o Retrovisores redondos (como la Sixty)

o Carenado “Café racer”

o Logotipo exclusivo

o Soporte de matrícula bajo (como la Icon y la FT)

EQUIPAMIENTO DEL PROBADOR

Fotos de la Ducati Scrambler Café Racer

Fotografías por: Sessantuno (Guillem Hernández)
 

Comentarios (1)

  • nachovia
    nachovia 11-10-2017

    Simplemente espectacular

Añadir un comentario

  • *No se mostrará
    • Introduce las palabras
    Generar otra imagen

×

Uso de cookies

En Motofan utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus gustos mediante el análisis de comportamientos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestras condiciones legales, sección "5.8 Cookies e IPs"

×

Uso de cookies

En Motofan utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus gustos mediante el análisis de comportamientos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestras condiciones legales, sección "5.8 Cookies e IPs"