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Prueba Kawasaki W800Sacando brillo a los Chelsea...

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Hubo un tiempo en el que todos queríamos ser ingleses. Incluso los italianos querían ser ingleses... y los japoneses, también...

La moto inglesa representaba la elegancia, el estilo, la modernidad y la esencia... y era cuestión casi de buen gusto parecer británico.  Pero... ¿qué ocurre cuando te gusta una japonesa con alma “british”? ¡¡¡Difícil elección!!! Iré sacando brillos a los botines Chelsea. Esta noche salgo a cenar Sushi.

A ver... dejemos las cosas claras desde el principio: la Kawasaki W 800 no es una moto antigua con parches de tecnología actual. Eso ya existe desde hace tiempo y se le llama “clásica restaurada”.

No, la Kawasaki W800 es una moto moderna con tecnología actual y estética antigua... como lo son la Triumph Bonneville, la Honda CB, las Harley-Davidson o las Guzzi V7.

Y la diferencia, en el caso que nos ocupa, no es poca cosa: fiabilidad y prestaciones 100% de Kawasaki del siglo XXI. Esencialmente porque se supone que quien se compra una moto así quiere la imagen de ayer pero la fiabilidad de hoy...

Hecha esta salvedad, no por obvia menos importante, conviene explicar otra igualmente interesante: la W800 no es una copia Kawasaki de una Bonneville, como suele decirse a la ligera... porque ni el referente a seguir fue Triumph ni, de hecho, la primera W la fabricó Kawasaki. 

En 1937 dos jóvenes ingenieros navales -Hobuji Murato y Takaji Suzuki- crearon la que, a la sazón, es la marca japonesa de motos más antigua: la Meguro Manufacturing Co. En realidad la marca ya existía desde 1924, como fabricante de cajas de cambios y como “joint-venture” de Harley-Davidson, pero en 1937 Murato y Suzuki decidieron que querían hacer de Meguro una marca de motos generalista y la refundan con este objetivo. Tras el parón de la Segunda Guerra Mundial -durante la cual fabrican componentes de aviación- reemprenden la fabricación de motos en 1948 y en 1953 se hacen con los derechos para el país del sol naciente de BSA y comienzan a fabricar su versión de la bicilíndrica de 500 cc BSA-A7 a la que llaman K1.

En 1960, Kawasaki -que, por cierto, aún no se llamaba Kawasaki sino que todavía se presentaba con su primer nombre de Meihatsu- compró la quebrada Meguro y en 1964 lanzó la K2 ya con el logo de Kawasaki. Ese mismo sacó al mercado una version de 624 cc que denominó W1... después la W2, la W3... y es a esas, exactamente a esas primeras W, a las motos a las que pretende evocar nuestra invitada de hoy. Y lo hace con tanto detalle que incluso prescinde del nombre Kawasaki en el depósito para sustituirlo por una réplica actualizada del logo de Meguro con una W en su interior.

De acuerdo, vale, lo acepto... en cierto modo es una copia. Pero una copia con historia propia en una época en la que todas las motos -europeas o japonesas- copiaban a las inglesas, a la sazón el referente de estilo y elegancia. Ocurre exactamente igual hoy; todas las R deben parecer japonesas, todas las naked italianas y todas las custom americanas... y nadie se extraña de ello.

Así que quien se enamore de esta preciosa Kawasaki puede hacerlo sin sentirse culpable por preferir una pretendida copia a una pretendida original.

Cosas de la edad

A lo largo de mi vida por mi garaje han ido pasando deportivas, nakeds, maxitrails, custom... y confieso que ahora he llegado a una edad provecta en la que me lo paso muy bien con las retro.

Me encanta ponerme un barbour y un casco abierto y jugar a que soy un Gentleman Driver camino de su aperitivo en el Ace Café. (Es una fabulación. En el verdadero Ace Café no sirven bravas y yo soy muy de bravas. Ellos se lo pierden).

Con el paso del tiempo los gustos cambian. Puedo dar fe de ello.

Hace unos años, por ejemplo, veía un freno de tambor y me entraban arcadas. Ahora valoro como un detalle genuino que la W800 lo monte en su rueda posterior.

De joven no me hubiera subido ni a punta de pistola en una moto de 800 que llevara la medida de gomas que lleva la Kawa. Ahora los Dunlop K81 TT100 -réplica exacta de los que llevaba la primera moto que logró la media de 100 mph (160 km/h) en la Isla de Man en 1969- forman parte de su encanto... así que -lo dicho- definitivamente la edad te cambia...

Llegados a este punto hemos aprendido ya que, en realidad, la W800 es una BSA adaptada por Meguro, que me he hecho viejo y que las patatas bravas (muy picantes, por favor) son mi tapa favorita. Lo que no tengo tan claro es que eso vaya a servirle mucho a quien quiera saber cómo va esta Kawasaki. Y es una pena porque me apetecía divagar más sobre varias aberraciones patatiles a las que algunos hosteleros desalmados se atreven a llamar “patatas bravas”... pero tendré que dejarlo para otra ocasión y volver al redil de la profesionalidad y al chip de probador.

¿Y es bueno, en realidad, que haga eso tratándose de la W800?

Pues no lo se... porque el chip de probador te hace encontrar de inmediato defectos que, en el caso de esta moto, son absolutamente injustos. La W800 va tan bien o tan mal como debería ir una moto con arquitectura de los años 60. La suspensión trasera es justita, justita, por ejemplo... pero es que así debe ser en una moto que monta dos amortiguadores básicos pensados para pasear y disfrutar del buen rollo que transmite y con la que nadie -aventuro- va a buscar inclinadas al límite. La frenada es potente pero poco dosificable -entrega todo el mordiente ya al final del recorrido de la leva- y no me gustó el tacto hasta que comprendí que debe trabajar siempre con la retención del motor como su aliada. ¿Defectos? ¡¡¡En absoluto!!! ¡¡¡Es que así frenaban justamente las motos de antes!!!

La postura de conducción es erguida y sitúa los brazos bastante bajos para los parámetros actuales, igual que las piernas, no excesivamente flexionadas. La sensación al manillar es más, en aspectos ergonómicos, de trail que de custom o naked convencional.

Ligera y bajita... ¡¡¡se siente maniobrable como una 400!!!

Caballero, arranque el motor...

Decía antes que estamos ante una moto de tecnología actual con imagen antigua y conviene recordarlo porque la combinación es peculiar. La W800 es muy, muy bonita -prometo que no ha habido semáforo en el que no haya triunfado- pero también es muy, muy compacta y estrecha.

En ciudad es una delicia; cargada de bajos, suave y redonda de funcionamiento, ágil, maniobrable, ligera pero con patada... casi una perfecta urbanita. Lo cual, por cierto, tiene todo el sentido porque es una máquina diseñada para eso, para triunfar en los boulevares y pasear por las grandes avenidas. En Kawasaki han tenido muy claro quien y para qué se va a comprar una W800 y no han perdido el tiempo buscando polivalencias absurdas. Y quien necesite más tiene un amplio catálogo de recambios y accesorios originales a su disposición para mejorarla.

Ahora bien ¿significa eso que la retro de Kobe nos decepcionará en carretera? Por supuesto que no. Lo que significa es, simplemente, que en ese hábitat muestra algunas carencias -por otra parte inherentes a su estilo, más que defectos en sí mismos- mientras que en ciudad es virtualmente irreprochable. Puestos a encontrarle defectos, el más notorio que me viene a la cabeza es el muchísimo calor que emana de su motor y que a ritmo de ciudad llega a ser incluso molesto. Supongo que es imposible hacer nada dado que todo en la japonesa de alma inglesa está a la vista... y contra la física no se puede luchar. Pero en lo esencial, el comportamiento dinámico en carretera, estamos ante una moto que sorprende. Desde el primero momento que me subí a ella tuve la sensación de que el motor de la W800 superaba en mucho las posibilidades del conjunto ciclo y temía -en cierto modo- el reto de la carretera revirada. La “kawa vintage” supera la prueba holgadamente; en curvas te diviertes como un loco con ella... siempre y cuando no insistas en no conducirla como una W800. Se trata de aprovechar el motor y la ligereza para circular enlazando virajes con una trazada elegante, suave y nada agresiva. Y si se nos olvida, nos lo recordará un tarado de suspensión blandito, blandito que no acepta ser tratado de otra manera. Vamos a pasear a buen ritmo ¿recuerdas? Si lo que querías era una Kawa adrenalínica en curva... ¿estás seguro que no debiste comprarte una Z800?

Sensaciones

El motor es una versión sobredimensionada y completamente renovada del antiguo 650, lógicamete alimentado por inyección y no por carburadores. Rinde 48 CV -por aquello de la limitación- pero se le pueden sacar muchísimos más porque en todo momento va sobrado. Como cabía esperar es un dechado de bajos y par. De hecho, la moto podría conducirse con cuatro marchas porque no hay apenas vacío de potencia entre velocidad y velocidad ni se aprecian bajones a medio régimen -una franja de revoluciones en la que incluso los bicilíndricos más deportivos sufren-. Hasta las 5.000 vueltas se muestra suave y silencioso y está claro que aquí es donde está más en su salsa. Por otra parte podemos ir ya muy, muy alegres a este régimen porque las recuperaciones desde abajo son excelentes. Cuando un bicilíndrico se muestra sólido en bajos y medios, siempre significa lo mismo: que arriba desfallece. Es una verdad que no conoce de estilos, arquitecturas u orígenes... y que también es así en este caso. No es este Kawasaki un bicilíndrico que esté cómodo en la zona alta del cuentavueltas, entendiendo como tal la que se sitúa por encima de 6.000 rpm y para demostrarlo se queja con una presencia no molesta pero tampoco indisimulable de vibraciones. También las recuperaciones en dicha franja cuestan un poco más aunque sigue yendo sobrado para impulsarnos a una velocidad más que suficiente para ser retratado varias veces a cargo del Estado y, desde luego, excesiva para el ataque frontal del viento. (Sigo pensando que si querías una naked que corriera mucho pero mucho tenías que haberte mirado la Z800).

Hay dos palabras de las que se tiende a abusar históricamente al escribir de motos: “libertad” y “sensaciones”. De hecho, se han usado tanto que he acabado aburriéndolas... aunque -en ocasiones- no me queda más remedio que ceder y hablar de eso, de “sensaciones”.

Y no hay otro remedio, insisto, porque... ¿cómo narices explico si no, lo que proporciona esta moto?

No ha sido diseñada para ser la más rápida... ni para atravesar el continente de punta a punta... ni para rodar hacia la puesta del sol por la Ruta 66. La W800 sólo pretende que te bajes de ella con una sonrisa bajo el casco y pensando en lo bien que te lo has pasado con una moto como siempre fueron las motos: divertida, sencilla, funcional e informal.

Como aquellos botines Chelsea de tu juventud... ¿recuerdas?

Fotos de la Kawasaki W 800

Fotografías por: Manu Lozano - Acción: Iván Bolaño
 

Comentarios (5)

  • guille1210
    guille1210 21-10-2014

    Me gusta todo de éste tipo de motos salvo su elevado coste de adquisición en comparación con las prestaciones que aporta. Una moto suave, sencilla, consumos y mantenimientos no muy caros, motor sobredimensionado para su potencia, es decir, fiable, potencia suficiente sin grandes pretensiones... para mi lo tiene todo. la pintas como moto de carrozas pero señor mio, tengo 23 años y es mi tipo de moto. no quiero pagar 800 euros de seguro ni un consumo de 10 litros a los cien, quiero divertirme en diario y dar un paseo el fin de semana, quiero ser sencillo y ser feliz y estas motos es lo que son, sencillas y felices

  • Donci
    Donci 22-10-2014

    A mí lo de estilo inglés me repatea, esta moto -la W- es la que copiaron los ingenieros de Triumph y llevan succionando de este robo todo un siglo.

  • iguardia
    iguardia 22-10-2014

    Qué más da inglés o japonés!! Es lo que es, y da envidia no tenerla... como pasa con otras 55 ó 56!!
    Y el artículo, impecable en... sensaciones y libertad!!
    E igualmente en serio, ya quedan pocos periodistas que transmitan en sus pruebas algo más que técnicas y obviedades.... claro que con esta era más fácil!!
    O serán las "bravas"??

  • Guai
    Guai 21-08-2016

    Buen articulo, así son las sensaciones. Llevaba mas de un año mirando y comparando esta moto frente guzzi y Triumph (informándome de donde vienen históricamente todas ellas..., características, etc etc...). Finalmente la calidad de material, detalles, solidez, coste mantenimiento, sencillez, poco plástico.. robustez, me ha decantado por la W800. Simplemente un fino torpedo precioso para darte un paseo, e igualmente de bien si te pones hacer una ruta de 2000 km por carreteras de montaña comarcales... Sus debilidades, vibra y bambolea la dirección a veces a 140 km/h, calor del motor en verano circulado por ciudad, suspensión delantera floja si le "apretas". Una reina en subidas y paseos de montaña comarcales y nacionales por sus buenos bajos de motor, fiable. Suave, comodisima para dos y si le apretas da... Los chavales como mi padre de 50-60 años se emboban al verla. Lo repito supercontento con la W800, un fino y precioso torpedo para los alérgicos los plásticos, electrónica y excesivos accesorios. saludos!!

  • txaber
    txaber 18-12-2016

    No sé si alguien leerá este artículo escrito a finales de 2014. supongo que sí. unos meses antes compré mi W 800, tras pensar mucho qué moto comprar. Había motos más deportivas, rápidas, potentes ...y baratas, en el catálogo de Kawasaki. Bueno, compré la W 800, verde-green inglés, cromada... tuve antes motos rabiosas,deportivas, para quemar adrenalina...tragadoras de curvas y rectas de autovía, exigentes en pilotaje...pero acabé cansado y dando gracias de no haber dejado mis huesos por ahí en una infortunada arrastrada. Para disfrutar del placer de ir en moto, trazando fino y elegante, sin estresarme, gozando, luciendo además una moto singular, bonita y que da placer auténtico motero. menos mal que compré por fin la W800. y este año dejarán de fabricarla, por lo que se irá convirtiendo en una clásica pero moderna moto. Manejable, fina, ágil, bonita...qué más puedo decir.

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