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Prueba Triumph Bonneville 2014¡Yo también me escaparía como Steve!

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A pesar de su apariencia de moto retro sexagenaria que puede 'resquebrajarse' entre las manos si la apretamos más de lo debido, esta mítica Triumph Bonneville es todo lo contrario: es robustez, facilidad de conducción y perfecta ergonomía. Lejos del 'mírame y no me toques', la Bonnie incita a todo, desde espesas incursiones urbanas hasta las lejanías menos hospitalarias. Es un maduro y confiado 'todoterreno' para irse a donde sea, para escaparse de cualquier parte...

Esto de las motos retro o modernas clásicas -como denominaba nuestro colaborador Carlos Lera en uno de sus últimos artículos- lleva varios años causando furor entre la masa motorista, y tanto es así que ciertos fabricantes contemplaron la posibilidad de sumarse al carro creando “desde cero” nuevos proyectos retrospectivos que casaran con estos gustos; algunos basados en antiguas versiones -como la Kawasaki W800 o la Honda CB1100EX- otros de nueva generación -como la BMW R NineT-. Pero hay un tercer grupo en el que está incluida nuestra protagonista de hoy, la Triumph Bonneville, que no es el reciente capricho de tal o cual marca que sucumbe a las modas, sino que simplemente ha logrado sobrevivir al paso del tiempo -en su caso más de 50 años, aunque con diversos parones-, a base de aguantar las envestidas tecnológicas y de mantenerse fiel a una filosofía y una configuración particular de uso, con la única condición de ir adaptándose de vez en cuanto a las nuevas normativas. La cincuentona Bonnie es, sin lugar a dudas, el máximo exponente de esa generación de motos neo-clásicas. No es una motocicleta retro... ¡Es 'LA' moto retro! 

Triumph España puso a nuestra disposición una unidad de la versión básica -ésa con las llantas de palo en lugar de radios, sus escapes estilo 'megáfono' y su radiador con acabado en color negro- que ha recibido de cara a 2014 algunas sutiles actualizaciones por parte de la firma británica como son el emblema metálico del depósito, su asa para el pasajero en color negro, un ligero rediseño de los escapes y sus nuevos colores "Negro Phantom", "Lunar Silver" o "Blanco Cristal / Azul Zafiro" (éste último, el que luce nuestra unidad). También destaca porque el bloque motor y la culata exhiben un acabado mecanizado en sus "aletas de refrigeración". 

MUCHA HISTORIA A SUS ESPALDAS

Desde su fábrica en Leicestershire, Triumph continúa forjando su leyenda con una completa gama de modelos que van desde las Cruiser, Touring, Roadster y Sport de la casa inglesa hasta las más icónicas Modern Classics, sin duda sus motocicletas más reconocidas a nivel mundial capitaneadas por la inmortal Bonneville, que precisamente este año ha vuelto a ampliar su oferta con una serie de impactantes versiones conmemorativas que Triumph acaba de desvelar en el pasado Salón de la Moto Intermot de Colonia -os animamos a descubrirlas en el siguiente enlace-.  

Quienes nos dedicamos al privilegiado oficio de probar motos a veces no somos del todo objetivos. No somos máquinas de escribir sin sentimientos, ni gustos, ni preferencias. Somos personas apasionadas que, inevitablemente, sentimos hacia cada modelo que testamos mayor o menor predilección. No es una cuestión de prejuicios -que intentamos dejar aparcados- si no de feeling. Y dicho esto he de reconocer que cuando supe que iba a probar durante 10 días la Triumph Bonneville, la mítica Bonnie, algo en mi interior se encendió. Sobre el papel, la conocía con pelos y señales. Pero se daba la circunstancia de que nunca la había tenido entre mis manos.

¿Cómo decirlo...? Sabía que dispondría durante casi dos semanas de toda una celebridad en el panorama motorista, que practicaría el arte de conducir bajo patrones de la vieja escuela, que conviviría con la Elizabeth Taylor de las motos... por nombrar una de las actrices británicas más memorables de todos los tiempos. Al igual que la Bonnie. Y es que se puede decir que este vehículo de dos ruedas es uno de los más “cinematográficos”, y a sus espaldas tiene una amplia filmografía. Ha rodado algunas de las escenas más recordadas en la historia del celuloide y ha sido objeto de deseo de grandes personajes de las artes escénicas como Steve McQueen, James Dean, Marlon Brando, Elvis Presley, Clint Eastwood, Bob Dylan o Richard Gere.

Y ahí estaba yo, Iván Bolaño, último integrante de este ilustre elenco dispuesto a subirme a este 'celebrity' para dejarme engatusar por sus eternas cualidades, de la misma manera que le ha pasado durante décadas no sólo a actores y famosos, si no también a miles de motoristas que han encontrado en la Bonneville una moto única. Pero, ¿qué es eso que la hace tan especial? Su estética parece ser de esas que, por muchos años que pasen, jamás caerá en desgracia. Y menos en los días que vivimos dominados por las modas neo-retro en todos los ámbitos de nuestras vidas. Un elegante depósito bitono marcado por el logo de Triumph cromado con un claro estilo de los años '70 protagonizan la puesta en escena de esta versión, que se une al clásico y sencillo bicilíndrico paralelo inglés de 865cc donde se esconden detalles como los carburadores simulados (en realidad son carcasas que esconden los cuerpos de inyección 8V de Keihin), el Starter o la culata en aluminio pulido escurecido para culminar una apariencia mimada y enfocada a enamorar a los más nostálgicos. Algunos de ellos quizás prefieran la versión T100 con las llantas de radios, más añejas; otros, sin embargo, mirarán en las llantas de aleación ligera de 7 palos con acabados en negro y aluminio de esta versión la mejor opción.  

El cuadro, por ejemplo, mantiene la esencia sin vanguardismos: una aguja en la sencilla esfera analógica marca la velocidad y aporta un mínimo display que cuenta los kilómetros -de manera total y parcial-, se junta con un espartano tablier de testigos luminosos, para avisar de la batería o de la entrada en reserva del combustible. Nada más.

Retirada la pata lateral y encendidos los relojes, la Bonneville demuestra que no es sólo un físico atractivo de otra época y, alejándose de anacronismos, alberga un paquete de cualidades en marcha puestas al día. La primera cualidad que me llamó la atención fue su lograda ergonomía: la moto te aposenta con una inaudita perfección. Las extremidades encuentran una posición relajada y el triángulo ergonómico es de esos que hacen que el conductor ni se inmute, ni siquiera en prolongadas estancias. El asiento en cuero mullido y amplio para dos pasajeros que queda al mismo nivel que el depósito se combina con un manillar alto y retrasado para ofrecer al conductor una experiencia gratificante y de paso elevar los niveles de practicidad. El conductor alcanza fácilmente el suelo con los pies ya que la moto es de cintura baja (altura asiento 740 mm) y esto permite maniobrarla cómodamente en diferentes ámbitos: sus 200 kg de peso están cerquita del suelo y se “evaporizan” al moverlos en parado. 

Pero este confort 'cum laude' es en realidad tan sólo la punta del iceberg, pues no sólo deriva de su hospitalario habitáculo. Bajo el nivel del agua hay muchos otros argumentos todos enfocados a dulcificar la vida a bordo y que trabajan en sintonía con un propósito común: el de ofrecer a su usuario una experiencia totalmente intuitiva y placentera. Es de esas motos a las que siempre apetece encaramarse y con las que no importa hacer un rodeo para llegar a tu destino. El trabajo de las suspensiones es suave y blando. La sencilla horquilla de 41mm se comprime con rapidez para absorber todo lo que pueden esas irregularidades que el asfalto nos depara. El doble amortiguador cromado trasero es algo más rígido pero regulable.

El propulsor de dos cilindros en paralelo es sinónimo de elasticidad, sobre todo en la zona media del cuentavueltas. Tiene una distribución muy dulce y progresiva. Con un par motor más bien discreto, las aceleraciones no son fulgurantes, pero la respuesta des gas es directa y suavizada por la inyección y el empuje resulta progresivo. No obliga a estar jugando constantemente con las marchas ya que éstas se estiran como un chicle y, aunque la dejes morir en una marcha demasiado baja, cuando enroscas súbitamente la Bonnie despierta a tiempo y con energía para ofrecerte por ejemplo un adelantamiento en condiciones; a medios regímenes es bastante impulsiva y se adapta a cualquier tipo de carretera. Durante los días de prueba llevé a la inglesa por todo tipo de vías y condiciones, y lo cierto es que dio la talla en cada momento. Pero también me demostró que el hábitat que más le gusta son carreteras de ritmo alegre pero tranquilo: ella desarrolla su potencia con fluidez y prácticamente sin vibraciones, ataca las curvas con una notable estabilidad y precisión, aunque si la llevas a ritmos más altos comienza a decaer el aplomo de la horquilla. 

Respecto al modelo con las ruedas de radios, la SE tiene además un ángulo de dirección revisionado, con una inclinación de la pipa de dirección y una distancia entre ejes reducida. En el mixto, ahora es más ágil, se sumerge en las curvas y cambia de dirección con mucha rapidez exhibiéndose con plegadas de nota.

Pensada más para el paseo, esta Triumph puede ser tan encomiable en un ir y venir de curvas sin más intención que transportarte y disfrutar del paisaje como errática si pretendemos marcar la pole position: la rueda trasera se bloquea con facilidad si no tiene el tacto y la dirección deja de ser quirúrgica. La frenada, eso sí, es contundente con unos discos eficaces -310mm delante y 255 detrás- que muerden muy fuerte al principio. Como en todas las motos desprovistas de carenado o cúpula, la Bonnie peca de una nula protección aerodinámica, si bien es cierto que la posición que obliga a adoptar hace que el impacto del viento se distribuya por todo el cuerpo causando menos incomodidad. Así que olvídate de prestaciones y grandes retos, la Bonneville prefiere acomodarte en una carretera de montaña sin titubeos siempre y cuando no estés mirando el reloj y el tiempo de llegada sea secundario. 

La ciudad es el otro escenario en el que esta británica puede ser tu gran amiga. Como decíamos antes, su excelente ergonomía y bajo centro de gravedad permiten manejarla con total confianza incluso en el típico tráfico congestionado de una ciudad. El cómodo manillar y la estrechez del conjunto ayudan a zigzaguear y a moverse entre los coches fácilmente. Hemos echado en falta para alcanzar el notable en términos de funcionalidad que el tapón de gasolina de serie sea de rosca (la versión con llave se despacha opcionalmente), la ausencia del caballete central o que el bloqueo de la dirección esté tan lejano del cláusor. Por lo demás, la legendaria Triumph puede servirte con liviandad en tu día a día, ya que es de esas motos cómoda, ligeras y muy usables. 

RECUERDO ACTUAL DE TIEMPOS PASADOS

Esta es una historia de sustancia, de una moto simple pero rica en detalles. Detalles que se resisten al paso del tiempo y que lo empapan todo para crear una moto de esas que a uno siempre le gustaría tener en su garaje. La Bonneville es una señora que no oculta su edad, si no que se enorgullece de ella. Seguramente podríamos redactar una larga lista de deseables a incluir en esta moto estandarte de las neo-retro, elementos más actuales que pudieran facilitar el día a día, optimizar su rendimiento o incrementar las prestaciones; pero entonces perderíamos su pura esencia. Su motor no es una exhibición de potencia y en cuanto a evoluciones técnicas ha incorporado la inyección y poco más. Sin embargo tiene un par en medios regímenes que convence y una ergonomía de la que pocas motos mucho más actuales pueden presumir. Es una compañera agradable y divertida. Y no sólo eso: su estética ejerce una gran persuasión allá por donde pasa. No podrás evitar mirarte en los escaparates para ver el reflejo de un motorista con estilo, que se funde en la naturaleza urbana con el glamour que sólo una Triumph puede ofrecer, pero el mismo tiempo verás el espíritu de un motorista aventurero, que no se casa con las tendencias ni vanguardismo, sino que rompe la barrera del tiempo subido a una moto robusta como un enraizado árbol centenario, capaz de enfrentarse a cualquier reto, o escaparse de cualquier acoso.  

Fotos de la Triumph Bonneville

Fotografías por: Manu Lozano (www.manulozano.com)

La alternativa

Suzuki GSR 750: ¡¡¡Sensaciones!!!

Este artículo es especial, lo confieso. No es una prueba de moto al uso. No, al menos, como suelo hacerlas. Varios motivos me llevan a que sea especial para mí: la situación de la fábrica de Suzuki en Gijón, los estupendos compañeros de prensa de Suzuki, toda la gente que trabaja allí…. Este artículo “diferente” va por ELLOS.

 

Comentarios (1)

  • NOSTROMO
    NOSTROMO 19-11-2014

    HOLA

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