Prueba Triumph Bonneville Bobber: Míster Bob and me

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La familia Modern Classic de Triumph recibe en este 2017 una encantadora monoplaza, la Bonneville Bobber, que acabamos de probar en los alrededores de Madrid.

En estos cambiantes tiempos que afectan al sector de las dos ruedas, a Triumph no le han entrado dudas existenciales de ningún tipo y muestra de ello es que no ha sucumbido a los 'encantos' de los segmentos más populistas. La británica se mantiene, como ninguna otra marca, fiel a su esencia y valores, y tanto es así que su empeño más reciente ha estado enfocado en renovar y reforzar como nunca su gama más arquetípica, la Modern Classic, motos refinadas de altas cilindradas casadas con las más vanguardistas tecnologías que, sin embargo, no perturban los diseños puros de antaño. Llegaron en 2016 las nuevas Street Twin, Thruxton/R, Bonneville T120 y T100, y entran en escena en 2017 las nuevas Street Cup, Scrambler y Bonneville Bobber, para acabar de conformar la familia neo-clásica más amplia y variada que existe actualmente en el mercado.

Triumph España nos convocó el pasado 19 de diciembre para obsequiarnos, a pocos días de la llegada de Papá Noel, con un regalo navideño muy especial: la posibilidad de rodar a lomos de la nueva Bobber, una moto desvelada en el pasado salón de Milán y que, sin duda, es una de las apuestas más atrevidas y originales de la casa de Hinckley. Como niños, acudimos a Madrid, donde pudimos disfrutar de una ruta de unos 100 km por carreteras secundarias, y descubrir por nosotros mismos que esta sofisticada cruiser no sólo enamora por su apariencia minimalista y cuidada, sino también por su comportamiento tan agradable como divertido. Triumph ha logrado replicar el auténtico estilo bobber en clave actual, creando una moto que, si bien aparentemente la vemos sencilla y endeble, en la práctica es una máquina práctica, de fácil manejo, cómoda y de prestaciones contundentes sobre todo a bajo y medio régimen. 

'DISFRAZ' RÍGIDO

Incluso los más puristas podrán ver con buenos ojos la propuesta anglosajona, pues en ella queda reflejada la esencia de aquellas primeras bobber de los años '40. Durante sus cuatro años de desarrollo, el equipo técnico de Triumph ha trabajado en conservar las señas de identidad bobber, creando un chasis totalmente nuevo con una parte posterior atípica y muy original, en donde vemos una estructura basculante que asemeja ser rígida como las de antaño, pero que en realidad no lo es, pues esconde un mono-amortiguador dotado con sistema progresivo.

Por encima de él, y cumpliendo los patrones, el gran protagonista de este modelo: un asiento monoplaza de estilo flotante realizado con una bandeja de aluminio y acolchado por pespuntes. A pesar de su escueto tamaño, resulta bastante cómodo y su forma en 'V' permite al conductor encajarse a la perfección para evitar los deslizamientos hacia atrás en las aceleraciones. Además, puede ser regulado longitudinalmente -hacia delante y hacia arriba- para adaptar la posición de conducción. La inglesa ha sido homologada como monoplaza, así que si estás buscando una moto para compartir en pareja, ya puedes dejar de leer, pues ni siquiera puede convertirse en biplaza. Un hándicap para muchos, claro está; una virtud para pocos. A estos últimos Triumph les dedica esta moto, sin remilgos, destinada a 'singles' que quieren seguir siéndolo, al menos cuando circulan sobre dos ruedas...

ACCESIBLE PARA TODOS

La altura del asiento es una de las más bajas del mercado, tan sólo 690 mm que permitirá a motoristas de cualquier talla subirse a la moto o apoyar los pies en el suelo con sobrada facilidad..., y con los consiguientes beneficios a la hora de maniobrarla en parado. La postura a bordo es bastante natural, con las piernas flexionadas más o menos a 90º gracias a los estribos no demasiado adelantados, y con los brazos no estirados del todo pues el manillar ancho y plano queda cercano.

La manejabilidad, a pesar de sus 235 kilos y sus 1.510 mm de batalla, es alta gracias sobre todo a que el centro de gravedad es bajísimo y a unos neumáticos no muy anchos que permiten a la Bobber inclinarse con suavidad y cierta rapidez. No es que sea una moto excesivamente ágil, recordemos que delante equipa una rueda de 19 pulgadas y el lanzamiento de su horquilla es de unos 26º, pero lo cierto es que en Triumph han logrado dotar a esta Bobber rebelde en apariencia de un comportamiento dinámico bastante apacible. A pesar de que genera un efecto visual de moto larga, a bordo se siente una moto compacta, con un depósito esculpido muy estrecho entre las piernas (de 9 litros de capacidad, para una autonomía declarada de 220 km y un consumo de 4,1 l/100km) que permite maniobrarla sin ningún esfuerzo. 

CUMPLIENDO LOS PATRONES BOBBER

La nueva inglesa está plagada de detalles de calidad. Más allá de la zaga de aspecto rígido, el manillar ancho y plano y el asiento monoplaza que ya hemos comentado, se nota que en Triumph han sido cuidadosos de no quebrantar la esencia bobber y han trabajado con lupa por toda la moto. Encontramos detalles como la caja de batería con cinta de acero inoxidable, los retrovisores en los extremos del manillar, unos fuelles de goma en la horquilla o el eje trasero con aspecto de freno de tambor. No falta tampoco el clásico sistema de inyección camuflado tras el aspecto de carburadores, marca de la casa desde hace unos años.

El estilismo se ha cuidado al máximo y prueba de ello son los emblemas del motor en bronce y las tapas cepilladas o las torretas del manillar en plateado satinado y grafito. Asimismo, se ha optado por soluciones funcionales como las manetas ajustables, el protector del piñón con tapa de inspección desmontable, y el tapón del depósito con cierre. Y las opciones de color en España son cuatro: Ironstone, con acabado mate; Morello Red; Competition Green y Frozen Silver con un toque de British racing; y Jet Black.

MOTOR DE CONFIGURACIÓN BOBBER

Hace un año Triumph sacaba a la luz su nuevo motor Twin paralelo 1.200 cc calado a 270º encargado de impulsar en un primer término a las nuevas Thruxton y Bonneville T120, con una configuración diferente entre ambas que le otorga a la primera más carácter, potencia y alegría al subir de vueltas, y a la segunda un empuje más constante. Para la Bobber, Triumph repite la fórmula de moto de apariencia neoclásica pero tecnología actual y la equipa con el mismo motor que la Bonnie T120 -de cigüeñal más pesado-, es decir, el mismo bicilíndrico de última generación, que en este caso recibe una puesta a punto específica que le permite ofrecer más par y potencia en la gama media revoluciones.

Si bien su potencia máxima desciende de 80 CV a 77 CV respecto a la Bonnie, su entrega es mucho más contundente entre las 3.500 y las 5.500 vueltas. El par motor máximo se mantiene (106 Nm) pero también se desata con más contundencia entre las 4.000 y 5.000 rpm, entorno a un 10% mayor en esa franja. El propulsor, de 8 válvulas y refrigerado por líquido (EU4) gira redondo y está bastante contenido en vibraciones incluso cuando lo acercamos a su régimen máximo, y además emite un agradable sonido grave a través de su doble escape en acero inoxidable cepillado con silenciosos biselados, más cortos y ligeros que en la T120, y con catalizador oculto. Destacar la presencia de una nueva caja de admisión ahora con dos filtros de aire y un nuevo eje de tracción. Los intervalos de mantenimiento de la nueva Bobber son de 16.000 km. 

ELECTRÓNICA ACTUAL

Como decíamos, la Bobber es una moto moderna. Como sus hermanas, incorpora un paquete de ayudas electrónicas que intentan evitarnos sustos sobre todo en zonas más deslizantes. Su acelerador electrónico (Ride by wire) viene acompañado del control de tracción desconectable y dos modos de conducción (Road y Rain) que se activan desde el manillar en marcha y, sin mermar la potencia máxima, influyen sobre la velocidad de apertura de las mariposas; la entrega inicial de gas será más suave en el modo Rain. Equipa además embrague antirrebote asistido.

El ABS funciona correctamente y su actuación es poco intrusiva. Además, la nueva Bobber completa su equipamiento con faro trasero con tecnología LED, inmovilizador de motor con transpondedor integrado en la llave, y un minimalista panel de instrumentos de una esfera -velocímetro analógico y cuenta-revoluciones digital- con funciones controlables desde el manillar y toda clase de información como indicador de marcha engranada, dos cuentakilómetros parciales, indicador de mantenimiento, autonomía, nivel de combustible o consumo medio e instantáneo. Además, la posición del panel también se puede ajustar para adaptarlo a conductores de todas las tallas. 

SUSPENSIONES Y FRENOS

Los recorridos de las suspensiones son bastante contenidos (90 mm para la horquilla de 41 y 77 mm para el mono trasero, ambas firmadas por Kayaba) y sin embargo hemos notado una correcta capacidad de absorción durante nuestra prueba madrileña. Las reacciones del amortiguador trasero no se muestran excesivamente secas. Está claro que es una moto orientada a disfrutarla más en modo 'paseo' y no a exprimirla en curvas, pues su entrada en los giros no es tan inmediata y su siempre preferirá una trazada premeditada para que su paso por curva sea constante. A pesar de ello, no rehusa algún que otro momento de diversión, enlazando curvas a buen ritmo sin mucho esfuerzo y con aplomo gracias a su equilibrada parte ciclo. Quizás las estriberas nos marcan los límites demasiado pronto y la potencia de frenada del disco delantero (310 mm y doble pistón) no es todo le enérgica que esperas -habrá que apoyarse con el trasero en la mayoría de ocasiones-, pero lo cierto es que cuando la vas conociendo, te sorprenderá su capacidad para rodar rápido sin descomponerse. En ello juega un papel importante los neumáticos Cobra desarrollados en exclusiva para esta moto por Avon, 100/90 el delantero de 19 pulgadas y 150/80 el trasero de 16'' que, como novedad, dispone de carcasa radial, que reducen la masa suspendida y potencian la estabilidad.

PERSONALIZABLE

Hablar de motos Bobber es hablar de personalización. Triumph ha preparado un catálogo de unos 150 accesorios para su nuevo modelo que, sin duda, harán las delicias de quienes deseen customizarla a su gusto. Entre ellos, un manillar “cuelga-monos”, un asiento con respaldo, espejos retrovisores convexos para los extremos del manillar, un elegante asiento en versión acanalada y acolchada, puños calefactados, un kit de control de la velocidad de crucero, una suspensión trasera ajustable FOX, o unos nuevos escapes Bobber de Vance & Hines con los extremos en aluminio mecanizado que se pueden ajustar para modificar su perfil.

La nueva Triumph Bonneville Bobber estará disponible en los concesionarios de la marca británica en España a partir del próximo mes de marzo a un precio de 12.900 euros.

 

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