Prueba Triumph Rocket X Limited Edition: Demolition Bike

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La demoledora Rocket III alcanza el cum laude estético en esta versión X de tirada limitada, un tributo de Triumph a una década de prestaciones inalcanzables

Hace unos días pasaba por mis manos la que, sin duda, es una de las motos más exageradas que jamás haya probado. Su ficha técnica desprende números casi incomprensibles, como los 2.294 cc que la convierten en la moto de producción en serie de mayor cilindrada del mundo, o sus 221 Nm de par motor, que sólo de escucharlo ya me provoca un escalofrío que me recorre todo el cuerpo. Y eso que todavía no la he encendido. Obviamente, el propulsor de esta Triumph Rocket X, que no es más que una Edición Limitada de la conocida Rocket III, es el protagonista principal de una moto que nació hace 10 años para romper todos los récords. Es precisamente esta efeméride la que ha llevado a la casa de Hinckley a crear esta versión 'X' (diez en números romanos), homenajeando así que todavía ninguna otra cadena de montaje se ha atrevido a producir una moto que equipe un motor de semejante cubicaje. Y para rendir tributo a esta poderosísima roadster, la firma británica le encargó a los especialistas en pintura '8 Ball' que idearan una decoración y acabados conmemorativos, capaces de elevar todavía más su percepción cualitativa y exclusividad. Casi que os dejo en manos de la galería fotográfica que acompaña este artículo para que apreciéis el resultado, tan sobrio como impactante, de una cruiser con tendencias al coleccionismo. Su precio quita el hipo, pues se eleva hasta los 20.725 euros, casi 2.000 euros por encima de la versión estándar.

En cuanto a especificaciones técnicas no hay nada que haya sido modificado respecto a la Rocket III, de tal forma que las 500 unidades que conformar esta Limited Edition (la unidad probada para este reportaje era la n376) tan sólo se distinguen por la pintura personalizada en el depósito y guardabarros, de negro brillante 'Jet Black' atravesado por una franja metálica de aspecto lijado, un exquisito trabajo de pura artesanía que los británicos de 'Joe Black 8 Ball Custom Paintwork' lograron dejando primero el metal al desnudo para someterlo después de un efecto lija, y posteriormente aplicando la pintura (este proceso prevé una capa base de color negro, una capa de barniz transparente, seis capas de laca ultra fina, para acabar con el pulido y el secado). El efecto resultante de este tratamiento es el de un brillo profundo y enigmático, que envuelve a la Rocket X en un halo de taciturna seducción.

Contribuyen a generar esta sensación otros detalles específicos que la distinguen de la estándar, como el cromatismo negro que inunda toda la moto, desde todo el sistema de escape con colectores 3-1-2, hasta el manillar, los retrovisores y las palancas de cambio y de freno. Los relucientes cromados de la Rocket III dejan paso a oscuros componentes que realzan la estética amenazante. Tampoco se han librado las llantas de aleación de aluminio de cinco brazos, que abandonan la claridad para sumergirse en la oscuridad, con un baño de color negro y una franja pintada a mano.

Como en todas las series limitadas que se precien, la marca inglesa ha previsto unas placas numeradas que recuerden a su dueño y, de paso, demuestren a todos los mirones, la exclusividad del modelo que posa ante sus ojos. Cada una del medio centenar de unidades de esta versión décimo aniversario incluye en los paneles laterales una placa que reza, como en el caso del modelo probado, 2300cc TEN YEARS 376/500. Además, sobre el depósito de aceite, se ha montado el emblema especial 'Rocket X' que ha sido mecanizado mediante CNC a partir de un único bloque de aluminio.

La Rocket X conserva las aptitudes dinámicas de la Rocket III pues no varía nada más que la decoración. Como en la estándar, estamos antes un armario de moto, grandota, pesada y aparatosa. ¿Se retorcerá hasta descabalgarnos cual toro de rodeo? Al menos, esa es la sensación que transmite según te vas acercando a ella por primera vez... Todo parece sobredimensionado: un gran motor, enorme depósito de 24 litros, robustos travesaños por horquilla, neumáticos gigantes... ¡Habrá que ser muy macho para gobernarla! Los primeros metros a bordo tiraron por tierra todos estos prejuicios... O al menos en parte. La Rocket X es una moto más conducible de lo que esperábamos.

Es bajita y esto nos permite apoyar los pies en el suelo con suma facilidad, algo casi fundamental para maniobrar en parado esta mole de 400 kg y dos metros y medio de longitud. Ojo en las fases de estacionamiento, quizás las más críticas pues un paso en falso nos lo podría complicar ya que a peso muerto esta moto no hay quien la mueva. A bajas velocidades todo cambia bastante, y se comporta con una dulzura inusitada. Quizás tiene que ver su bajo centro de gravedad y su cigeñal en posición longitudinal, factores que pueden facilitar su manejabilidad; también la postura de conducción, que genera ese manillar ancho y elevado, que nos permiten agarrarla con confianza, es un postura a medio caminio entre custom y naked... Su asiento en forma de cuenca es bastante mullido y esto favorece la comodidad en las largas travesías, así como las grandes plataformas con superficie de goma para apoyar los pies. La ergonomía no genera ninguna fatiga. Lo cierto es que cuando circulamos despacio la moto se domina sin casi esfuerzos. Y es que sus proporciones son voluminosas pero proporcionadas.

El motor de producción más grande del planeta es todo un festival de prestaciones desde el principio. Los golpes de gas son vertiginosos si abrimos con contundencia, pero esta configuración de tres cilindros es capaz también de ronronear con suavidad si lo que queremos es circular a medio gas. Llega hasta los 148 CV a 5.750 rpm, pero donde realmente fascina es con la cantidad de par motor que despliega: en las 2.000 rpm ya tienes disponible el 90% de los 22,5 kgm, lo que se traduce en una cantidad ingente de potencia desde la parte más baja del tacómetro. En los primeros metros abruma por su despertar, y si tienes ganas de diversión tendrás que sujetarte fuerte al manillar y apretar las piernas contra el depósito para no salir propulsado.

Gracias a su eje de equilibrado, este motor DOHC de 12 válvulas destaca por su suave y fino funcionamiento, y por la tremenda elasticidad que nos permite subir de vueltas con fuerza incluso si circulamos en marchas largas a bajas rpm: el propulsor es brioso y nos ofrece una gran capacidad de adelantamientos, con una fluida entrega de potencia a través del cardán. Si tan sólo queremos pasear, este tres cilindros nos deja hacerlo relajadamente, a excepción de algunos tirones que aparecen cuando circulamos a bajas velocidades y abrimos y cerramos gasn con contundencia. Su cigeñal invertido ayuda en gran medida a ahorrar inercias típicas de motor de grandes cilindradas unitarias, y esto favorece la estabilidad y el confort, pues los pasajeros apenas notarán vibraciones en el habitáculo. Los tactos tanto del embrague como de la caja de cambios de 5 velocidades son suaves y precisos.

La parte ciclo es tan hercúlea como esa descomunal mecánica se merece. Para aguantar las envestidas, Triumph la ha provisto de unas robustas suspensiones -dos amortiguadores posteriores sin mucho recorrido anclados directamente al chasis y una horquilla invertida de enormes tijas en la parte delantera, con una buena regulación- y de un rígido bastidor de acero que en todo momento soportan perfectamente el derroche de músculo. El sistema de frenos, como no podía ser de otra forma, está a la altura de semejante potro: dos discos de 320 mm delante mordidos por pinzas de cuatro pistones y uno trasero de 316 mm, que generan una gran potencia de frenada aunque habrá que tener en cuenta todo el peso sobre el que nos movemos para calcular bien las distancias de detención. Dinámicamente, todo queda bajo la influencia de la gran goma radial trasera de sección 240, una medida necesaria para pegarla bien al asfalto en esas grandes aceleraciones, aunque también culpable de parte de la 'lentitud' a la hora de girar y caerse en la curva, de ahí que habrá que ponerle energía en los cambios de dirección. En marcha, esta muscle bike hay que conducirla con hombría, pero sobre todo habituándose a sus fuerzas G para anticipar cada maniobra. Es una moto intimidatoria y contundente en cada inercia, pero si le encuentras el 'puntito' te llevará en volandas con suavidad y nobleza.

HIGHLIGHTS Triumph Rocket X Limited Edition

- Precio: 20.725 euros

- Edición limitada de 500 unidades

- Esquema de pintura de los especialistas 8 Ball

- Motor de tres cilindros 2.294 cc

- Potencia de 148 CV a 5.750 rpm

- Par motor de 221 Nm a 2.750 rpm

- Horquilla invertida KYB de 43 mm de diámetro

- Dos amortiguadores posteriores KYB ajustable en precarga

- Freno delantero de doble Disco flotante, Pinzas Nissin sistema ABS de 4 pistones.

- Peso: 334 kg en seco

- Neumáticos de 150/80 y 240/50

EQUIPAMIENTO PROBADOR

En esta prueba, hemos optado por equiparnos con un casco integral Arai RX-7V, una cazadora de piel de estilo vintage, unos pantales jeans con kevlar y protecciones de la marca Alpinestar, y unos guantes del fabricante HEBO.

Fotos de la Triumph Rocket III Roadster

Fotografías por: Sessantuno (Guillem Hernández)

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