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Prueba Triumph Scrambler 900Saca de paseo a tus instintos

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No es 1956, pero lo parece. Triumph ha reanimado el espíritu de las carreras del desierto de California con la nueva Scrambler 900.

Subo a la Triumph Scrambler 900 y, según agarro el manillar, retrocedo 60 años en el tiempo. ¡Dios! Me encuentro en el corazón de California, en la parte oeste de Estados Unidos. Allí estoy a punto de competir en una de esas carreras multitudinarias por el desierto de Mojave junto a tantas otras motocicletas. Arranco el motor de mi Scrambler y… ¡paf! Vuelvo a 2015. Me he dado cuenta, al encenderla mediante el arranque eléctrico, de que ese viaje al pasado ha sido, en realidad, un espejismo.

 El mismo motor bicilíndrico en línea, la misma belleza clásica y el mismo olor a Scrambler, algo de tierra y algo de asfalto. La Scrambler 900  es un tributo a la TR6 de 1956, aquella con la que el piloto Bud Ekins dejó en evidencia a los modelos de competición monocilíndricos y que marcó una nueva filosofía durante 20 años. Alguien decidió que ya no estaba de moda…hasta que Triumph decidió recuperar esa esencia californiana, recogiendo la Scrambler del pasado para que volvamos a gozar de ella en el presente.

Lo justo y necesario

Pero, ¿qué quiere decir que mantienen ese estilo de los 50? Pues que no te engañes, que por mucho que se encienda mediante arranque eléctrico, no encontrarás ni sistemas de frenada ABS, ni control de tracción, ni Antiwheelie. Ante todas estas abreviaturas y anglicismos, la mentalidad que me transmite la Scrambler 900 es: ¡¿Para qué los quiero?! Porque de nuevo, hazte a la idea que esta moto es pura estética. Con ella serás la envidia de los demás motociclistas. Incluso del que vaya con la superdeportiva más potente del mercado. Sí, incluso a ése le entraran las dudas sobre si hizo una buena compra.

Por si aún no sabes de qué va una Scrambler, simplemente decirte que te aporta toda la libertad que quieras y sin necesidad de ser un “solterón”. ¡A mí me la ha dado! He podido desfogarme por las rocambolescas rutas de asfalto  que voltean la montaña de Montserrat “sin prisa, pero sin pausa” (ya me entiendes), y cuando me ha dado la gana he cogido el primer desvió de tierra y me he adentrado por un camino adonde sólo las motos de trial tienen el honor de seguir adelante.

 Está claro que, por tierra, no debemos preguntarnos qué velocidad hemos alcanzado, y mucho menos con la Triumph Scrambler 900, pero me ha sorprendido su comportamiento por carretera. Que sea "rubia" no quiere decir que sea tonta. Porque te recuerdo que es una 900, que cuenta con un motor bicilíndrico de 865cc en paralelo de 4 tiempos y que aporta una potencia máxima de 59 CV y par motor de 68 Nm.. Qué, ¿no está mal eh? Te recuerdo que en su época gloriosa fue la reina del desierto de Mojave.  Hay un problema que existía en los cincuenta,- y más en terrenos áridos como el de California- y que se mantiene en esta nueva versión: el calor que desprende el motor. Concretamente en la parte derecha, por donde sale su alargado y particular sistema de escape doble. En altas temperaturas y tras conducir durante un rato, molesta. Pero hay que verle el lado positivo: la conduje por Barcelona a poco más de 5 grados y con lluvia y, para ser honesto, se agradecía ese “calorcillo” en los semáforos.

Otra moto

La Triumph Scrambler 900 pesa–es lógico, dadas sus dimensiones-, concretamente 230 kg. Pero en marcha, parece como si le hubieran hecho la liposucción. Directamente es OTRA MOTO. Y ojo, porque a los mandos de esta belleza británica me he sentido más ágil y he dispuesto de más potencia que con otras motocicletas de la misma cilindrada y pensadas para una conducción más agresiva que la de las Scrambler. ¿Y el freno? ¡ correcto! De hecho, el pedal del freno trasero es ancho y suave, sobretodo tan suave que me dejó dosificar la intensidad de frenada al milímetro. El único peligro que me transmite esta Triumph por asfalto son sus ruedas. Está claro que es una todoterreno, pero eso no quiere decir que sea un cohete por carretera porque, como buena Scrambler que es, cuenta con neumáticos mixtos, y eso no me ha dado toda la adherencia que quería al entrar y salir de las curvas. Como decía, por tierra no está pensada para correr el Six Days of Enduro, sino para aventurarte hasta donde tú creas que puedas llegar, para descubrir ese caminillo que te lleve a una ermita o a un mirador inalcanzable para las motocicletas onroad. Esa libertad y placer que brinda una Scrambler.

¿Dónde está la esencia Scrambler?

La estética de la nueva Triumph Scrambler 900 no deja de hacer guiños a la TR6 del 56. Para empezar, la parte frontal está predominada por un faro único redondo, y también por las fundas que protegen las suspensiones, con un aspecto claramente retro. El panel de instrumentos está compuesto por un cuentakilómetros y un cuentarrevoluciones, además de los testigos electrónicos más básicos (algo de nuestra época tampoco hace daño).  La rueda delantera está protegida por un guardabarros de tamaño medio, pensado sobe todo para proteger el radiador cuando circulamos por tierra. El dibujo de los neumáticos se encuentra a medio camino entre los asfálticos y los de tierra, y eso es lo que le otorga esa polivalencia en cualquier tipo de superficie. El protector metálico del motor es otro de esos “puntazos” que dan personalidad a la Scrambler. Lo mismo sucede con el depósito de gasolina, redondeado y con capacidad para 16.6 litros de combustible. El tapón de gasolina es un detalle que también identifica a la Scrambler 900.Se echa en falta algun elemento que permita más capacidad de carga. 
Si hay un aspecto estético que marca la diferencia es, sin duda el doble sistema de escape. Antes comentábamos su deficiencia a la hora de proteger el conductor del calor que desprende el motor bicilíndrico, pero hay que admitir que estos hacen que la Triumph sea una de las motocicletas más bellas de su segmento. El asiento calca a la perfección el estilo del de los años 50 y es, literalmente, un sofá tanto para el conductor como para el pasajero.

Pensando en qué público debería estar interesado en la Triumph Scrambler 900, creo que uno de los perfiles que me vienen a la cabeza con más claridad es el que hace honor a este nuevo concepto llamado “postureo”. Simplemente por su intachable belleza retro. Me  refiero al conductor que no tiene ni idea del mundo de la moto pero que quiere una clásica para que todos le miren con celos... Luego está el público que realmente merece conducir una Scrambler, ese que comprende el peso que ha tenido su diseño en la historia de las dos ruedas. Y luego está el perfil del que, además de ser conocedor de la filosofía Scrambler, la aprovecha al límite. Ese que, para escapar de la rutina, se adentra por los caminos de tierra más inexplorados. Joan Manuel Serrat lo resumió así en una de sus canciones: “Saca de paseo a tus instintos y ventílalos al sol, y no dosifiques los placeres; si puedes, derróchalos”.


¿Cómo vestir al estilo Scrambler?
El aspecto retro de esta Scrambler 900 ya es elegante de por sí, pero si vistes con una de estas chaquetas de piel, te convertirás directamente en un hombre distinguido. ¡Conjúntalo  con alguno de estos modelos de casco jet . Y qué bien quedarías con la Scrambler si, además de llevar un casco jet, revivieras ese estilo retro con los dos primeros modelos de gafas que encontrarás en Motofan.

La alternativa

Suzuki GSR 750: ¡¡¡Sensaciones!!!

Este artículo es especial, lo confieso. No es una prueba de moto al uso. No, al menos, como suelo hacerlas. Varios motivos me llevan a que sea especial para mí: la situación de la fábrica de Suzuki en Gijón, los estupendos compañeros de prensa de Suzuki, toda la gente que trabaja allí…. Este artículo “diferente” va por ELLOS.

 

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