Vespa PX 150: El penúltimo guateque


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Corría el año del Señor de 1977 y Jimmy Carter acababa de ser elegido Presidente de los Estados Unidos. Niki Lauda ganaba el Campeonato del Mundo de F1 con Ferrari y se estrenaba una película de bajo presupuesto llamada “La Guerra de las Galaxias”. Mientras las sondas Voyager viajaban a los confines del Universo, los Sex Pistols publicaban “Never Mind the bollocks” y en España llorábamos con Marco y nos dejábamos patillas como Curro Jimenez.

También para Piaggio era un año especial ya que ponía en la calle la primera PX tras haber arrasado con la mítica Primavera. Respecto a ésta, la Vespa PX aportaba -en aquel momento- un nuevo frontal y la práctica guantera tras el escudo. El modelo se mantuvo prácticamente inalterado hasta 2008, cuando la marca decidió cesar su fabricación. Con la muerte -entonces se aventuraba que irreversible- de la PX se iba la última de las Vespas consideradas clásicas. Ya no cumplían la normativa Euro3 y Piaggio quería apostar por sus nuevos modelos con motores 4T. En Pontedera desenchufaron las prensas de chapa, apagaron la luz de la cadena de montaje y en una última exprimidura a la rentabilidad, vendieron los derechos de la PX a la empresa india LML para que la fabricara en su país.
Y entonces llegó la sorpresa: poco después, con mecánicas actualizadas por ella misma pero estética absolutamente idéntica a la original PX, LML se puso a vender sus motos en Europa con relativo éxito. Aquello se lo tomó Piaggio como una declaración formal de guerra y los italianos decidieron hacer lo que cualquiera hubiera hecho en su lugar: volver a enchufar las máquinas, desempolvar las herramientas y recuperar la PX original con un catalizador que le permitiera plantar cara a sus clónicas indias. En Pontedera atacaron la línea de flotación de LML con un torpedo frente al que no había respuesta posible: ¿por qué comprarse una copia si se puede tener el original?
Y esa es exactamente la Vespa PX que hoy probamos para Motofan.

Cosas que nunca deben cambiar

Decía en la presentación que, probablemente, sea esta la última ocasión de comprarse una Vespa clásica recién salida de fábrica. Tampoco pondría la mano en el fuego; Piaggio tiene recursos e ingenio de sobras para volver a resucitarlas. Si lo ha hecho una vez puede hacerlo otras... aunque, a priori, no parece que vaya a haber segunda resurreción. Y el motivo es que, salvo milagro tecnológico, es virtualmente imposible que el motor 2T de la PX pueda pasar las futuras normativas antipolución. Claro que LML ha demostrado que un motor 4T es un armazón Vespa es perfectamente factible... y en Pontedera tienen mucho orgullo...
Sea como sea, a día de hoy, para poder pasar la actual Euro 3 ya se ha visto obligada a montarle a propulsor de la PX un catalizador que quita bastante brío a un motor que de por si nunca fue especialmente potente. Pero sarna con gusto no pica y vale la pena asumirlo a cambio de disfrutar de uno de los cacharros -y digo lo de cacharro en plan completamente cariñoso- más carismáticos y divertidos que pueden conducirse sobre dos ruedas. Los de mi generación y un montón más nos sacamos el carnet de moto con una Vespa, así que -de un modo u otro- para muchos se tratará de recordar viejas sensaciones. Para los más jóvenes, aquellos que asocian la Vespa a los carteros y a las fotos de juventud del abuelo, probablemente les extrañarán algunas cosas. De entrada el cambio manual de cuatro velocidades. Vale... quizás no volváis a utilizarlo en ningún otro modelo... pero el saber no ocupa lugar... y el cambio Vespa es divertido. Impreciso pero divertido. Basta con acostumbrarse a los clanks y a los clonks.
La postura de conducción es también diferente a la mayoría de scooters modernos. Los brazos quedan muy bajos y el manillar muy adelantado. La Vespa “recoge” menos al conductor que los scooter de diseño moderno y esto es porque se diseñó como vehículo utilitario. Cuando más espacio libre para llevar paquetes... mejor. Esa peculiar ergonomía y las ruedas pequeñas la hacen también mucho más nerviosa que un modelo de ahora. La palabra “ratoneo” la inventaron para la Vespa. Gira en un sello de correos, se mueve en parado sin ninguna dificultad y cambia de dirección con apenas pensarlo. Eso si, acostumbrados al aplomo de los modelos actuales, la primera vez que tomas una curva con la Vespa crees -sinceramente- que vas a caerte hacia el interior. Es pura cuestión de hábito; la PX es tan nerviosa, endiabladamente ágil y ligera -no llega a los 100 kilos- que transmite permanentemente una cierta sensación de inestabilidad. Nada que ver con un scooter actual... pero forma parte de su encanto.  

Zumbando por la ciudad

Tras abrir un poco el starter el monocilíndrico 2T arranca con el entrañable zumbido “petpetpetpet” que inmediatamente asociamos a la Vespa. ¡¡¡Perfecto, la PX sigue sonando a Vespa!!! El catalizador no parece haber afectado en este aspecto. Sí lo hace en las prestaciones; el motor se nota un poco menos alegre, más apagadote que los clásicos... pero tampoco resulta grave porque, simplemente, se trata de jugar más con el cambio. Estamos ante un motor al que habrá que mover casi siempre más revolucionado que sus predecesores para que transmita alegría.
Mientras llevemos el motorcito alto de vueltas no habrá problema; con el catalizador ha perdido bajos y medios y enseguida te obliga a dar gas o se apaga...
Las prestaciones no son brillantes en términos de comparación con una 150 actual pero más que suficientes para el uso 100% urbano al que destinaremos a nuestra Vespa. Asumo que quien se compra una Vespa PX150 busca, sin duda, practicidad -que lo sigue siendo- pero también un cierto estilo y valorará otros aspectos antes que las puras prestaciones. La parte positiva de todo esto es que los consumos también son “de antes” y la PX realmente bebe muy, muy poco.
Repasemos otros detalles ergonómicos: el asiento es amplio y cómodo, los intermitentes no tienen retorno, la capacidad de carga se reduce al cofre tras la guantera -de nada despreciable capacidad, por cierto- y a un par de ganchos bajo el asiento junto a los que encontramos el tirador del starter, la llave de paso de la gasolina y el testigo de cambio de aceite de la mezcla. Los retrovisores altos tienen buena visibilidad y el nivel general de acabados es muy bueno; un vespista de toda la vida me dijo que mucho mejores que lo de los modelos anteriores... pero no me extrañaría teniendo en cuenta que Piaggio ha puesto en venta la PX esencialmente como un capricho para nostálgicos.
La frenada sigue siendo, como siempre, uno de los puntos flacos de la Vespa. Frena lo justito para poder decir que frena, nada más. El tambor trasero -en las Vespa, al contrario que las motos actuales, lleva la voz cantante- no es nada dosificable. Es pisar el pedal y un todo o nada. El disco delantero lo es mucho más... esencialmente porque será siempre un freno de apoyo. En cualquier caso cumplen su función, detienen a la PX sin problemas y el cambio manual, además, nos da la posibilidad de apoyar la frenada reduciendo con lo que la cosa mejora notablemente. Respecto al resto de la parte ciclo, la amortiguación es seca y restellante sobre pavimento en mal estado. Probablemente el aspecto en el que más se nota el contraste con un sistema actual.
Y ya que hablamos del cambio, nuestra Vespita en la práctica se moverá casi siempre en segunda y tercera. Con esas dos marchas podemos hacerlo prácticamente todo. La cuarta es demasiado larga para ciudad; apenas podremos engranarla en grandes avenidas rápidas.  

Cuestión de acostumbrarse

Es injusto valorar a la Vespa PX150 con un scooter de su misma cilindrada del 2012. Tan injusto como podría serlo comparar un SEAT 600 -si volviera a ser fabricado- con un SEAT Ibiza de última generación. Busca otra cosa y ofrece otra cosa. Quien desee esencialmente prestaciones y no preocuparse de nada más que de darle al botón y funcionar por la ciudad no se comprará jamás una PX.
La Vespa obliga a tirar del starter lo justo -ni más ni menos... que o se ahoga o no arranca- antes de apretar el botón de arranque... y poner primera con un clonk mientras sincronizamos el movimiento del pedal del freno con el embrague y el gas. Corre menos, frena menos y se aguanta menos que cualquier scooter moderno de su cilindrada... aunque tiene en uno sólo de sus neumáticos más encanto del que tendrá jamás cualquier scooter moderno de su cilindrada de cualquier marca. 
 Además es nerviosa, inestable y corre justito... pero es tan, tan divertida que te hace sonreír y te pone de buen humor. Y eso no lo da un scooter actual. Quizás esa sea la mejor definición: un scooter que te pone de buen humor.
Sigue siendo, pese a todo, increíblemente práctica, perfectamente válida para el día a día en la ciudad sin pretensiones, insuperable en agilidad y maniobrabilidad y puedo asegurar que la flamante Vespa azul -los neumáticos con banda blanca no vienen de serie pero están en el catálogo oficial de accesorios- levantaba más miradas de admiración y simpatía que modelos de mucho más calado.
¡Disfrutémosla! Obviemos los defectos que el paso del tiempo ha puesto en evidencia y centrémomos en las virtudes que no pasan de moda.
Pongámonos nuestros mejores “Pata de Elefante”, llenemos la mochila con vinilos y montemos un guateque.
Puede ser el último. O no. Tratándose de Vespa, nunca se sabe.

Fotos de la Vespa PX 150

Fotografías por: Manu Lozano

La alternativa

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Comentarios (8)

  • cca
    cca 11-07-2012

    Me acabo de "enamorar" (vendo mi xmax 250)

  • Oso
    Oso 11-07-2012

    No le vendria mal un motor automatico e inyeccion, incluso start stop. Podrian volver a hacer la Primavera, venderian bastantes!

  • oso
    oso 11-07-2012

    Me encanta. No estaria mal un motor 2t inyeccion, o un 4t automatico en ese chasis! Asi como volver a hacer la Primavera, se venderian bastantes si las pusieran a precio. En total he tenido 3 PX 200, y en la actualidad sigo poseiendo una, una 2003 con disco (el avance que necesitaban las vespas de toda la vida, uno de los mejores avances que se le hicieron con los años) que no me pienso vender nunca. Se la recomiendo a todo el mundo, bajo mantenimiento, recambio barato, seguro barato y totalmente personalizable a tu gusto

  • oso
    oso 11-07-2012

    Me encanta! He tenido tres PX 200, actualmente una 2003 con disco (el mejor avance que se le puso a la PX), van de maravilla, bajo mantenimiento, recambio barato, seguro barato, y 1001 accesorios para personalizarlas. No estaria mal que le montaran un motor con inyeccion o un 4t automatico, asi como la reedicion de la primavera, con inyeccion y freno de disco!

  • auregonza
    auregonza 11-07-2012

    Yo tengo actualmente un PX disco año 2007 de las ultimas que se fabricaròn antes de su resurecciòn en el 2011. Estoy encantado con ella, cuando llevo dos dias sin cogerla siento el mono de vespa.
    Estoy de acuerdo con lo comentan algunos compañeros de si volvieran a fabricar la primavera venderian por un tubo. Pero amigo las primaveras ya no tienen el sonido de una PX que cuando te viene de espalda dices ahi viene una PX.

    Saludos

  • cucu
    cucu 11-07-2012

    carisima

  • ovissani
    ovissani 11-07-2012

    interesante manera de mantener vigente un mito que genero una industria, la del scooter!!!!!!!!

  • Jossharley
    Jossharley 12-07-2012

    Pues yo vendo la mia que esta nueva es original del año 98 y es de 200 en blanco, por 1200 €, si os interesa llamar al 655188653

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