1998-2018: 20 años del mejor año del motociclismo


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No queremos despedir 2018 sin recordar las dos décadas que se cumplen de uno de los años más 'locos' en el mercado de las dos ruedas... ¿Os acordáis?

A finales de los noventa se produjo un 'baby-boom' en el mundo de las dos ruedas. Algo sucedió y las motos se pusieron de moda, y las cifras de nuevos motoristas se dispararon. Junto a una bajada de precios generalizada debido en parte a las importaciones paralelas que llegaban al mercado europeo, los más veteranos al manillar, una generación de motoristas terriblemente rápidos con nuevas suspensiones y ruedas aceptables, volvieron a nacer. Eran buenos años y los motoristas celebraban esa prosperidad y esa determinación de permanecer jóvenes con el icono definitivo de libertad y juventud: la moto. Una nueva y reluciente moto.

Cualquier año que viese una renovación de la Fireblade, una nueva generación de ZX-9R (16 CV más y 33 kg más ligera) una nueva GSX-750R inyectada y la nueva VFR800, debería ser recordado con veneración. Pero fue en sólo un mes. Enero de 1998 marcó el resto del año. Para cuando llegó junio, ya estábamos severamente alucinados. ¿Hasta dónde iban a llegar? 1998 fue uno de los últimos grandes años en lo que ha desarrollo de máquinas se refiere. Fue la última vez que las motos se ajustaban para conseguir prestaciones y no para reducir emisiones. La Euro I era tan poca cosa que no hubo diferencia, a no ser que fueses en una dos tiempos. Y eran motos de carretera. Las superbikes aún eran japonesas de 750 cc y Ducatis, por lo que las motos de gran cilindrada se desarrollaban a partir de motores de largo recorrido, relativamente tranquilos de revoluciones, enormes en los medios y con una posición de pilotaje que permitían algo más que una tarde de paseo.

Yamaha YZF-R1

Por aquel entonces no había carreras serias para motos de un litro, de modo que Yamaha pudo desarrollar una superbike para carretera, de carrera larga y llenísima de medios. Lo lograron. El caso es que también le sacaba 10 CV arriba de todo a las 900 de la competencia. Pero la clave fue el trabajo conjunto en chasis y motor.

En Yamaha querían un chasis corto para ganar agilidad en los giros, con un basculante largo para mejorar la estabilidad a altas velocidades. De modo que le embutieron la caja de cambios al motor para mantener el conjunto compacto, como sus 500 GP V4, y seguramente no era coincidencia que la batalla y su proporción respecto al basculante fueran los mismos que los de sus motos de 500 GP, que eran conocidas como las más manejables del momento.

Se diseñaron horquillas de largo recorrido para mantener la rueda contra el suelo bajo tremendas aceleraciones, y disponía de los mejores relojes jamás vistos, con un parcial de gasolina independiente para saber hasta dónde llegabas en reserva.

Desgraciadamente, la moto se adelantó tecnológicamente un año a los neumáticos, y demasiadas R1 no calzaron un segundo juego después de perder rueda en alguna curva fría en carretera, o haciendo tandas.

Honda Fireblade

Más poderosa y ligera que nunca, con suspensión mejorada y frenos para apurar aún más. Y como toque maestro de Honda, la posición de conducción se adelantó al estilo sport-tourer. Esta Blade es posiblemente la mejor de la era Baba.

Fácil de llevar tan rápida como quieras y construida como sólo saben hacerlo en Honda. A finales de año ya era una superventas, y teniendo en cuenta que ese año no dábamos abasto con tanta moto espléndida, eso es mucho mérito.

Kawasaki ZX-9R

Cualquier otro año, la ZX-9RC1 habría sido la reina. Más ligera que la Honda, con 12 CV más y un chasis agresivo pero confortable para el día a día, la ZX del ‘98 era todo lo que no era la del año anterior. En verde o azul era impactante.

Y andaba como un tiro, como toda buena Kawasaki. Obviamente podía dar problemas con la calefacción de los carburadores (es una Kawa) y los ajustes originales de suspensiones sólo servían para un piloto ligerito, pero la amábamos. Aún la amamos.

Honda VFR800

Totalmente nueva en 1998, con motor inyectado supuestamente inspirado en el de la RC45 de carreras, su código de fábrica era RC46. Eso molaba lo suficiente para hacernos olvidar los frenos combinados y un estilo menos atractivo que el de la saliente 750.

Típico de la VFR, el nuevo modelo no era más potente y pesaba algo más. Pero, aparte de alguna tontería eléctrica, sigue siendo una de las mejores motos de carretera nunca jamás construidas.

Aprilia RSV1000 Mille

Si no recuerdo mal, “mille” es mil en italiano. Así que es la 1000, llámala como quieras, pero en muchos aspectos fue la moto de 1998. Tenía el exotismo de una italiana, con la calidad de construcción de una japonesa y un precio a medio camino entre ambas.

Aprilia dio el campanazo con la RSV. Iba como una flecha, tenía carácter propio gracias a su motor Rotax V2 y era confortable para cada día. Posiblemente la elección de amortiguadores Sachs no fue un acierto, pues se fatigaban con facilidad, y eso de pintar las pinzas de freno en rojo, debió ser una broma que se les fue de las manos. Pero a pesar de eso, la RSV merecía ser una vencedora.

Honda CB600F Hornet

Una versión desinflada del motor CBR de hacía cuatro años, en un chasis naked diseñado para la diversión. En Inglaterra no pudieron llamarla Hornet, pues el nombre pertenecía a un antiguo constructor de coches, pero les dio lo mismo. La primera Hornet 600 era rápida, pero con defectillos.

Posiblemente lo más parecido que ha estado Honda de una RD350 de cuatro tiempos, una moto gamberra en varios aspectos. Los neumáticos gordos como los de una Blade la hacían entrar bien en curva, pero luego perdían agilidad. El motor tanto iba dormidito en ciudad, como podía arrancarte la cabeza con su aceleración, pero en Honda no se molestaron en montar unos frenos algo más efectivos para los menos experimentados. Tampoco pelearon mucho con el precio, superior al de una Bandit, o al de la Fazer, semicarenada.

Yamaha Fazer 600

La sorpresa de 1998. Yamaha encajó el motor desinflado de una Thundercat en el chasis de un modelo 400 exclusivo de su mercado (Fazer) y construyó una de las mejores polivalentes de la historia. Paseo, viaje, o animaladas. Neófitos y veteranos se enamoraron de la Fazer porque era sencilla, barata y divertida. Nos costó un poco su diseño, pero ha envejecido muy bien y con un carenado decente, ruedas de medidas razonables y con más autonomía que la Hornet, fue la Fazer la que se llevó el gato al agua sin recurrir a grandes descuentos.

Kawasaki ZX-6RG1

Más cercana que antes al planteamiento de la CBR, era confortable y atractiva. Y siendo una Kawasaki, era endiabladamente rápida, pero fallaban las suspensiones. Los frenos de seis pistones eran toda una novedad en una moto mediana, pero el disco tendía a deformarse, como de costumbre.

MV Agusta F4 750

Heredera de una larga saga, que asomó la cabeza brevemente en 1998, aunque en realidad no llegó a la calle hasta el 99. Construida en la tradición MV de carreras, la F4 casi no disponía de bajos ni medios, y lo entregaba todo arriba, gracias a un estridente motor realizado en colaboración con Ferrari, que llevaba el logo MV por todos lados, pero que era demasiado parecido a un motor japonés de carreras. Afortunadamente, era tan bonita que aún nos enamora. Desde siempre, la marca de Castiglioni anda con las finanzas justas en relación a su producción y ha ido pasando de manos. Ahora le toca el turno a Harley-Davidson, a lo mejor lo consiguen.

Suzuki TL1000R

La superbike de Suzuki prometía mucho y daba el pego, pero resultó ser demasiado larga, pesada, con un manejo cuestionable y un motor que no terminaba de satisfacer por su escasa entrega de potencia.

BMW R1100S

Una brillante rival para la VFR de excelente manejo. Era la primera BMW con caja de seis marchas en su motor bóxer potenciado y escapes bajo el asiento. Era estupenda de conducir, y la zaga resultaba muy bonita, pero de frente era mejor no mirar demasiado. Y salía más barata que la VFR.

Triumph Sprint ST

Lanzada a finales del 98, esta rival de la Honda VFR era casi tan buena como la japonesa. Casi. Ofrecía mejor par motor, era fácil de llevar y tan cómoda como la Honda, pero como conjunto no era tan convincente.

Honda Deauville

La vedette ignorada del 98. Era una NTV650 replanteada como una mini Pan-Euro, pero resultaba ser algo mejor que eso. Raramente mencionada por la prensa, pero comprada y amada por un montón de felices propietarios.

Fotos de '1998-2018: 20 años del mejor año del motociclismo'

 

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