Bessie Stringfield... la motera que venció al racismo


Vota

0 0

Era negra, era mujer... y se atrevió a ir en moto cuando hacerlo era cosa de hombres... y de blancos.

Reivindicativa y luchadora, Bessie Stringfield fue una verdadera heroína que acabó ganándose el sobrenombre de “Reina motera de Miami”...

Aunque nació en Kingston -capital de Jamaica- en 1911, la pequeña Bessie se crió en Boston tras quedarse huérfana a los 5 años. Y no era fácil, nada fácil, ser una chica negra en los años 20 en Estados Unidos. Aunque con mucha menos virulencia que en los estados sureños, también en la teóricamente más liberal Massachusets las barreras raciales representaban un escollo insalvable.

Los roles estaban claramente definidos en aquella sociedad; el servicio doméstico o el mundo del espectáculo para la raza negra... y todos los demás para la blanca.

En la medida que costaban mucho dinero y no estaban al alcance de la inmensa mayoría de la población afroamericana, las motos se habían convertido en un privilegio exclusivo de blancos. Y en la medida que no se esperaba de una verdadera dama que se paseara por ahí a horcajadas en una máquina ruidosa y humeante..., se habían convertido también en un territorio exclusivo de los hombres.

Un panorama nada halagüeño para una chica jamaicana a la que le encantaba pilotar motos y quería demostrar con ello, de paso, que era capaz de hacerlo tan bien como cualquier joven blanco.

Durmiendo en garajes

La pequeña Bessie fue adoptada cuando murieron sus padres por una mujer irlandesa sin hijos que, a pesar de que nunca le permitió llevar sus apellidos, la adoraba y le permitía muchos caprichos. Cuando cumplió los 16 años y su madre adoptiva le preguntó qué regalo deseaba, la respuesta de Bessie fue tajante: una moto. La cara de su madre fue un poema; si su hija le hubiera dicho que quería un submarino no se hubiera sorprendido tanto..., pero el caso es que a la mañana siguiente un flamante último modelo de Indian Scout lucía aparcada frente a su casa.

Tras la alegría inicial, sin embargo, nuestra protagonista descubrió entonces que existía otro problema: no sabía conducirla... y nadie quería enseñarle. Ninguna escuela de conducción quería cargar con el sambenito de ser “para negros”..., así que tuvo que aprender por sí misma.

Aquella, por cierto, sería su primera y última Indian. Tras ella vendría la primera de las 27 Harley-Davidson que poseyó a lo largo de su vida, marcada por una fidelidad absoluta a la marca de Milwaukee.

Tres años más tarde las carreteras de Boston se le habían quedado pequeñas y Bessie decidió comenzar su gran aventura motera recorriendo los 48 estados de su país.

El reto era temible; no solamente por la incertidumbre que representaba cualquier viaje de ese tipo en 1930 sino porque esa travesía implicaba enfrentarse a un obstáculo mucho más peligroso que el frío o la lluvia: el racismo.

Años después, ya convertida en una celebridad, recordaba que en muchas ciudades le negaron alojamiento sin más argumento que “no alojamos a negros” y se vio obligada a dormir en las áreas de servicio de las gasolineras. Doblaba su chaqueta entre los manillares, apoyaba los pies en los estribos traseros y dormía encima de su moto.

En otra ocasión, atravesando las Stone Mountain en Georgia, tuvo que escapar de una emboscada del Ku Klux Klan saltando en marcha de su moto...

Fue durante ese viaje y ante la necesidad acuciante de ingresar algún dinero cuando descubrió que su habilidad al manillar le permitía exhibirse en algunas ferias y Bessie comenzó a seguir el circuito de los espectáculos motociclistas tan populares en la década de los 30 con el nombre artístico de la “Negro Motorcycle Queen”.

¡Una guapa chica negra al manillar de una potente moto era toda una rareza!

Una guerra particular

La entrada en la Segunda Guerra Mundial de los Estados Unidos supuso un nuevo reto para la animosa Stringfield. El ejército buscaba entre los jóvenes aficionados a las motocicletas voluntarios dispuestos a alistarse en las unidades motoristas y Bessie acudió a la llamada del Tío Sam.

El ejercito norteamericano no mandaba mujeres al frente en unidades de primera línea y Bessie ya tenía 30 años pero el US Army no estaba dispuesto a dejar escapar su experiencia así que fue asignada a una unidad de enlace interior, con la responsabilidad de hacer llegar documentos confidenciales entre las distintas bases en suelo americano. Fue la única mujer de su unidad y recibió un estricto entrenamiento en el que aprendió, por ejemplo, a cruzar ríos con su Harley-Davidson WLA militar improvisando poleas entre árboles.

Durante los cuatro años que estuvo en servicio -hasta el final de las hostilidades- cruzó los Estados Unidos ocho veces, la mayoría de ellas de noche y por carreteras secundarias para evitar posibles encontronazos con espías que quisieran acceder a su preciada carga.

Ni siquiera en esa circunstancia dejó de golpearla el látigo de la discriminación racial; en una acción de servicio por un estado sureño fue echada intencionadamente de la carretera por el conductor blanco de una pick-up.

La guerra la desgastó física y anímicamente y en 1950 decidió instalarse en Miami y vivir su madurez bajo el cálido sol de Florida. Nada más cruzar la frontera del Estado un policía la detuvo en el arcén y sin más preámbulos le espetó un hiriente "nigger women are not allowed to ride motorcycles". De hecho era cierto; las autoridades locales no expedían la necesaria licencia para conducir motocicletas a ningún aspirante negro pues los consideraban poco hábiles para ello. Sin pensárselo dos veces Bessie se plantó delante del responsable -un capitán de la policía de tráfico- y le retó a que hiciera con su moto lo mismo que ella hacía con la suya.

No sólo ganó el desafío sino la amistad del funcionario y nuestra heroína salió de allí con su flamante carnet de conducir válido para todo el Estado de Florida en el bolsillo.

Se instaló en Miami, encontró trabajo -como cocinera primero y enfermera en un hospital después- y fundó el “Iron Horse Motorcycle Club” para proporcionar en su casa un punto de reunión a los moteros locales.

¡¡¡Llega la Reina!!!

 Estas pequeñas grandes victorias por la igualdad no podían ocultar una realidad mucho menos épica: se estaba quedando sin dinero..., y su sueldo no daba para más. Ante la dramática situación de su economía optó, de nuevo, por una solución arriesgada: participaría en una carrera de flat-track dotada de una generosa bolsa de premio. Solamente había un pequeño detalle que solventar: en aquel momento no se permitía a las mujeres -fueran blancas o negras- participar en carreras motociclistas..., así que lo haría vestida de hombre y con una identidad falsa.

Efectivamente ganó la carrera pero Bessie se equivocó en una cosa; pensó que, al quitarse el casco y comprobar que se trataba de una mujer, se ganaría las simpatías del público..., pero no fue así y los organizadores se negaron a pagarle el premio.

El gesto -sin embargo- no pasó desapercibido para la prensa la cual, tras conocer la apasionante historia de aquella osada mujer negra, la bautizó como “la Reina Motorista de Miami”.

A partir de ese momento se convirtió en uno de los personajes más populares de Miami y su presencia encabezando desfiles y actos cívicos fue habitual hasta su fallecimiento en 1993, a los 82 años. En el año 2000 la AMA -American Motorcyclist Association- decidió entregar cada año el premio “Bessie Stringfield” a la mujer que más hubiera destacado por cualquier razón en el mundo de la moto y en el 2002, finalmente, la misma asociación incluyó en el “Hall of Fame” a esta valiente mujer que se casó y divorció seis veces y proclamó, con sentido del humor “yo siempre he estrenado todas mis motos. Lo único que he tenido de segunda mano han sido maridos”.

Fotos de 'Bessie Stringfield... la motera que venció al racismo'

 
Da tu opinión

Comentarios (2)

  • josepsempereisoler
    josepsempereisoler 22-09-2017

    Magnífico artículo

  • josepsempereisoler
    josepsempereisoler 22-09-2017

    Magnífico artículo. Perfecta documentación

Añadir un comentario

  • * Esta información no se mostrará
Estoy de acuerdo

Uso de cookies

En Motofan utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus gustos mediante el análisis de comportamientos de navegación. Si hace click en el botón "Estoy de Acuerdo", consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestras Condiciones Legales, sección "4.8. Cookies e IPs"