Cómo hemos cambiado… vistiendo en moto


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La evolución de la tecnología y materiales del equipamiento motorista ha ido a la par que la de las propias motos

Prendas cada vez más especializadas, diseños cada vez más cómodos, tejidos cada vez más resistentes y ligeros... el salto que la ropa técnica ha experimentado en las últimas dos décadas ha sido casi tan vertiginoso como la velocidad de la industria auxiliar en adaptarse a las nuevas necesidades de los motoristas.
En España, el único complemento legalmente obligatorio para ir en moto es el casco pero ¡atención! esto podría cambiar muy pronto si sale adelante el plan de la DGT que pretende ya desde 2017 hacer igualmente obligatorio chaqueta y guantes.
Obviamente que no sean, todavía, obligatorios no quiere decir que no sean imprescindibles sino que la ley -en este sentido- va por detrás de la realidad.

No es la primera vez que ocurre.
Cuando la moto comenzó a ser un medio de transporte popular, sus pioneros se encontraron con el problema de la falta de un equipamiento específico. En aquel momento, a principios del siglo XX, lo más parecido a lo que se buscaba era la ropa empleada por los aviadores y la gente de la moto la adoptó como propia generando un estilo que -con sus variaciones- se mantuvo casi durante medio siglo y de la que es una reminiscencia la devoción motera por las gruesas chaquetas de cuero.

¡No somos aviadores ni astronautas

La ropa de aviación -como la de esquí o la náutica, también adaptada en ocasiones al uso motero- tenía, sin embargo, un grave inconveniente y era que -aunque abrigaba- no protegía adecuadamente al motociclista. A mediados de los 60 del siglo pasado aparecieron las primeras marcas de equipamiento especializado y las primeras propuestas sólo para motoristas. Eran prendas que protegían razonablemente pero todavía pesadas e incómodas... y en muchos casos inviables al bajar de la moto.

El siguiente paso en esta evolución se dio en los 70 con la popularización de los proyectos de la NASA y la aparición de nuevos tejidos y materiales asociados a la carrera espacial. El punto de inflexión fue tremendo y los esfuerzos de la industria se centraron, a partir de ese momento, en desarrollar prendas más ligeras, resistentes y ergonómicas.

Llegan los nuevos tejidos

Y llegaron los 90, con la aparición de multitud de marcas luchando por abrirse un hueco en el activo mercado del equipamiento para moto. En ese punto fue cuando las empresas más avezadas tomaron la delantera con elementos innovadores.

Compañías que no solo hacían prendas para proteger sino que además las confeccionaban de manera elegante y funcional. Posibilitar, también en la ropa, un uso “conmuting” que permitiera usarla igualmente al bajarse de la moto. Este es el caso de prendas como por ejemplo la clásica chaqueta “3/4” que ha conseguido tener una versión no sólo elegante sino también apta, homologada y específica para moto gracias al desarrollo de marcas como la italiana Tucano Urbano.

El futuro... que ya está aquí

Evidentemente esto era difícil de conseguir mientras se tuviera que trabajar con tejidos gruesos, duros y permeables... pero la popularización de la poliamida en los 90 lo cambió todo. Se trataba de un material textil artificial que imitaba las estructuras internas de la seda y ofrecía una gran flexibilidad e impermeabilidad. Aunque se conocía desde los años 20, en aquel momento era extraordinariamente caro -el kevlar es también una poliamida- y hubo que esperar a que su producción se abaratara para verlo integrado masivamente en los equipamientos técnicos motociclistas.

Las fibras artificiales permitieron diseñar prácticamente cualquier tipo de prenda motera con un grado excelente de abrigo y protección. La mayor o menor funcionalidad la daba el número de capas de estos tejidos poliamídicos que el fabricante considerara oportunos añadir para asegurar su buen rendimiento.
La oferta se ha ampliado de tal manera que disponemos no solo de atractivas chaquetas técnicas, sino también de zapatillas, zapatos, pantalones vaqueros e incluso camisas con protecciones para ser usadas en moto.

En cualquier caso conviene insistir en que lo que da a una determinada prenda su condición de “motociclista” no es tanto el diseño como la protección que proporciona la incorporación de componentes antiabrasivos, reflectantes, rodilleras, coderas y etc.

Los especialistas tienen claro que el futuro de la ropa técnica motociclista pasa por la integración de la electrónica en las propias prendas. Hay marcas que con una visión clara a medio/ largo plazo son capaces de dar respuesta a las exigencias de los usuarios de las dos ruedas de la manera más creativa e ingeniosa. Tucano Urbano por ejemplo cuenta con los guantes Wagner que incorporan control remoto para la apertura del garaje. También se trabaja en navegadores pasando por los teléfonos y “manos libres”... tejidos táctiles y diseños ad-hoc que permitan al usuario interactuar con sus dispositivos sin dejar de estar abrigado y protegido. Incluso sensores de constantes vitales y de calor capaz de regular de forma inteligente la temperatura corporal del conductor o de mandar una señal a emergencias si detecta alguna parada crítica, Algunos de estos sistemas están ya presentes es opciones de equipamiento “Premium” y para otras habrá que esperar un poco más pero son plenamente factibles ya a medio plazo.

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