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Ese “algo más” que requiere el DakarDe Motu Impropio


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Cuando el rally Dakar era el rally Dakar de verdad y para correrlo importaban más las narices que los patrocinadores, las motos eran las verdaderas estrellas.

Su creador, el malogrado Thierry Sabine, repetía siempre que se lo preguntaban que los verdaderos héroes del Dakar eran los motoristas. Que nadie sufría más que ellos y que la verdadera esencia del Dakar solamente podía entenderse desde una moto.

Y él sabía de lo que hablaba porque era uno de ellos.

De hecho la idea del primer “París-Dakar” le vino a la mente tras perderse al manillar de su Yamaha XT500 durante una etapa del rally Abidjan-Niza en 1977.

Cuando Sabine estaba al frente de la organización, él mismo se encargaba de interrogar personalmente a los nuevos aspirantes a correr la prueba. No se interesaba por sus patrocinadores ni por si su vehículo era oficial ni por su relación con los medios.

Simplemente se sentaba frente a ellos, les miraba en silencio durante unos instantes y les preguntaba de sopetón por qué querían participar en el París-Dakar, cómo se habían preparado para hacerlo y lo más importante: si eran plenamente consciente de que aquello no se trataba de un paseo turístico y comportaba muchos riesgos.

Con eso bastaba..., y más te valía ser honesto al responder, porque si Sabine consideraba que no habías aprobado este breve y conciso examen no participabas en “su” carrera ni aunque tus patrocinadores fueran todos los jeques del mundo y todas las empresas del Silicon Valley a la vez.

Thierry Sabine falleció en un desgraciado y nunca suficientemente aclarado accidente de helicóptero en Mali el 14 de enero de 1986. Hasta ese momento el rally mantenía su carácter eminentemente aventurero porque aunque las marcas tenían una presencia oficial cada vez mayor seguía tratándose de navegación, de sortear obstáculos y de jugarse el tipo..., y en esas circunstancias poco importa si tu moto es de fábrica; la diferencia la marcan la experiencia y los bemoles.

El testigo lo recogió su padre Gilbert, un ex piloto de rally también apasionado por la aventura que intentó preservar el espíritu de la obra de su hijo..., pero sin el carisma y determinación de su hijo. Fue presa fácil para la ASO, la “Amaury Sport Organization” que llevaba tiempo queriendo hacerse con el control de la prueba. La ASO es la principal promotora deportiva de Francia y organizadora entre muchos otros eventos del Tour de Francia, la París-Roubaix o el Open de Francia de golf, y trató al rally exactamente con los mismos criterios. Abrió la puerta a los grandes patrocinadores y equipos oficiales y convirtió cada final de etapa en una especie de “meta volante” preñada de pancartas y responsables de prensa e imagen.

En si mismo esto tampoco sería negativo; el deporte actual funciona así y el Dakar no iba a ser una excepción, sobre todo en manos de unos gestores que lo asimilaban a cualquiera otra de su franquicias. Lo que sí resulta criticable es que para ello relegaron a los privados -el verdadero germen de la prueba- a la condición de “molestia”. Los patrocinadores pagaban una fortuna para salir en la tele y disponer de espacios y no iban a ocuparlo aventureros esponsorizados por la ferretería del barrio..., y ahí, justamente ahí, murió el verdadero Dakar.

¡Cuidado! con todo esto no estoy diciendo que el rally que transcurre por Perú no sea una prueba durísima y sus participantes unos melifluos ni resto méritos a quienes logran ganarlo. Lo que estoy diciendo es únicamente que se ha convertido en otro tipo de carrera..., más cercano a un rally convencional sobredimensionado en el que solamente prima la velocidad que a un raid de aventura.

Y buena prueba de ello es que en cuanto han aparecido dunas más exigentes de lo que habían sido hasta la fecha en las anteriores ediciones sudamericanas, han comenzado a caer estrepitosamente incluso laureadísimos campeones del mundo.

Tampoco en esto sería justo cargar tintas contra los pilotos porque la inmensa mayoría de ellos son incuestionablemente gente que va muy pero que muy deprisa -¿alguien puede dudar que Sebastian Loeb, por ejemplo, conduce como los ángeles?- pero a la que, probablemente también, falta ese “algo más” que se necesitaba para enfrentarse a un Dakar.

Al menos al “verdadero” Dakar.  

Fotos de 'Ese “algo más” que requiere el Dakar'

 

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