Guía del saludo motero: ¿conoces todas las variantes?


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Todo motero que se precie conoce una de las tradiciones más consolidadas y más amables del mundo de las dos ruedas: el saludo

En el mundo de las dos ruedas existe un gesto que define y distingue al verdadero motero: el saludo. La pasión por esta diabólica máquina de libertad hace que nos convirtamos en camaradas que comparten toda una filosofía de vida. Y por esto nos sentimos tan hermanados y encantados de cruzarnos con un compañero y saludarle, expresando así nuestra simpatía por compartir tan fantástica afición.

Nadie sabe con certeza dónde y por qué nació. Florecen teorías de todo tipo y condición. Unas aluden a la necesidad de reconocerse en los semejantes cuando las motos eran muy minoritarias. Otros aseguran que fueron los militares quienes lo inventaron para comunicarse mientras se trasladaban en moto durante los avatares de la guerra.

Lo que está claro es que todo motero que se precie muestra este signo de camaradería tan peculiar. Le nace desde lo más profundo y cuando ve a lo lejos la figura del compañero, le surge la necesidad de compartir ese fugaz pero grato momento. Los dedos de la mano izquierda, por ser la que está libre del mando del gas, se preparan. Los ojos van enfocando poco a poco la línea del aparato que se nos acerca para verificar que se trata de una moto.

Y una vez reconocida, se inicia el proceso mágico del saludo. La mano se eleva y se forma una uve con los dedos índice y corazón. Bien alta y bien visible. Y automáticamente, se proyecta el reflejo idéntico en la moto que viene de frente. Es un gesto universal que nos dignifica como colectivo y que nos hace más humanos, más solidarios. Ningún otro colectivo realiza este ritual. Dicen que lo hacemos porque somos pocos. Porque somos marginales. Porque somos diferentes. Porque somos especiales. Puede ser. En cualquier caso, el motero se siente orgulloso de serlo. Y con razón. Sin embargo, el saludo motero tiene muchísimas variantes.

El clásico

Una buena carretera sin curvas, un momento de relajación, un motero de pro, una velocidad adecuada y un lugar sin tráfico. Vas viendo a lo lejos cómo se acerca una luz en el horizonte, que promete ser lo que esperas. Cuando te cruzas, sucede. Levantas el índice y el corazón formando una V. Y esperas ansioso la respuesta. De nuevo sucede. Ves como la otra mano te recibe con su propia V. El ruido de la máquina al pasar se queda un momento en tus oídos y la imagen se mantiene en la retina, retumbando en resonancia con tu propia sonrisa.

¡Pies fuera!

Variante dicharachera del saludo habitual. Al cruce, el piloto saca el pie del estribo y lo balancea ligeramente, como si estuviera descansando de las botas. No se sabe la verdadera motivación de este gesto. Puede ser por desidia, por aprovechar el momento para relajar los apoyos o por hacerse el original. Cuando lo ejecutan los moteros racing proyecta un ligero matiz competitivo, como incitando al toro. Cuando lo realizan los custom, parece más una chulería, como diciendo "aquí llega el figura".

Ráfagas

La ley lo prohibió pero, hasta ese momento, los moteros también saludábamos mediante garbosos cambios de luces. Este saludo se ejecuta con un toque breve al botón de las ráfagas. Los más entregados disparaban varios destellos. Se usaba para ir avisando de nuestra aproximación. Cuando ya se había captado la atención del motero, se procedía a saludar con la V. Otros se daban por satisfechos sólo con las ráfagas. Hoy día apenas se ven por las carreteras, pero algunos valientes aún te inundan la retina con la alegría de la luz viajera.

El apresurado

A veces uno va tan pensativo y meditabundo que el proceso habitual de preparación del saludo se pasa por alto. No ves la moto hasta que la tienes encima y cuando lo haces ya tienes la V del compañero prácticamente en las mismas narices. Reaccionas como un rayo y te recompones a velocidad de vértigo. Sacas apresuradamente los dedos y formas tu saludo como una exhalación. Lo conseguiste.

El despistado

Vamos tan absortos en nuestros pensamientos que nos cruzamos con un motero y nos damos cuenta del saludo justo cuando ya ha pasado. Le lanzamos una V desesperada con la esperanza de que le alcance en alguna parte de su subconsciente pero no podemos aliviar la pena de no haber podido responder al saludo. Una desazón nos embarga hasta que nos cruzamos con otro motero y realizamos un saludo exagerado, seguramente para compensar el despecho involuntario hacia nuestro amable desconocido.

El apasionado

Los ves venir de lejos porque empiezan a soltar ráfagas, a sacar el pie y hacer aspavientos de lo más variopintos. La sonrisa se te va formando incluso antes de cruzarte. Y no puedes evitar contagiarte del entusiasmo y empezar tu propio festival de eufóricos gestos sobre-actuados.

El sobrado

Motero RR en plena curva, inclinado y arrastrando la rodilla. Sin embargo, en plena trazada límite, el tipo saca su manita, levanta una V impresionante y te mira con toda tranquilidad. Tu asistes al evento imposible con una mueca de sorpresa y tratando de imitarle pero apenas consigues un ridículo saludo.

El acojonado

Te coge en plena tumbada, tratando de responder al sobrado. Intentas corresponder como puedes, desconcentrándote y sacando con mucho riesgo dos míseros deditos sin despegar el resto de la mano del puño del gas. La V que se forma es raquítica, apuntando al suelo y más pareciendo dos gusanitos anémicos. En tu interior esperas que comprenda que no eres tan bueno como para saludar rodilla en tierra.

El gran susto

Acontece cuando cometes el error más sonado de la historia de los saludos moteros. Ese que vas tan ufano por una tranquila carretera, y ves relumbrar a lo lejos el foco de luz, promesa de cruce motero por antonomasia. Pero ese día te pilla tan contento que te da por hacer el saludo apasionado, con destellantes cambios de luces, pitidos y sacadas de pierna. Lanzas una V que no te cabe en el guante y en ese mismo momento te das cuenta que es la moto de…¡¡la Guardia Civil!! Recoges inmediatamente la mano y te aferras al manillar tratando de disimular lo indisimulable. Con enorme expectación, miras de reojo a ver cómo se lo toma el guardia y entonces pueden pasar tres cosas: que el guardia sea un hueso y te detenga metiéndote un puro de proporciones industriales; que el guardia sea un cachondo, se parta de risa bajo el casco y pase de largo; o que el guardia sea motero y te devuelva el saludo. Y entonces el mundo, de pronto, te parece un lugar inmensamente feliz y amable.

No sólo hay saludos entre desconocidos. La cultura popular motera también recoge aquellos saludos y símbolos a los que los compañeros de viaje recurren para comunicarse, tanto entre pilotos como entre piloto y paquete.

- Con los pilotos

¡Todo perfecto!: pulgar hacia arriba con el puño cerrado o formar una 0 con dedo pulgar e índice y el resto extendidos
Echar gasolina: señalar con el dedo pulgar hacia el depósito.
Parar a comer/beber: juntar las puntas de los dedos y señalar hacia la boca/pulgar
Peligro indefinido: bajar y subir la palma de la mano reiteradas veces rogando calma
Presencia de Guardia Civil: gesto similar al de peligro indefinido. Antaño se realizaba con las ráfagas.
Accidente: gesto similar al de peligro indefinido con intensidad proporcional a la gravedad del accidente
Intermitente olvidado: juntar y abrir las puntas de los dedos de modo alternativo.
Tener sueño: inclinar la cabeza y apoyar la mejilla sobre la palma de la mano
Paramos en la próxima: indicar con la mano el cartel de la salida más cercana
Adelantadme: se barre hacía adelante con la mano abierta invitando a pasar
Susto en la conducción: se sacude la mano rápidamente como cuando te la quemas o te la golpeas con un martillo

- Con el paquete

Vas muy deprisa: pellizco en las costillas de intensidad proporcional al exceso de velocidad. Muy eficaz.
¡Dale gas!: si es mujer, abrazo de oso alrededor de la cintura. Si es hombre, se echa hacia adelante para apoyar las manos en el depósito.
Llamar la atención: palmada suave en los hombros o en las costillas si hay confianza.
Señalar un suceso: primero la llamada de atención y una vez lograda, se señala con todo el brazo extendido para que se pueda ver la dirección del dedo
¡Estoy harto de cascazos!: cuando el pasajero no para de darte molestos toquecitos (involuntarios, lo sabemos) en la nuca, se echa hacia atrás la cabeza y se golpea violentamente el frontal del casco del paquete. Que se note que ha sido a conciencia.

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