La era de la eñe en el Mundial


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Digámoslo sin grandilocuencia pero con realismo. No existe en la historia del Mundial una era de dominio logrado en tan poco tiempo como la española actual.

Desde 1949 -año en el que arrancó el campeonato del mundo de motociclismo- dos grandes potencias habían sobresalido tradicionalmente sobre las demás en cuanto a palmarés; la británica y la italiana. De hecho su dominio fue tan apabullante que, hasta 1978, los dos países -o en su defecto pilotos de la Commonwealth formados en la escuela británica- se repartieron todos los títulos en juego de la categoría reina. En 350 el panorama estuvo más o menos igual hasta 1975 con la victoria del venezolano Johnny Cecotto y en 250 -si exceptuamos los títulos del germano Haas en 1953, 54 y 55- se dio exactamente la misma situación hasta 1972 con la llegada del fenómeno Saarinen.

En 125 había más variedad de banderas: por ahí estaban un austríaco, un suizo, un alemán y a partir de 1971 un español, nuestro eterno 12+1..., pero los italianos prácticamente monopolizaban las estadísticas.

Para ser sinceros y a la vista de estos datos se podría argumentar que, en realidad, aún nos falta mucho a los españoles para igualar a los transalpinos. Y si lo analizamos simplemente en base a la cantidad de títulos mundiales totales pues es cierto; solamente les sacamos tres a los ingleses y todavía hemos de conseguir 28 campeonatos más para alcanzar a nuestros competidores italianos.

El tsunami español

El análisis, sin embargo, exige ir más allá de lo meramente cuantitativo y tener en cuenta el factor temporal.

Es completamente cierto que nuestros pilotos no tuvieron más que presencia testimonial en las grandes cilindradas hasta finales de los 90 y que eso no debe hacernos infravalorar los éxitos de quienes sí estuvieron.

Pero también lo es que, tras esta ausencia histórica, España apenas ha necesitado poco más de una década para convertirse en la dominadora de las tres categorías del campeonato, plantar cara a la todopoderosa Italia y borrar del mapa motociclista al Reino Unido.

Y a diferencia de ambos países, que contaban con tradición en las grandes cilindradas y en el caso italiano de marcas líderes, lo ha hecho sin el respaldo de una industria nacional potente.

Porque ni Derbi ni Montesa ni Bultaco fueron nunca MV Agusta.

No existen precedentes en la historia de ningún deporte en el que un país sin antecedentes en la élite se haga en tan poco tiempo con un papel tan destacado. Quizás el caso más cercano pudiera ser el del golf y nuestro Seve Ballesteros..., aunque el palmarés posterior de nuestros golfistas no tiene nada que ver con el de nuestros pilotos.

Visión de presente... y de futuro

Paradójicamente son estos factores a priori nada halagüeños -el incorporarse más tarde y sin el peso de una tradición, a la categoría reina- los que precisamente explican la irrupción tan fulgurante del motociclismo español en MotoGP. Los españoles leyeron mejor que nadie que el campeonato se encontraba en un momento de transición y que el futuro iba ser decidido por los patrocinadores y no por las marcas como había ocurrido durante medio siglo, de modo que se dedicaron a seducir a los patrocinadores y no a los fabricantes.

Indudablemente, el hecho de que la empresa propietaria de los derechos del campeonato fuera española tuvo mucho que ver. Cuando el Mundial lo gestionaban los anglosajones resultaba extraordinariamente complicado para cualquier español hacerse oír más allá de los 125 cc. Las preferencias por australianos y americanos resultaban, en algunos casos, incluso insultantes mientras que los nuevos gestores derribaron esas barreras y generaron un clima de confianza que se lo puso más fácil a sus compatriotas y a los potenciales inversores.

Claro que de poco iba a servir todo eso si, una vez en pista, los españoles no ganaban carreras.

Urgía modernizar las estructuras de cantera y asegurar un flujo más o menos constante de chavales con posibilidades de llegar a lo más alto del Mundial.

Los viejos criteriums habían cumplido con creces su misión pero para jugar en la Champions de las motos se necesitaba otra fórmula...

Nada ocurre por casualidad

Y esa fue otra de las cosas que hicimos bien desde nuestro motociclismo; entender que al Mundial se debía llegar aprendido y que los alumnos más distinguidos debían pasar la revalida en un campeonato interior fuerte y bien organizado. Y como para eso se requería infraestructura, en apenas diez años pasamos del solitario Jarama y el antidiluviano Calafat a los circuitos de Jerez, de Cataluña, de Albacete, de Cartagena, de Cheste, de Almería, de Aragón, de Navarra...

A despecho de los vaivenes políticos o de las crisis económicas, lo incuestionable es que España ha invertido en dos décadas en motociclismo lo que otros países en setenta años y ahora son los demás los que llegan con retraso a una nueva etapa en la que la leyenda que pueda tener el veterano Brands Hatch importa menos que las facilidades para un buen tiro de cámara que ofrece Motorland.

El motociclismo británico ha desaparecido virtualmente de la élite porque ha sido incapaz de poner en marcha un buen campeonato nacional que asegure pilotos con el nivel suficiente para el Mundial de MotoGP. Mientras nuestro CEV se convertía en un campeonato Open en el que se primaba por encima de todo la competitividad, en el británico se primaba que fuera justamente eso..., británico.

La incertidumbre post-Rossi

El caso italiano es diferente; su certamen nacional no es extraordinario pero en el país se promueven tantos pequeños campeonatos -sobre todo a nivel regional- que lo suplen más por cantidad que por calidad..., aunque el mismísimo Valentino Rossi tuvo que foguearse en el Open Ducados antes de dar el salto al Mundial. Sin embargo, juega a favor del motociclismo italiano que es también el único con dos marcas propias en MotoGP y eso asegura la repercusión mediática de su industria y sus patrocinadores por encima incluso de eventuales resultados.

Pese a ello, más allá de los Alpes comienzan a pensar en el día después de la inevitable retirada de Valentino Rossi con la misma incertidumbre con la que los españoles vivimos, por ejemplo, la de Crivillé. En realidad no es nada nuevo y ocurre siempre que una leyenda deportiva de magnitud universal deja de estar en activo. Hará falta todavía un poco de tiempo para ver si la enormidad de la sombra del “Dottore” ha impedido el desarrollo de cualquier otro posible aspirante y si la hierba vuelve a crecer por donde ha pisado Valentino.

Eso sí, mientras tanto los nuestros seguirán dado guerra.

Y 28 títulos no son tantos, amigos míos...

EL DATO

Ninguno de los tres países que dominan el palmarés mundialista -Italia, España e Inglaterra- ha logrado títulos mundiales en todas las diferentes categorías que han conformado el campeonato desde su creación en 1949. Sin embargo, el motociclismo español ha ganado títulos en más categorías distintas que el italiano y el inglés pese a llevar menos años en la élite.

-Ningún piloto italiano ha ganado el título de 750 cc, 80 cc y todavía de Moto3.

-Ningún piloto español se ha coronado en 350 cc. ni en 750 cc. (Cuando Víctor Palomo ganó en 1976 lo que entonces era “Trofeo FIM” la categoría no tenía la calificación de Campeonato del Mundo)

-Ningún piloto inglés ha sido campeón mundial en 80 cc. Y hasta la fecha tampoco en MotoGP y Moto2. 

LA CURIOSIDAD

Suiza cuenta con 8 campeonatos mundiales (Taveri, Dorflinger y Luthi) pese a que las carreras de velocidad -tanto de motos como de coches- están prohibidas en el país desde 1955. Todos los títulos son posteriores a la prohibición 

Fotos de 'La era de la eñe en el Mundial'

 

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