MotoGP y su lado más seguro


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Dada la extrema dificultad de detener una MotoGP, los sistemas de frenado se convierten en parte fundamental de este deporte.

Todos estamos acostumbrados a observar a las motos más rápidas del planeta y sus aceleraciones que permiten conseguir velocidades inigualables en cada uno de los circuitos mundialistas, y que permiten llevar a estas máquinas de competición a exprimir al máximo sus posibilidades. Naturalmente, es obvio pensar que un vehículo de dos ruedas que pueda ir a velocidades tan impresionantes, también posea un sistemas de frenado igualmente eficaz, otorgando sensaciones de máxima seguridad a los pilotos durante las carreras.

Pata tener una idea más clara de lo que estos frenos de altas prestaciones pueden hacer, debemos referirnos a su fuerza de frenado, que es más del doble que la propia capacidad del motor: los frenos rondan los 600 CV de potencia total, un poder colosal para unos discos de frenado, y que permite a los equipos no sólo luchar por conseguir los mejores resultados en la pista, sino también salvaguardar la integridad de sus pilotos.

Si observamos más de cerca estos sistemas, entenderemos que el tren importante va a ser siempre el delantero, pues casi todo el peso de la frenada cae obviamente sobre la rueda anterior.

Discos de freno de carbono

Es bien sabido que la tecnología sigue brindando elementos innovadores no solo a productos de consumo masivo usados en la vida cotidiana como teléfonos, ordenadores, etc., sino que también ha ganado terreno en deportes de máximo nivel como el motociclismo y sobre todo la Formula 1, con el propósito de alcanzar los máximos títulos posibles en competición a partir de los elementos más seguros.

Los frenos de disco han ido evolucionando a lo largo de la historia y, si bien en el pasado se solían usar de acero -actualmente aún se montan en condiciones de lluvia- en la actualidad de MotoGP los equipos del Mundial usan el carbono, un componente que ya luce como el futuro de todos los vehículos de desarrollo industrial por todas las capacidades que puede aportar.

Gracias a su extrema ligereza en comparación con los discos de freno de acero, este material otorga al vehículo menor peso del habitual, aunque su vida útil es más corta, unos 1000 kilómetros. Para su correcto funcionamiento su temperatura tiene que ser elevada, con un margen de rendimiento que oscila entre los 200 y los 800 ºC, unas condiciones térmicas extremas que circunscribe su utilización tan sólo al ámbito de la competición. Los pilotos deben calentar los frenos durante el WarmUp para que durante el transcurso de la carrera su rendimiento sea el óptimo. Los tamaños de los discos suelen ser de 320 mm y un peso de 850 gramos aunque, dependiendo de la exigencia del circuito, pueden llegar a usarse de hasta 340 mm y 1.200 g.

Pasar de 320 km/h a 100 en menos de 5 segundos es todo un reto y por tanto se requiere de la tecnología de frenado más avanzada para que la seguridad de los pilotos no se vea comprometida.

Fotos de 'MotoGP y su lado más seguro'

 

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