Nos subimos a las Harley Davidson Softail Slim y Sporster Seventy-Two

Publicado el 21/02/2012


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Las dos motos que nos presenta Harley son de cine. Una rememora los años cincuenta y la otra, los años setenta. Las dos son unas custom muy auténticas, por su filosofía y estilo, y también porque una es una auténtica Softail bobber y la otra, una auténtica Sportster chopper. Entremos en detalle.

Si durante los últimos años la marca de Milwaukee mostró cierta predilección por imprimir a sus nuevos modelos un marcado aspecto dark custom, para 2012 ha desarrollado otra filosofía bien distinta.

También es verdad que la Softail Slim y la Sportster Seventy-Two, las dos motos presentadas en Marbella, se comercializan en sendas versiones donde predomina el negro mate, pero los derroteros por los que camina Harley en 2012 son bien distintos. Ahora se busca la autenticidad, y por eso estas motos (modelos 12.5, según la marca) se centran en la esencia de otras décadas.

La Softail Slim es una bobber al cien por cien, vertiente del custom que encontró su apogeo durante la década de los cincuenta. Eran motos con lo esencial, desprovistas de fibras y con un enorme neumático delantero, más ancho que el trasero, por ejemplo.

La Sportster Seventy-Two, en cambio, se centra en los años setenta, y por eso su estilo es chopper, con un manillar elevado (tipo apehanger) y una llanta delantera de 21”.

No hay duda, al menos por el momento, de que el dark custom está dejando paso al old school, con motos de la vieja escuela. Con motos que marcaron una época y un estilo de vida, sobre todo en la década de los setenta.

Softail Slim

Softail Slim

La Softail Slim es, según palabras de Harley, la reducción de una motocicleta a su esencia más pura. Y esta reducción se ha realizado de diferentes maneras, desde recortando los guardabarros para hacerlos prácticamente minimalistas, hasta montando un neumático trasero de sección muy pequeña, incluso más estrecho que el delantero.

Y es que la Slim -‘delgado’- es una bobber, como ya hemos dicho, un tipo de moto que tuvo mucho tirón en los años cincuenta en Estados Unidos. Venían con lo justo -o mejor dicho, sus propietarios las preparaban reduciéndolas a la mínima expresión-, eran muy bajas, con el asiento a 650 milímetros del asfalto la Slim, y el motor era el protagonista principal.

Por esto último, la Slim lleva la mecánica que lleva, el Twin Cam 103B (1.688 centímetros cúbicos), que declara nada menos que 13,5 kgm de par a 3.250 rpm. La B final dice que este motor lleva eje de balance para mitigar las vibraciones, ya que las Softail van ancladas al chasis sin silentblocks que filtren las vibraciones.

En la Slim el protagonista es el motor y el tren delantero, poniéndose ambos de acuerdo para darle una imagen de robustez. Así, la horquilla lleva barras de 41 milímetros de diámetro y el neumático anterior es un MT90B16 72H; es, de esta manera, más ancho que el trasero (MU85B16 77H). La llanta, eso sí, es de 16 pulgadas en ambos trenes, lo que facilita su manejo.

Este motor empuja desde abajo con contundencia, la respuesta del puño del gas es contundente durante todo el régimen de revoluciones. El eje de balance se encarga asimismo de que trabaje con suma suavidad.

La Softail Slim también destaca en la calidad de marcha a sus mandos. Con plataformas en lugar de estriberas, y con cambio de velocidades tipo punta-tacón, vamos con los pies adelantados y los brazos algo estirados. El asiento es de gran tamaño, muy acogedor y cómodo, con un mullido adecuado. La Slim es monoplaza, pero es posible convertirla en biplaza.

En carretera no es una moto precisamente ligera, ya que supera los trescientos kilogramos, pero, por otra parte, gracias a las medidas de sus llantas y de sus neumáticos, y también a que el centro de gravedad esté tan bajo, la Slim se mueve con gran soltura de un lado a otro.

Las suspensiones son también más o menos firmes para ser capaz de comportarse en la montaña, ya que por prestaciones de motor no será.

La Softail Slim sale de fábrica con sistema de frenada ABS, aunque no seamos capaz de ver dónde lo lleva.

La Softail Slim, como buena gama media de la marca, no presenta un precio desorbitado, pero sí al alcance de no tantos. La negra mate está en 20.150 euros, mientras que la negra y la roja, colores metalizados, cuestan 20.500 euros.

Sportster Seventy-Two

La Sportster Seventy-Two es para Harley-Davidson una máquina de ensueño, pintada en Metal Flake. Es una moto, digamos, posterior a la Softail Slim, porque, mientras ésta se enmarca en el contexto de los años cincuenta, la Seventy-Two (72) hace un guiño a la época de los setenta.

Destaca por todo. El manillar tipo apehanger, aunque no sea exageradamente elevado. Los brazos van colgados, sí, pero no en exceso. La posición de conducción es natural, con el manillar cerca del asiento y sin obligarnos a adoptar posturas forzadas. Del asiento, lo único que podemos decir que, más que por su mullido, por sus dimensiones y por el paso de los kilómetros, provoca ciertas molestias a nuestro trasero.

Pero es que la Seventy-Two también es una moto minimalista, con un depósito totalmente setentero y de tan sólo 7,9 litros. Las fibras escasean de forma brillante, trae lo justo para ser extraordinariamente atractiva. También en carretera, que compartió el día de la presentación son la Softail Slim, la Seventy-Two nos transmitió unas sensaciones muy positivas, con un dinamismo y una manejabilidad que la hacen incluso divertida. No tiene el motor de aquélla, sino que esta Sportster viene equipada con el ya conocido Evolution de 1.202 centímetros cúbicos y 9,8 kgm de par a 3.500 rpm, pero puede dar mucho de sí. Tampoco funciona con la suavidad del Twin Cam 103B, pero es que ésta es parte de la esencia de las Sportster 1200, su carácter.

La Seventy-Two es una chopper, motos con un manillar elevado, como ya hemos dicho, y con un lanzamiento de horquilla sobredimensionado. El de esta Sportster no es del todo exagerado, pero sí considerable. Y como en el caso de la Slim, los guardabarros también han sido convenientemente recortados.

La Sportster Seventy-Two, algo más básica, cuesta 11.750 euros en negro y 12.100 euros la Hard Candy Big Red Flake, con una pintura muy elaborada.

Las dos encajarían perfectamente en una road movie, por lo que merecen un gran respeto.

 

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