Bultaco Pursang MK-8 (1973): Sangre azul

Publicado el 03/02/2010


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En los años setenta, la MK-8 de color azul se ganó un privilegiado lugar en la historia de la saga de las inolvidables Bultaco Pursang.

Bultaco Pursang MK-8 (1973): Sangre azul

Entre la familia Pursang de Bultaco, la MK-8 se puede considerar un punto de inflexión dentro de una de las gamas más emblemáticas de la marca del dedo rampante.

Con su característico color azul con filetes en blanco, dio paso a una nueva generación de la saga de motos de cross que se fabricaban en Sant Adrià del Besòs.La historia de la Pursang tiene pinceladas de genialidad como la inolvidable victoria del 8 de abril de 1973 en el circuito del Vallés, en manos del piloto americano recientemente fallecido Jim Pomeroy, que entonces contaba 20 años.

Tampoco faltan jugosas anécdotas. Un año más tarde, evolucionando la MK-8 en unos entrenamientos en el mismo escenario, Jimbo y el equipo Bultaco se dieron cuenta de que con el depósito de combustible que llevaban no acabarían la carrera, el Gran Premio de España, que entonces se disputaba a 40 minutos más dos vueltas... Así que durante toda la noche se hizo un depósito de combustible de aluminio con siete litros de capacidad, y a partir de ahí, el de la MK 8. Posteriormente llegó una segunda versión (GP) con el depósito un poquito más ancho y unas características hendiduras para la suspensión delantera.

Aquélla fue una época en la que se trabajaba a golpe de ingenio y de forma muy artesanal, en la que no faltaba nivel técnico, muchas horas de trabajo y, por encima de todo, pasión por las motos de dos tiempos.

Los departamentos de carreras de aquellos tiempos pasaban muchas horas con los motores en el banco de pruebas, y en función del circuito donde se iba a disputar una prueba, se le podía dar un carácter u otro, más o menos bajos, intuir el desarrollo... Es decir, que el trabajo de puesta a punto que ahora se lleva a cabo con ayudas informáticas, en los años setenta se hacía en muchas ocasiones antes de la carrera.

Pura sangre

Bultaco Pursang MK-8 (1973): Frontal

La Bultaco Pursang MK-8 se desarrolló a finales de 1974. La versión que hemos tenido la suerte de probar es la de Francisco Lancho, con la que disputó los campeonatos de España de los años 1974 y 1975, además de un par de carreras en 1976, su última temporada en activo.

La moto pertenece a los hermanos Romero, conocidos técnicos de Bultaco que trabajaron en la fábrica de Sant Adrià hasta que desapareció. Desde entonces nunca han dejado de trabajar y restaurar las míticas motos catalanas.

Conservando un chasis de simple cuna en acero, la gran diferencia entre la versión MK-7 y esta MK-8 reside en la suspensión trasera, con dos amortiguadores Betor que se anclaron más atrás. "Se ganó mucho recorrido, pero lo más importante es que se ganaban ¡6 ó 7 segundos por vuelta!", recuerda Lancho.

Al año siguiente, en Bultaco desarrollaron un sistema de amortiguación denominado Dual Link, con dos basculantes y, por tanto, dos puntos de sujeción, que probó Ignacio Bultó. Montaba dos cadenas, una que iba desde el eje del cambio hasta un eje situado entre los anclajes de los dos basculantes, y la otra, desde este eje hasta la rueda. La intención era disminuir las fuerzas de tracción de la cadena para mejorar el trabajo de los amortiguadores... ¡pero ésa es otra historia!

Sorprendente

Bultaco Pursang MK-8 (1973): Sangre azul

¿Cómo se comporta una moto de cross de los años setenta?, pues la verdad es que pese a que por aquel entonces tuve la oportunidad de disfrutar ocasionalmente de una Pursang 125, no había vuelto a subirme a una moto de cross de la época.

Montado en ella me llamaron poderosamente la atención la exagerada anchura de su manillar, la brillantez de su motor, la ligereza del conjunto y lo limitado del recorrido de las suspensiones, que sin duda alguna condicionan sus prestaciones.

La estrechez del punto de unión entre el pequeño depósito de combustible y el asiento contrasta con la anchura del manillar; sin embargo, la situación de las estriberas me pareció acertada.

El motor sube de vueltas con alegría y el tacto del cambio y el embrague (un poco duro de accionar) se muestran precisos. Empalmar las marchas es un placer, y el monocilíndrico de dos tiempos hay que mantenerlo alto de vueltas para que no se venga abajo. Con sus 34 cv de potencia y un peso por debajo de los 100 kg, la Pursang MK-8 resulta sorprendentemente divertida.

Destaca su manejabilidad y ligereza y entra en las curvas con gran facilidad. La frenada de sus tambores delantero y trasero es algo justita si la comparamos con la de las motos de hoy en día, pero en este caso las mordazas estaban en buen estado y la potencia de los frenos no desentonaba con el resto del conjunto.

Donde sí se aprecia la limitación propia de una moto de cross de los setenta es en el conjunto de las suspensiones y su limitado recorrido. Mientras que las motos de ahora tienen más de 300 mm en la horquilla, la vieja Pursang se conforma con sólo 195 mm, y abordar un salto con ella, más aún si es de bajada, requiere cierto valor; cualidad que derrochaban los pilotos de la época, por no decir que tenían un par...

He tenido que volver a subirme a una moto de los setenta para recordar sensaciones inolvidables y engrandecer la figura de pilotos como Lancho, que con motos como esta Pursang rodaban a un ritmo endiablado.


Álex Medina
Fotos: Fotacio

 

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