CSR Max 125: Economía

Publicado el 03/02/2010


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CSR amplía su catálogo con un nuevo scooter de corte GT disponible en 125 y 250 cc. El flamante Max, como se llama el recién llegado, brinda un buen espacio para sus ocupantes sin perder de vista las cualidades imprescindibles en cualquier scooter para la movilidad urbana.

CSR Max 125: Economía

Con el nuevo Max 125, CSR entra de lleno en el recurrente segmento de los sooters GT ciudadanos de corte económico. La versión definitiva de este modelo se presentó en el MotOh! de Barcelona en 2008, y de sus dos cilindradas (125 y 250) hemos escogido la convalidada para darlo a conocer. Se trata de la última incorporación de la marca a su catálogo de scooters.

El Max 125 se presenta como un vehículo pensado para la movilidad urbana, dada la cilindrada de su propulsor, pero que brinda al mismo tiempo la posibilidad de salir por carretera gracias a su protectora fisonomía. El perfil estético proyecta una imagen GT muy en sintonía con los gustos europeos actuales pese a su procedencia -es un scooter fabricado en China, aunque según las peticiones directas de la firma CSR, sita en Barcelona.

GT de ciudad

Visto de lejos y diseccionando sus partes, nos puede recordar a algunos de los scooters que ya se comercializan en nuestro país. Sin embargo, hay que reconocer que el Max 125 disfruta de personalidad propia.

Del frontal destacamos el gran equipo óptico, compuesto por dos faros elipsoidales (funcionan independientemente) y un par más de pequeño diámetro a modo de luces de posición. El conjunto, que ocupa un buen espacio en el frontal, sigue las líneas marcadas por la carrocería lateral del scooter. En cuanto a la prominente pantalla parabrisas, ésta ofrece una buena protección frente al viento y el frío, pero la visibilidad a través de ella no es todo lo nítida que nos gustaría, lo que no será un problema en carretera, ya que podremos mirar por encima de la misma, aunque en ciudad dificultará la visión cercana e incomodará sensiblemente las maniobras a baja velocidad. El asiento se muestra amplio y mullido y proporciona una buena acogida a bordo, permitiendo, además, una posición de conducción con las piernas estiradas cuando apoyamos los pies sobre unas adelantadas plataformas.

Así, se podría decir que el Max iguala en ergonomía a muchos scooters de más alta alcurnia. El manillar, que gira de manera independiente del frontal, cuenta con una buena palanca y las maniobras no se verán muy limitadas, gracias a un corto radio de giro. En la misma línea cabe destacar la correcta altura respecto al suelo, pues el apoyo de los pies resulta seguro y ofrece confianza cuando maniobramos entre el tráfico parado. Al pasajero le costará un poco más llegar hasta su plaza, por la altura de la misma. Sin embargo, una vez sobre ella se sentirá cómodo, con una postura natural y un buen apoyo para sus pies sobre unas estriberas escamoteables (que se despliegan apretando un botón en su base). A modo de asidero para las manos se ha colocado un portapaquetes en fundición que presenta unos buenos acabados y que remata la zaga con buen gusto estético.

Funcional y racional

Además de un par de pequeñas guanteras sin llave, en el contraescudo se ha instalado un gancho portabolsas abierto con el que podremos aprovechar el sitio central para aumentar la capacidad de carga natural del Max 125. También encontramos otro reducido espacio para objetos (aunque en realidad parece pensado para llevar una lata de bebida) en el paso del chasis por la plataforma, y en este caso sí se puede cerrar con llave.

De hecho, el único espacio destinado a llevar carga en el Max 125 lo hallamos en el cofre que hay bajo el asiento. Es muy grande, a la altura de los mejores scooters de este segmento. Dentro podremos dejar un par de cascos integrales bien colocados o -y parece que es para lo que está diseñado- un jet grande y un integral. No obstante, los acabados del interior no están a la altura del resto de la carrocería, pues hay mucho metal expuesto y podríamos rayar los cascos con facilidad. Eso sí, un buen detalle es que disponga de muelle para levantar el asiento y de un par de cierres para hacerlo más seguro frente a los cacos.

Para conseguir un centrado de masas más equilibrado se ha pensado en colocar el depósito de combustible en el entramado del bastidor cuando pasa por la plataforma. De este modo se logra también un repostaje más cómodo y rápido. Sin embargo, al estar la boca del depósito ubicada dentro de la guantera central, deberemos abrirla con la llave primero para después hacer lo propio con el tapón del depósito; es decir, un engorro que se hubiera solucionado con un tapón sin llave. Por otro lado, en el Max 125 destaca el amplio espacio disponible entre el asiento y el contraescudo. No obstante, la verticalidad con la que sube el chasis desde la plataforma hasta la pipa de dirección incomodará ligeramente el hecho de subir y bajar del scooter. No es un problema importante, pues en las motos esto sería toda una ventaja, en un Gilera Nexus sin ir más lejos, pero tratándose de un scooter ciudadano no hubiera estado de más un esfuerzo más significativo en el diseño, de cara a hacerlo más accesible.

En cuanto al cuadro de mandos, aunque completo en información, delata con su estética el talante económico de este modelo. Dispone de elementos destacables como el indicador de nivel de combustible, el tacómetro o el reloj horario digital. Sin embargo, carece de testigo de reserva y la retroiluminación no resulta muy efectiva en situaciones con poca luz.

Buscando un precio muy competitivo en relación con sus rivales de segmento, la marca se ha decidido por montar un propulsor de carácter supereconómico. De lado se han dejado componentes como la refrigeración líquida, las cuatro válvulas en culata, el doble árbol de levas y, por supuesto, la alimentación por inyección electrónica. De esta manera se ha optado por una sencilla configuración de 4T, aunque evidentemente se trata de un motor Euro 3. Desde nuestro punto de vista, esta decisión tiene un lado positivo y otro negativo. Por una parte, que se haya prescindido de elementos como la refrigeración líquida o un par de válvulas más en la culata resta eficiencia al propulsor, pues las prestaciones de un LC se mantienen al mismo nivel siempre, sin altibajos; pero, por otro, que sea un motor sencillo, sin "complicaciones" mecánicas, favorece la fiabilidad del mismo, al disponer de menos componentes sensibles a dejar de funcionar bien. Es cierto que se trata de un argumento un tanto pobre, ya que en realidad, si el trabajo está bien hecho, es preferible tener un propulsor mejor equipado, aunque la contrapartida de esto sea pagar un poco más, sobre todo cuando hablamos de un scooter que va a circular por fuera de la ciudad en alguna ocasión.

En consecuencia, las cifras que de él se desprenden tampoco resultan rompedoras, pues con una potencia máxima de 9,0 CV a un régimen de 7.350 rpm no se le pueden exigir unas prestaciones de escándalo. Por tanto, deberemos conformarnos con una velocidad máxima de 99,1 km/h y con una aceleración de 0 a 50 km/h en un tiempo de 5,9 segundos. Además, otra desventaja de la configuración económica de su motor es que las prestaciones caen considerablemente cuando circulamos con pasajero, aunque no tanto como para renunciar a hacerlo, ni mucho menos.

En sintonía

Ya que las prestaciones del Max 125 no son demasiado elevadas, la parte ciclo se ha equipado con una serie de elementos en sintonía con las necesidades requeridas por el propulsor y su solvencia.

Sin destacar demasiado por efectiva, se trata de una parte ciclo de calidad aceptable. Para las ruedas se ha pensado en unas llantas de 13" con las que el scooter se muestra bastante estable, aunque no es algo por lo que sobresalga especialmente. El tema de los neumáticos ya es otra cosa, pues parece que queda claro que la economía de un scooter pasa irremediablemente por montar unas gomas baratas y, por ende, de ínfima calidad.

Lo cierto es que en general el scooter hace gala de un comportamiento digno, con buenas cualidades para ratonear entre el tráfico y con un manillar solvente y una correcta altura para hacerlo. No obstante, del motor se derivan algunas vibraciones en los metros iniciales que nos impiden ser todo lo precisos que desearíamos en las maniobras. De hecho, y éste es uno de los inconvenientes de montar un propulsor económico, estas vibraciones del cigüeñal llegan hasta el manillar e incomodan la conducción, aunque a medida que la velocidad aumenta, la frecuencia de esta vibración también lo hace, y llega casi a pasar desapercibida a partir de medio régimen, o, al menos, se minimiza bastante.

En general se nota poca solidaridad entre la parte delantera, la horquilla y el manillar con el resto de la parte ciclo. Las flexiones de las barras hacen que notemos una cierta inestabilidad cuando salimos por carretera y circulamos a velocidades por encima de los 70 km/h. Pese a las 13 pulgadas de las llantas, el Max 125 parece no disfrutar de la estabilidad de otros modelos de la marca, si bien tampoco peca por exceso en este aspecto.

Sinceramente, si en el Max 125 se hubiera instalado el propulsor del Ona, con refrigeración líquida e inyección electrónica, el funcionamiento general mejoraría sustancialmente. Pero eso es algo que encarecería el precio final, y con el Max se ha querido conseguir un importe muy competitivo: 1.999 euros.


Jordi Mondelo

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