Ducati 1198, personalidad y pasión

Publicado el 23/08/2011


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Ya sabemos que los italianos hacen las cosas a su manera, y los últimos componentes llegados a la 1198 no sirven sino para reforzar su eficacia. El peculiar modo en que ha sido diseñada y construida hace que, si te adaptas a ella, hablemos de uno de los conjuntos más difíciles de batir de las pistas, las carreteras y las terrazas.

Fiel a su espíritu, la superbike de Ducati sigue ofreciendo un tipo de sensaciones que sólo puede brindar una moto con la larga tradición de victorias que acapara la 1198. Si alguna moto hay que se compra con el corazón, sin duda, es ésta. Su ciclo y su motor eligen opciones independientes y muy contrastadas, tanto en circuito como en carretera. Prueba de ello es la reluciente racha de victorias que está consiguiendo Carlos Checa en la presente temporada del Mundial de Superbike.

Checa se ha hecho a una moto que, quién sabe, quizá estaba hecha para un tipo como él desde buen principio. La cuestión es que sobre el escueto multitubular que contiene los tremendos pistonazos en V el piloto de Sant Fruitós es capaz de dar lo mejor de sí mismo. Con una moto que tiene menos potencia que las salvajes tetracilíndricas, pero que es capaz de transmitirle siempre lo que está ocurriendo de suspensiones hacia abajo, Carlos tiene toda la confianza que necesita para ser agresivo al máximo y bailar cerca del límite disfrutando del vértigo.

… no lo toques demasiado”, podríamos decir que piensan algunos ingenieros en Bolonia. Y es que a pesar de que Ducati ha ofrecido soluciones técnicas muy particulares -como las famosas válvulas accionadas desmodrómicamente-, para la base de sus motocicletas ha confiado en los principios que se han convertido, con el tiempo, en legendarias señas de identidad. Porque en Ducati lo que prima es el placer de ir en moto, y ello se consigue con los ingredientes que tan bien conocen los amantes de la marca italiana: un bicilíndrico que garantiza respuesta de gas inmediata, un chasis de acero que no bloquea jamás las intenciones del piloto y componentes de primera calidad.

En ésta, su versión estándar, ya nos encontramos con bomba de freno radial, pinzas Brembo monobloque de anclaje radial y suspensiones multiajustables de calidad. Para una conducción en carretera abierta, y sin necesidad de demasiados ajustes, la horquilla -con tratamiento antifricción en sus barras- y el amortiguador Showa mantienen las ruedas de la Ducati en sensible contacto con el suelo, sin sorpresas. Aunque, si realmente tenemos intención de visitar los circuitos a menudo, sí es cierto que nos interesará más el modelo SP con suspensiones Öhlins, cuya resistencia a la fatiga y posibilidades de regulación son mayores. Respecto a esta versión SP, cuyo precio asciende a 23.995 euros, además de por las suspensiones y por el amortiguador de dirección (también Öhlins regulable en la SP), la versión estándar difiere de ella por que equipa llantas Marchesini de aleación ligera de diez radios en vez de las forjadas de siete. El depósito de gasolina también cambia, pues la SP cuenta con un tanque de aluminio de 18 litros (15,5 en la base), ya que de cara a carreras los 15,5 de la anterior S resultaban algo justos en campeonatos con reglamentación de Extreme, donde no es posible la sustitución. El motor desarrolla la misma potencia en las dos versiones, y la diferencia de peso entre ambas se sitúa en unos 3 kg, lógicamente a favor de la SP.

Si algo ha evolucionado, y mucho, en las Ducati de las últimas generaciones es la electrónica y la suavidad general de mandos. Algo que se agradece en una moto cuyo accionamiento era, en sus versiones predecesoras 916/996/998 y 999, bastante tosco en comparación con las japonesas de la época. El embrague y el gas de la 1198 se tocan aplicando poca fuerza, la palanca de freno es una delicia… Sin embargo, la conducción habitual en el día a día sigue siendo un poco más tensa que con otras superbikes. ¿Por qué? Al arrancar desde parado, el embrague tiene una zona incómoda en la que no sabemos muy bien qué está pasando que, a la hora de salir de un semáforo, se acaba traduciendo en un pequeño tirón. Nada grave, sin duda, y algo de inane importancia si vamos a disfrutar de esta moto en los circuitos, su clima preferido. También nos pareció que el tarado de la horquilla, en su ajuste estándar, era demasiado blando, hecho que producía el efecto de amorrar la moto bruscamente en las frenadas cuando, realmente, tampoco estábamos desacelerando con demasiada fuerza. Para conducción deportiva hay que ajustar a gusto del usuario. El cambio, siendo preciso, tiene todavía un recorrido demasiado largo que, en conducción deportiva, puede ser molesto. Pero en cualquier caso, con la incorporación del shifter, ha ganado mucho en velocidad, lo que redunda en una mejoría en los tiempos por vuelta en pista, y un menor cansancio en la mano izquierda en largas sesiones de tramos de montaña.

Bienvenida la tecnología

Decíamos que la electrónica es un aspecto muy trabajado en Ducati, hecho que se corroboró cuando fueron los primeros en instalar un control de tracción deportivo en una moto de calle. Poco antes nos habían sorprendido con un detalle muy racing, una adquisición de datos básica que permite controlar las vueltas dadas en el circuito y comparar los mejores registros del crono con los datos registrados. Y así, lograr la mejor puesta a punto es cosa más sencilla.

Ambos, control de tracción y toma de datos, están incluidos en esta versión estándar de la 1198. El DTC tiene 8 niveles de intervención, desde el más conservador hasta el más libre, que delega la responsabilidad al conductor aspirante a piloto, que, sea como sea, deberá andárselas con ojo. La respuesta al acelerador es inmediata, pero tampoco apabullante, como en algunas de las últimas superbikes tetracilíndricas que la competencia ha sacado al mercado. Corre muchísimo, pero no se te escapa de las manos, justo lo mismo que le pasa a Checa en las carreras. Otras correrán más, pero con ésta harás lo que quieras.

El motor nos permite trabajar cómodamente a medio régimen sin tener que estar pendientes del cambio. Quizá por este motivo en Ducati han considerado que no era necesario incorporar, en el bonito display completamente digital, un indicador de marcha engranada. Sí dispondremos, en cambio, de la información horaria, parciales y temperatura ambiente y de motor, así como del nivel seleccionado en el DTC.

Forma de vida

Todas las marcas buscan crearse adeptos, y por ello usan técnicas de fidelización y permiten adquirir productos o participar en eventos que nos hagan sentir parte de su familia. En Ducati saben llevar esto hasta las últimas consecuencias, pues su idea no es vender motos, venden un estilo de vida porque te permiten adquirir una leyenda. Una marca muy fiel a unos principios que les llevan a hacer las cosas de una manera que muchos no entienden, porque no les guía la lógica, sino un sentido que va más allá de lo fácilmente comprensible. Sólo así pueden, a veces, ocurrir los milagros, como hicieron con su portentosa entrada en el Mundial de MotoGP ganando carreras desde el primer año.

En resumen, la nueva 1198 sigue siendo una moto intuitiva a la que es fácil adaptarse y con la que, a priori, nos será fácil disfrutar y rodar rápido en circuito. Tiene todo lo necesario para poder rodar desde el primer día sin necesidad de comprar nada más e incluso permite hacerlo con un estilo más que contrastado, el de Ducati.

Cuando uno se plantea comprarse una moto como ésta lo hace por lo que significa, en todos los sentidos, no por lo que es. Y tener el buque insignia de Ducati, sea cual sea el año de su versión, es entender que se está entrando a formar parte de la familia ducatista: toda personalidad y pasión.

 

Por Antonio Guinovart Caballé

Fotos de la Ducati 1198

Fotografías por: Juan Pablo Acevedo

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