Harley-Davidson FXDF Dyna Fat Bob, el lado canalla 2012

Publicado el 10/02/2012


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Las Dyna han sido desde siempre las Harley- Davidson más transgresoras, aquellas con las que los chicos de Milwaukee se dejaban ir y sacaban a pasear toda su imaginación. De la transgresión a la originalidad hay un paso, y todo lo original llama (mucho) la atención. Seamos directos y sinceros: ¿a quién no le gusta esta moto? 

Un amigo veinteañero que tiene una supermotard urbana la probó durante unos kilómetros, por carretera de montaña y por autopista. Dice que nada más subirse a ella ya empezó a sonreír, y se prometió que cuando disfrute de cierta estabilidad económica se planteará muy mucho hacerse con algo así. Yo se lo advertí: “Ten cuidado, David, que como la pruebes te vas a enamorar”. David ya ha cambiado el fondo de pantalla de su móvil: ahora aparece la Fat Bob y él encima. Su foto de perfil de Facebook también es otra.

Algo así… ¿Qué es algo así? Pues algo así, a día de hoy, sólo parece poder ofrecérnoslo Harley- Davidson. Sólo Harley-Davidson hace, hoy en día, motos como la que cautivó a David. 

La voz del pueblo

A David le gustó mucho esta Harley, no hay duda, pero algo que me dijo nada más bajarse es que le pareció que no frenaba mucho. Yo le dije: “Claro, hombre, es que tú tienes una KTM 690… Al principio no frena demasiado, es verdad, pero está pensada para eso, para que su horquilla, que es bastante blanda, no se hunda demasiado. Si te has fijado, al apretar con algo más de fuerza frena mucho. Mira, lleva dos discos de freno delante, y no son precisamente pequeños. De todas formas, ésta no es una moto para correr”. “También es verdad”, siguió convenciéndose David.

Es curioso que lo único que le llamase negativamente la atención fuese eso, la frenada, y que luego no tardase en recapacitar y en darse cuenta de que, efectivamente, no es una deportiva, y que no tiene por qué frenar. Aunque lo haga.

De las buenas sensaciones que le había aportado la conducción de la Dyna, sólo me dijo dos o tres cosas, creo yo, porque seguramente no sabría por dónde empezar. Las diferencias de manejabilidad entre esta Harley y su KTM no parecieron importarle, no dijo nada al respecto; del peso tampoco, no lo tuvo en cuenta; que el cambio no fuese tan suave como el de su 690 fue lo de menos… Él se enamoró de esta moto y punto, y todo lo demás le daba igual. 

Moto ‘gorda’

El tablier se halla sobre el depósito, con velocímetro analógico y una pantalla LCD con tacómetro di

Algo que también le gustó a David fue el motor de la Fat Bob. No es un bicilíndrico especialmente excitante; es un Twin Cam 96, es decir, de entre los motores grandes de la marca, es de los más básicos. Sencillo en cuanto a configuración, eso es cierto, pero con unas muy buenas prestaciones.

Este dos en V de 96 pulgadas cúbica (es decir, 1.584 centímetros cúbicos) declara nada más y nada menos que 12,95 kgm de par a tan sólo 3.500 rpm. No es poca cosa. De potencia no dice nada la marca, aunque visto el dato anterior, tampoco es que le haga mucha falta. Con tanto par, y teniendo en cuenta que es una cruiser, no es necesario nada más.

Empuja desde casi parado, sin exagerar, pero con mucha decisión. Sin exagerar, pero tirando del conductor hacia atrás si éste abre gas sin contemplaciones. La posición de conducción con los brazos, las piernas y la espalda formando una C evita eso mismo, que nos vayamos para atrás en según qué aceleraciones. Y esto es así hasta algo más de medio régimen.

Es un Twin Cam 96, sin B final, es decir, sin eje de balance que mitigue las vibraciones. De eso se encargan los silentblocks que interceden entre el motor y el chasis para que ambos se lleven bien y para que el conductor no sufra sus desavenencias. Y se llevan bien, porque, teniendo en cuenta el tipo de motor del que estamos hablando, no apreciamos apenas vibraciones ni tampoco inercias internas.

La Fat Bob es una moto gorda que se deja llevar. Muy sui generis, pero domesticable haciendo buen uso del mando del gas, algo que no es complicado. El puño es de un diámetro más ancho de lo normal, si bien el tacto del mismo es bastante bueno; la relación gas-prestaciones es muy armoniosa. 

Para ti y ‘nadie’ más

Hablábamos antes de la posición de conducción, que quizá es un poco forzada pero nada dañina. Esta posición de conducción es, curiosamente, paradójicamente, tan forzada como relajada. La postura no es nada habitual, aunque todos los miembros reposan y descansan adecuadamente.

Sobre gustos no hay nada escrito -y este artículo no va a ser una excepción-, por lo que habrá defensores y detractores de la ergonomía de la Fat Bob. Yo, si tuviese que posicionarme, me inclinaría más por los primeros. No hay duda de que la edad aburguesa, y las motos también se ven salpicadas por esta tendencia: cada vez buscamos más la comodidad, la suavidad, la ergonomía…

Pero hay excepciones, sobre todo si lo que haces es subirte a una Harley. En cuanto me subí a ésta, me gustó su posición de conducción, por qué negarlo, y eso que estoy en torno al 1,75 metros. Me gustó porque era diferente, agresiva, urbana, y porque a pesar de esto no resultaba incómoda.

El asiento tiene la forma de una silla de montar. El de las fotos es un extra, con un pequeño rectángulo acolchado para el acompañante; el de serie es de una pieza, y el espacio dedicado para el segundo de a bordo sigue siendo testimonial. Y es que la Fat Bob es una Harley que te saca tus instintos más egoístas, que te invita a disfrutarla en solitario.

El lado divertido

manillar semirrecto cromado y a la vista, y un par de pequeños faros, también cromados, en horizonta

Decía David que nada más subirse a ella ya empezó a sonreír. “Bueno, sí, ¿y luego en carretera qué?”, le pregunté. “Tú, ¿cómo me has visto?”, fue la respuesta.

Él tenía algo de respeto porque cuando la llevada yo y él me seguía detrás, veía que las colas de escape pasaban muy cerca del asfalto al tumbar a la derecha. “No te preocupes: antes rozarán las estriberas que los escapes”. Se quedó más tranquilo.

Y los estribos, en realidad no tocan así de fácilmente como pudiese parecer. Hay que inclinar bastante para que lo hagan. Con una conducción por carretera más o menos rápida y fluida, no lo hacen. Y esto no es nada habitual en este tipo de motos, por lo que la Fat Bob deja mucho margen para la diversión.

Las suspensiones son blandas y no es una cruiser para correr, porque si frenamos con fuerza al encarar una curva, por ejemplo, la horquilla (de largo recorrido) se hunde considerablemente. De la misma manera, si forzamos en un paso por curva abriendo gas sin contemplaciones, el par de amortiguadores traseros tampoco son capaces de aguantar el tipo al cien por cien. Y es que, además, son más de 300 kilogramos los que declara la marca.

Pero repetimos: ésta no es una Harley- Davidson para correr, y sí para pasear. Alegremente, muy alegremente, y con alguna que otra licencia.

Eso lo supo David nada más subirse, a pesar de -o quién sabe, quizá por- que se acababa de bajar de una KTM 690. Pero todo eso no le importó, él quiere una. Y por eso tendrá que empezar a ahorrar: 16.750 euros les separan.

Fotos de la Harley Davidson Dyna Fat Bob de 2012

Fotografías por: Juan Pablo Acevedo y Santi Díaz
 

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