Keeway Silver Blade 125

Publicado el 19/04/2012


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El Silver Blade es la punta de lanza del catálogo de scooter Keeway, integrado en su totalidad por ciclomotores y modelos de 125cc. La marca china ya puede decir bien alto que tiene entre sus filas un gran turismo en toda regla.

Diseñado en el cuartel general que Benelli –marca perteneciente a Keeway desde hace unos años- tiene en Pesaro, el Silver Blade 125 bien podría pasar por un scooter italiano. Porque sus líneas no desmienten su concepción europea. Porque, también, la europeización del gigante chino cada vez es más palpable; empieza a asomar la cabeza con dicha tendencia desde que se lanzó el Outlook 125, un rueda alta al estilo de “otros” rueda alta de renombre, y que triunfan en países como Italia, sobre todo, o España.

El Silver Blade va un paso más allá en lo que a idea de modelo utilitario se refiere. Éste es ya un scooter gran turismo, con pantalla, ancho frontal, amplio asiento para conductor y pasajero, espaciosa plataforma, gran de­pósito de combustible, cuadro de instrumentos muy completo, cofre con capacidad para dos cascos, etcétera. Todo a lo grande.

Scooter de altura

El Silver Blade viene nutrido con una serie de detalles de calidad más propios de modelos más caros. Y si no más caros, sí más asentados en nuestro mercado.

Todo lo que ha hecho Keeway con el Silver Blade, podríamos decirlo así, sorprende, si hemos de poner sólo un ejemplo, el cuadro de instrumentos. Está compuesto de dos esferas analógicas (velocímetro y tacómetro) y una pantalla LCD con todo tipo de detalles, como la posibilidad de elegir el odómetro en kilómetros y en millas, e incluso hasta indicador de tempe­ratura ambiente. Detalle este último poco habitual en un scooter, mucho menos entre los convalidados.

También vemos en la parte interna del escudo una guantera con dos pequeños compartimentos que se abre por medio de la llave de contacto, ya que cuenta con una cerradura.

Pero si decimos que el Silver Blade es un scooter de altura, no es sólo por su equipamiento, mucho más que adecuado, sino por su asiento.

No hay distancia de asiento al asfalto declarada por la marca, pero tras probarlo podemos decir que es considerable. A un servidor le gusta circular en scooter elevado -me da seguridad y perspectiva del entorno-, por eso me gustó en este sentido el Silver Blade, porque me lo ofrece; luego, eso sí, me di cuenta de que hay un pequeño precio a pagar, y no es otro que el hecho de que cuesta un poco hacer pie, tanto por la altura del asiento como por su anchura, que nos obliga a abrir las piernas. Por eso, las maniobras en parado son algo más complicadas que en otro tipo de scooter; no tanto por su peso (155 kg) como por la relativa dificultad –todo depende de la altura de cada cual, evidentemente- de ir “remando” con los pies. 

Desde dentro

A la vez que vamos circulando a cierta altura, en el Keeway Silver Blade 125 también disponemos de todos los elementos muy a mano. Y esto se debe básicamente a que el habitáculo es más bien compacto.

A pesar de ser un scooter de grandes dimensiones, el espacio del conductor –al margen de la plataforma, con posibilidad incluso de esti­rar las piernas- es relativamente reducido. Y lo dice el mismo al que el asiento le pareció más o menos elevado; es decir, alguien que no es ni mucho menos alto.

Esto no es un inconveniente, todo depende de cómo se mire. Al ir tan cerca del manillar es más fácil gobernar el scooter en todo tipo de situa­ciones -el radio de giro es muy bueno-, y el único pero, si es que existe realmente, viene en circulación prolongada, ya que no circulamos con tanta holgura de espacio como en otros gran turismo. De todas formas, el asiento es espacioso y nos permite desplazarnos hacia atrás.

Al ir tan cerca del frontal, lo que sí notamos a alta velocidad es que la pantalla, a pesar de ser de gran tamaño, no nos cubre del todo, y parte del aire frontal nos incide en la zona superior del casco. Por lo demás, el frontal es suficientemente ancho como para llevar las piernas bien resguardadas. 

Buena velocidad de crucero

El propulsor que mueve el Silver Balde es el mismo que el que equipa el Outlook 125. Se trata, cómo no, de un monocilíndrico de 124 c.c. y con dos válvulas, pero tecnológicamente al día. Es decir, con sistema de inyección electrónica y con refrigeración líquida.

Tecnológicamente adecuado lo es también por el bajo nivel de rumo­rosidad que emite, y porque al mismo tiempo trabaja con gran suavidad.

Son poco más de doce caballos de potencia lo que la marca declara, y a ellos se ha de ceñir el Silver Blade. A bajas vueltas no es un portento en cuanto a reprís, necesita sus metros para subir “productivamente” de vueltas, para avanzar con solvencia, pero a medida que va hacién­dolo nos damos cuenta de que el motor no trabaja mal; básicamente porque la velocidad punta es considerable, por encima de los 110 km/h de marcador. Aunque por esto, además de al motor, hemos de premiar a los desarrollos finales, alargados para que ofrezca lo mejor de sí más bien al final antes que al principio.

En cuanto a consumo, este Keeway nos pidió 3,3 litros de gasolina a los 100 kilómetros. Y gracias a su generoso depósito de combustible, de doce litros de capacidad, sólo tendremos que rellenar cada 363 kilómetros. 

Comportamiento general

El Silver Blade es un gran turismo de los amigables, de los que se de­jan llevar sin problemas. Altura del asiento al margen, el radio de giro es reducido cuando de lo que se trata es de maniobrar entre coches o al estacionarlo. Y el peso no es exagerado, poco más de 150 kg en seco.

Como decíamos con anterioridad, el Silver Blade es un scooter com­pacto en el que todo está muy a mano, y por eso es tan fácil de manejar. El dinamismo, tanto en ciudad como en carretera, es correcto, y sólo en carretera echaremos de menos unos neumáticos de serie con algo más de agarre.

Por lo demás, entre coches se mueve con fluidez, y únicamente en giros más violentos de lo normal notaremos el tren delantero un poco suelto, no todo lo firme que hubiese sido de esperar.

En cualquier caso, la estabilidad en curva es buena, no hace extraños de ningún tipo. Las suspensiones se encargan de filtrar las irregularidades del terreno -siempre que no sean exageradas, ya que entonces las suspensiones se nos antojarán más bien secas.

En cuanto a la frenada, todo en orden. No obstante, es mejorable el tacto de la delantera, ya que hay que apretar con fuerza esa maneta para que el Silver Blade frene con garantías, algo que no sucede en cambio en el freno posterior. 

Precio a contemplar

Si miramos la lista de los rivales del Keeway Silver Blade 125, veremos que nuestro protagonista ocupa el segundo lugar, empatado a euros con el Daelim S3 125 FI. Igualar precios con una marca como Daelim no es fácil, ya que ofrece una relación calidad-precio de primer orden.

Y eso es lo que se ha propuesto en los últimos años Keeway: lanzar modelos muy competitivos en todos los escenarios posibles, destacando sobre todo en el del pre­cio. Por eso está en fase de crecimiento. Por eso ahora nos presenta, además, un gran turismo. Su primer gran turismo.


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