Macbor Johnny Be Good 125 (prueba): Rebelde con causa


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Del tridente Classic 125 de Macbor, la Johnny Be Good es el reflejo en clave popular de aquellas Café Racer sesenteras que canalizaban el espíritu libertario...

Montjuc, 2019. Los autobuses turísticos de dos pisos y los coches de autoescuela ralentizan el tráfico de las carreteras en la colina barcelonesa, otrora escenario de una de las Road Races más emblemáticas de nuestro país. Sin la menor intención de luchar contra el cronómetro pero sí de envolvernos en cultura motera del siglo pasado, la gente de Motos Bordoy nos convocó allí el pasado 10 de julio para darnos una vueltecilla sobre este histórico asfalto y rememorar otros tiempos disfrutando a bordo de una moto que, precisamente, hace lo mismo.

Se trata de la Johnny Be Good, una de las tres nuevas Classic presentadas este año por la joven marca española Macbor -y la segunda en pasar por nuestras manos, tras la scrambler Eight Mile 125; nos faltaría la Lord Martin- que viaja varias décadas al pasado para traernos los recuerdos de aquellas Café Racer británicas, monturas despojadas de todo lo prescindible (hoy lo llamamos minimalismo) y aligeradas 'hasta los huesos' para darlo todo en los piques callejeros.

Suponían la representación del espíritu más rebelde de la época, ese que mueve a los jóvenes de cualquier generación y que vuelve a apoderarse de esta Macbor, todo un reclamo también para los actuales Millennialsque buscan una moto asequible, urbana y que les aporte a sus desplazamientos diarios un estilo irreverente.

Deportiva e individualista

El look, por tanto, juega el papel más importante de esta moto, a la que no se llega por casualidad. Comprarla implica tomar la decisión de anteponer el diseño al confort; sacrificar ciertas comodidades ergonómicas que, por ejemplo, ofrecen sus 'hermanas' de manillar alto, en favor de una estética más deportiva y de un enfoque individualista.

En la Johnny Be Good las señas de identidad 'caferacianas' lo mediatizan todo, empezando por la postura de conducción: el conductor se inclina hacia delante hasta apoyar las manos en los semi manillares. La posición no es tan incómoda como esperábamos, pues la compacidad general de la moto hace que los puños no queden tan alejados, y el ángulo que adopta la espalda sea algo relajado.

Las dimensiones de la moto son contenidas, y por tanto los pilotos de mayor envergadura como mi caso no serán su público objetivo. La altura del asiento, de 780 mm, es la más baja de la familia y permite a todos el cómodo apoyo de los dos pies en el suelo.

La tarde en Barcelona no dio para mucho más que para realizar una sesión de fotos y rodar unos cuantos kilómetros, pasando por algunas curvas del mítico trazado urbano de las 24 Horas de Montjuc. Enseguida se percibe que la conducción es totalmente diferente a la de la Eight Mile. Ésta no aporta tanta manejabilidad en los espacios reducidos y su gobierno no está tan basado en actuar sobre el manillar como en la utilización del peso de nuestro cuerpo.

A la vieja usanza, esta moto te obliga a descolgarte ligeramente hacia el interior para hacerla girar. Este pilotaje se interioriza rápido, y en un rato ya te sientes más integrado y dominando entre coches cual 'rocker' inglés de los '60 esta encantadora montura, a la que no le faltan detalles clásicos por doquier.

Icónica decoración y detallismo

La primera vez que te plantas delante de ella te puedes entretener un rato escudriñándola. El asiento nos llamó especialmente la atención, con sus bordados, buen tacto y hasta una pequeña etiqueta con el nombre de la marca. Además, ofrece un buen mullido y confort para el conductor. Eso sí, emula a los sillines monoplaza de antaño y, aunque en realidad está homologado para dos personas (incluye de serie estriberas para un pasajero) el acompañante será un 'elemento extraño' encima de ella.

Como buena neo retro, la Johnny Be Good fusiona elementos clásicos y modernos. De los primeros, destaca el cuadro de instrumentos de estilo vintage (doble esfera totalmente analógica), las llantas de radios, los retrovisores redondeados en las puntas de los manillares, el escape estilo megáfono cromado o el recubrimiento del colector con tela de amianto para aislar el calor. La modernidad la aporta la tecnología led incluida en todas las luces de la moto.

Por otra parte, mención especial para la elección de la pintura. A nuestro juicio, en Macbor han estado acertadísimos combinando el negro brillante con las elegantes líneas doradas que visten tanto el depósito como los paneles laterales.

Es la única opción decorativa en este modelo. Un cromatismo inspirado en la icónica decoración del Lotus 'John Player Special' de Fórmula 1, que lucían los históricos monoplazas de Colin Chapman y Peter Warr en los años setenta y ochenta, y que aporta al conjunto una imagen muy atractiva.

Por cierto, en el tanque encontramos otros dos elementos que redondean el producto: una cinta embellecedora metálica de sujeción del depósito y un tapón estilo Monza cromado -con llave-. La Johnny Be Good, además de su logrado look, transmite un buen nivel de acabados: los Bordoy han vuelto a demostrar que se puede parir una moto 125 económica (2.699 €) sin desatender el cuidado por los detalles y en esta moto se nota. La elevada relación calidad/precio vuelve a ser uno de los principales reclamos de una marca que, aunque tiene sus procesos productivos en China, pone mucho esmero y mimo en que los niveles de calidad sean realmente convincentes para su perfil 'low cost'.

Motor y parte ciclo

Por lo demás, la base es casi la misma que la Eight Mile ya probada. Utiliza el mismo bastidor tubular de acero de cuna simple, con subchasis integrado, aunque las suspensiones varían, en este caso una horquilla invertida delantera y un doble amortiguador trasero con depósito de gas separado, una dotación más cualitativa con la que se pretende aportar un comportamiento dinámico más aplomado y enfocado a un uso en asfalto (la vocación en su hermana scrambler es más mixta).

La Johnny Be Good nos aportó, en nuestra breve toma de contacto, unos tarados algo menos confortables ante las irregularidades del suelo pero también más firmeza de suspensiones en el paso por curva. La frenada, de buena solvencia para una moto de 126 kg, se mantiene a cargo de un disco en cada uno de los trenes, apoyada por un sistema combinado CBS que reparte la frenada en uno de los tres pistones delanteros cuando accionamos el freno trasero. Las llantas son de 17 pulgadas tanto delante como detrás, con medidas de 110/70 y 130/70.

Esta parte ciclo aloja el mismo motor que las otras Classic, un monocilíndrico 4T refrigerado por aire, con inyección electrónica Mikuni. Una mecánica sencilla de fácil mantenimiento y sobrada fiabilidad, asociada a una caja de cambios de 5 velocidades que llama la atención por la suavidad de su accionamiento, incluso para engranar el punto neutro.

Se ha optado por este propulsor de configuración YBR porque, aunque no aporta una altas prestaciones -10,5 CV a 8.000 rpm y 9,5 Nm a 6.500 rpm, lejos del techo de la categoría- las reparte con alegría en la zona baja y media del cuentarrevoluciones, de manera que la Johnny es capaz de ofrecer unas resueltas aceleraciones en la ciudad, respondiendo con viveza desde parado.

En la zona alta no estira tanto y podría llegar apurando a los 95 km/h. Además, de su fiabilidad y buena adaptación al entorno urbano, este motor consume poco, aproximadamente unos 2,5 litros a los 100 km, permitiendo con su depósito de 14,5 litros alcanzar una autonomía cercana a los 500 km.

¿Y por qué se llama Johnny Be Good?

A esas alturas, muchos os preguntaréis la razón de este peculiar nombre. Nos lo explicaba así Alessandro Bifano, responsable de comunicación y marketing de Motos Bordoy: 'Cuando se empezó a gestar la idea de una Café Racer, estuvimos trabajando sobre colores y líneas distintas. Fuimos madurando ideas hasta llegar a esta combinación de negro y dorado, que recordaban a aquel Lotus de Fórmula uno 'John Player Special'. Pero por otro, teníamos el planteamiento de una moto malota, de espíritu nocturno, que acompañara el dark side de cada uno de nosotros... Un concepto que nos acababa llevando siempre a una época y a una música, de mediados del siglo pasado, algo que encajaba a la perfección con la moto... Y entonces encontramos la canción 'Johnny B. Goode de Chuck Berry, un tema que compuso en el 58. Chuck, un personaje de complicada vida, sacó con esta canción su alma y personalidad, y también su mayor éxito. La historia del nombre de la nueva Macbor acababa así: teníamos el personaje perfecto, el espíritu, los años... ¡Johnny Be Good!'.

En definitiva, la nueva Macbor reinterpreta las señas identitarias de aquellas Café Racer, motos de alma rockera, líneas minimalistas, carácter deportivo, y prestaciones y diseño por encima de confort... La Johnny Be Good es una 125 que aporta ese estilo retrospectivo pero además cierta modernidad.

En Motos Bordoy han vuelto a tener un gran cuidado por los detalles, configurando una moto de elevada relación calidad/precio, y situándola como una de las mejores en este sentido en su segmento. Una tipología de motos que es capaz de unir a usuarios de diversas generaciones, jóvenes con poca experiencia fascinados por este mundo de antaño, o motoristas que vivieron aquella época y quieren recordar antiguas glorias y emociones.

Highlights Macbor Johnny Be Good 125

Precio 2.699 €

Motor monocilíndrico 4T 124 cc, refrigeración Aire, inyección electrónica MIKUNI

Potencia 10,5 CV a 8.000 rpm

Par Máx. 9.5 Nm a 6.500 rpm

Horquilla invertida delantera y doble amortiguador trasero con depósito de gas separado

Frenos de disco en ambas ruedas con frenada combinada CBS

Peso en seco 126kg

Iluminación full LED

Altura del asiento 780 mm

Llantas de aluminio con radios

Neumáticos 110/ 70-17 - 130/70-17

Fotos de la Macbor Johnny Be Good 125

Fotografías por: Macbor Press (JC Orengo & Félix Romero)
 
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Comentarios (2)

  • Russell
    Russell 18-07-2019

    No recomendada para mayores de 1,65 m.

  • Juan
    Juan 19-07-2019

    Russell, para esa altura o mas, la MH Bogga 125

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