Moto Guzzi Bellagio: La perla negra 2007

Publicado el 03/02/2010


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Los buenos resultados de la globalizadora Piaggio, actual propietaria de Moto Guzzi, han conseguido revitalizar la marca de Mandello del Lario, que nos sorprende con un nuevo producto: la Bellagio.

Moto Guzzi Bellagio: La perla negra

La Bellagio, que accedimos a probar en una corta jornada por las carreteras reviradas de los alrededores del pueblo homónimo, es una grata sorpresa para los que vivimos de cerca el mal llamado mundo del custom. Esta motocicleta aporta sangre nueva al mercado nacional. Su concepto es sencillo y doble: custom y naked deportiva a la par, con detalles estéticos muy gratos. Entre los que destacamos la parte ciclo y el manillar, formado por una sola pieza de acero cromado y en forma de T.

La Bellagio es elegante y agresiva, negra y cromada, compacta y airosa. Parece que la dualidad es lo que mejor define el concepto del conjunto. Única y distintiva.Su motor es un viejo conocido para todos, la clásica configuración en V a 90 grados y transversal unida a la marca, pero revisado para los tiempos actuales, en los que manda la electrónica y la normativa Euro 3, que cubica 935,6 cc. Su ronroneo inicial da muy buen rollo a los amantes de los productos Moto Guzzi. En parado su par, al retorcer el puño, hace que se revuelva desde su adentros, como pidiendo que quites la pata de cabra y pisotees la palanca del cambio con la bota izquierda. El sonido bronco invita a iniciarse en el mundo custom con elegancia y potencia. Los responsables de la música son los escapes: dos colectores que salen de sus respectivos cilindros y se retuercen bajo el cárter de la moto para encontrarse con los silenciosos en el lado izquierdo. Así, el lado diestro queda libre para mostrar el robusto y armonioso cardán, de nueva configuración. Éste se llama CARC (cardán reactivo compacto), es preciso y silencioso, entrega la potencia a la rueda trasera con suavidad y, ya sabemos, mantenimiento cero.

Ahí se halla el basculante monobrazo de articulación progresiva y un amortiguador regulable desde la parte izquierda de la moto mediante un pomo operable con la mano. El resto de la parte ciclo lo forma un chasis, clásico en Moto Guzzi, de estructura tubular de doble cuna, que nos recuerda mucho a sus genes compartidos con la California o con la Nevada. La robusta horquilla delantera, de 45 milímetros de diámetro y regulable por separado, la firma la paisana Marzocchi. El tren delantero se culmina con un manillar tipo drag bar. Los mandos de las piñas son correctos y austeros, aunque es fácil pitar al querer girar, y hay que estar atento para quitar el intermitente accionado en el puño izquierdo.

La instrumentación se nota que es italiana por el ejercicio de estilo que se aprecia. Un fondo perlado, con una información clara, avisa hasta de la pata extendida para evitar sustos en el parking. Los elegantes retrovisores, cromados y de forma ovalada, no vibran y aportan asimismo un toque distintivo. El faro va pintado como la carrocería y se sujeta mediante dos pletinas laterales. Los cercanos pilotos de intermitencia, también cromados, incorporan una tulipa transparente y presentan una gran visibilidad en marcha. Los puños, algo finos para una custom, son más propios de una deportiva, y las manetas, regulables ambas, vuelven a tirar de cromo. El piloto trasero, discretamente alojado en la mínima aleta trasera, le va como anillo al dedo en la estética compartida.

Las preciosas llantas son de aluminio, y los radios, de acero. Juntos le aportan el aire retro que adopta la Bellagio, sin perder el pragmatismo de las cubiertas sin cámara. Llevan la leyenda "Takasago EXCEL Rim", en una cuidada tipografía en rojo. Todo un acierto.

Los frenos Brembo muerden los dobles discos de delante (320 mm huecos) y son de cuatro pistones contrapuestos. Atrás, el disco es de 282 mm con pinza flotante de dos pistones contrapuestos. Los generosos neumáticos son Metzeler Roadtec Z6, 180/55/17 detrás y 120/70/18 en la dirección.

La carrocería en negro mate le otorga el punto macarra a la armoniosa moto. Está fabricada con un decepcionante plástico, material poco acertado para una robusta motocicleta. El tanque de combustible es de chapa, y un tapón cromado, casi plano y muy ancho, es su guinda. Este depósito es el vínculo mayor que encontramos con la precedente California, y le da un toque familiar.

En marcha, la Bellagio proporciona una postura muy cómoda, asiento mullido y confortable; el manillar se atrapa con facilidad, digamos que casi para cualquier talla de piloto, y los pies van algo retrasados para este tipo de configuración. Los reposapiés del conductor son adecuados, y la posición de conducción no es forzada, aunque los del pasajero son algo altos, lo que le hace elevar muchos las rodillas. Su correspondiente asiento es ancho pero corto, y también, blando.

Deportiva

Moto Guzzi Bellagio: La perla negra

A la primera engranada y con la visera bajada dan ganas de comerse el mundo a mordiscos, masticando deprisa a dos carrillos. El gran par del motor en un principio no te exige cambiar apurando las marchas, pero la precisión del cambio y la transmisión lineal de cardán te permiten llevar una conducción más deportiva de lo esperado. El manillar ayuda a meter la Bellagio en las curvas, aunque no pudimos darle mucho al mango por las carreteras locales, retorcidas como una columna salomónica.

Recorrimos las laderas empinadas del espléndido promontorio hasta Piano Rancio -me parto con esos nombres- y bajada de nuevo hasta el punto de partida. Los 75 caballos dan más que de sobra para ir muy suelto con la Bellagio. Los frenos demostraron su capacidad para ordenar la moto pararse en el momento preciso, y los neumáticos ayudaban en este cometido, y eso que estaba mojado gran parte del firme circundante del burgo fortificado de origen romano.


Nacho Mahou
Fotos: Moto Guzzi y N.R.

 

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