Moto Guzzi V7 III (prueba): ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir moto?


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Es difícil explicar por qué nos gusta la persona que nos gusta. Por qué nos parecen encantadores esos detalles que a otros se le antojarían absurdos...

Pertenezco a esa generación de moteros -pese a todo creo que somos mayoría, en realidad- para los que la elección de una moto tiene algo de enamoramiento, algo de pasional e incluso algo de irracional. Sabes que las hay más rápidas, más tecnológicas, más modernas, puede que incluso más funcionales..., pero esa moto y no otra es la que te gusta y con eso basta.

Como supongo que debo haberme labrado una larga carrera de motero neurótico, normalmente me toca probar máquinas de este tipo; de las que o aborreces o te apasionan pero estoy encantado con ello porque, para mi, una moto o te toca el corazón o no es 'tu' moto.

La Guzzi V7-III es justamente así; los que la detesten verán defectos donde los que quienes la adoran ven sólo personalidad. Y lo que para los primeros será insufrible para los segundos será justamente lo esencial. Nada nuevo tratándose de la marca italiana más personal como es la de Mandello del Lario.

Casi desde su lanzamiento la V7 fue considerada una propuesta bastante extraña de Guzzi porque parecía desubicada; no era lo suficientemente potente como para ser considerada una 'Streetfighter' ni lo suficientemente deportiva para ser una 'Roadster' ni lo suficientemente moderna para competir con las últimas 'Naked'. Llevaba cardán, su potencia era normalita, su estética conservadora y el V-Twin perpendicular marca de la casa y con 50 años a sus espaldas, ha sido siempre un motor de arquitectura peculiar que 'entra' o 'no entra'.

La primera versión de la V7 estaba ahí, en los concesionarios, como el cachorrito feo de la camada que intenta atraer la atención para que le den un hogar. De repente, sin embargo, el mercado se dio cuenta de que aquella era una moto amable, cargada de personalidad, que servía para todo y que aportaba un cierto componente de 'estilo de vida' además de un logotipo europeo cargado de historia y un precio realmente interesante.

Estamos, por tanto, ante una moto que sigue reivindicando el concepto 'neo-retro' como algo más que una simple opción estética; como un retorno a un tipo de máquina cómoda y divertida que no necesita de caballerías apabullantes ni de tecnología de carreras para que nos lo pasemos muy, muy bien al manillar.

Reivindicación neo-retro

Y pasó lo que tenía que pasar: la V7 se ha convertido en el mayor éxito de Moto-Guzzi en los últimos años y estrena ahora esta tercera versión. Una edición que aporta, además, importantes mejoras técnicas respecto a las dos anteriores, sobre todo en el sistema de lubricación, conjunto cilindro-pistón-culata e inyección electrónica. Con estas modificaciones el motor de 745 cc obtiene un 10% más de potencia y se queda en unos más que utilizables 48 CV a 5.250 rpm con un par máximo de 62 Nm a 5.000 rpm.

Probablemente -aunque sea cosa sabida- la principal concesión a la modernidad de la V7 III es que dispone -además del sistema ABS- del nuevo MGCT (Moto Guzzi Controllo Trazione) regulable y desconectable. Es un control de tracción que deriva directamente del empleado en las Aprilia más punteras y que dispone de dos niveles de intervención; uno más conservador para pavimentos con poco agarre y otro más alegre.

¿Tiene sentido un control de tracción en una moto de 48 CV? Pues, francamente, no le viene mal dado que vamos montados básicamente sobre un enorme y pesado motor cargado de par que aparece en cuanto abres gas. La entrega de potencia es lineal y no excesivamente castigadora..., pero es que un bicilíndrico V-Twin lleva en los genes tener 'patada' así que el MGCT no sobra en un motor sin limitar.

Dicho esto, a partir de 2.000 rpm el propulsor ya 'tira' y recupera -siempre dentro de un orden de moto 'tranquila', por supuesto- aunque muestra su mejor cara entre las 4.000 y las 5.000 vueltas. Apoyándose en el cambio de marchas nos podemos mover en esa franja con una sorprendente alegría que te recuerda porque Guzzi es Guzzi y porque su leyenda la precede.

Obviamente a partir de ahí ya no se muestra tan cómoda en altos, donde sí aparecen ya algunas vibraciones que nos recuerdan que si queríamos una moto sport, el grupo Piaggio tiene otras estupendas propuestas en su gama. Conviene señalar que esta versión no cuenta con tacómetro y que estas mediciones son aproximadas a partir de esas 4.900 vueltas que -según el fabricante- marcan el punto máximo de par.

Sin prejuicios

A menos que uno sea ya admirador del peculiar estilo de las Guzzi -confieso que servidor lo es- y sepa de antemano cómo se sienten y cuales son las peculiaridades de las motos de Mandello conviene acercarse a la V7 sin prejuicios.

¡Todo lo que hayas podido escuchar antes de las Guzzi es cierto..., y falso a la vez, amigo escéptico! Al extraño bamboleo del motor no sólo se acostumbra uno rápido sino que incluso acaba molando, la potencia está tan bien repartida que nunca falta respuesta y el cardán es tan poco intrusivo que, a los pocos kilómetros, es fácil olvidar su presencia.

Ya avisé un poco antes que soy de la vieja escuela y que me sale con facilidad lo de hablar de amor y pasión cuando se trata de según qué motos pero no sería justo tampoco ignorar las cualidades dinámicas que hacen de la V7 III lo que es. Y la principal de esas cualidades es la facilidad.

Hacía mucho tiempo que no conducía una moto tan amable y fácil en todos los sentidos; mucho más ligera y maniobrable de lo que parecería por sus 209 kilos en orden de marcha, versátil en ciudad y divertida para media distancia, se deja llevar tanto si eres un conductor experto como un novato. De hecho, se vende en versión limitada, aunque la que nos proporcionó la marca era libre.

Ergonómicamente es excelente, propicia una postura natural tanto de brazos como de piernas y el asiento -a únicamente 770 mm de altura- permite llegar con facilidad al suelo. Por contra, la plaza trasera de serie -también probada aunque en las fotos aparezca la versión monoplaza es manifiestamente mejorable- es poco mullida y acaba pasando factura a media distancia. Guzzi es perfectamente consciente de que más de un 60% de las ventas de V7 incorporan accesorios de un catálogo con más de 200 referencias y obviamente la marca dispone de siete asientos en opción que solucionan el problema pero creo que es un error penalizar al modelo con un exceso de austeridad.

Por lo que respecta a la parte ciclo, el tacto de la frenada -encargada a un disco delantero flotante de 320 con pinza de 4 pistones y otro trasero de 260 de 2 pistones- se me antojó dosificable y de mordiente más que sobrado. En cuanto a la suspensión, una de cal y otra de arena; excelente el tarado de la nueva pareja de amortiguadores traseros regulables en precarga del muelle y algo más blando y poco natural el de la horquilla de 40 mm. También el bastidor de doble cuna desmontable en acero ha sido reforzado en esta nueva versión y ha visto variadas las geometrías en busca de la comentada mejor manejabilidad.

Amores imposibles

Llegados a este punto parece difícil reprocharle nada a una moto con personalidad, buena, bonita y barata. Sin embargo también quiero ser honesto y admitir que con 15 CV más la V7 III sería la moto polivalente perfecta. Tampoco entiendo que Guzzi deje tan claro que nuestra invitada es la versión básica rodeándola de preparaciones y acabados que la dejan en evidencia estéticamente y la hacen parecer demasiado espartana. Personalmente me gustan las motos minimalistas así que yo estoy encantado pero tampoco le vendría mal un poco más de mimo en los acabados... ¡¡¡Caramba... Que es una Guzzi!!!

Tampoco me gustó el endiabladamente impreciso tacto del punto muerto. Imagino que con el embrague más rodado se suavizará pero hasta ese momento necesita de voluntad y costumbre.

Por todo ello y pese a mi reconocida devoción por la marca del águila, no ignoro que hay un tipo de usuario que tiene claro que jamás se comprará una Guzzi pese a sus más que ajustados precios y a disponer de toda la garantía del gigante Piaggio..., salvo que volvamos al punto inicial: el enamoramiento inesperado.

Porque esta moto se compra única y exclusivamente por pasión y aún a sabiendas de que hay máquinas europeas y japonesas que ofrecen el mismo estilo con más caballos, tecnología más moderna y mayores posibilidades de uso.

Da igual. Te gusta y punto.

Lo llaman amor..., pero quieren decir 'moto'.

Fotos de la Moto Guzzi V7 III

Fotografías por: Sessantuno (Guillem Hernández)
 

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