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Prueba Harley-Davidson Sportster 1200 Forty Eight 2013SUSTANCIA PURA


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No se trata sólo de correr. Una Harley como la Forty Eight incita a contemplar la vida por encima de su depósito peanut con una trepidante parsimonia, a entender que la verdadera esencia de una moto también puede consistir en un chasis simple y un propulsor dulce y musculoso.

No me confieso harlista. Me veo más como uno de esos moteros “chaqueteros”, que un día me enamoran las custom y al día siguiente prefiero una divertida naked o un confortable y práctico scooter... en mi mundo ideal todos los moteros tendríamos una moto para cada estado de ánimo y así podríamos acudir por la mañana a nuestro parking con varios juegos de llaves en la manos... ¿Que me he despertado con ganas de marcha? Pues me subo a mi impetuosa deportiva. ¿Que, sin embargo, me siento algo vago o decaído? Me acomodo en mi acogedor megascooter y me dejo llevar sin compromisos. ¿Que prefiero un poco de aventura? La elegida sería esa incansable maxitrail... (¡Vaya, qué fácil y barato es soñar!) Y después están esos días en los que uno se siente una pizca rebelde, un cierto inconformismo despierta en nuestro interior y nos entran ganas de sacar ese tipo “macarra” que llevamos dentro... Entonces no tengo dudas, acudo raudo a rescatar, de un oscuro rincón de mi armario, esa chupa de piel negra como el azabache, mi casco jet y unas gafas de sol... ¡Me voy al garaje y arranco con un subidón de autoestima y una mirada de 'perdonavidas' el corazón aguerrido de una Harley-Davidson!  

La suerte es que parte de mis sueños a veces se hacen realidad, y mi trabajo me permite a menudo saciar apetitos arraigados. Desde su lanzamiento hace casi un lustro, la Forty Eight era una de esas motos que me tenían el estómago cogido. Y eso que no soy harlista, pero confieso que -como adolescente enamoradizo- desde el primer día que la vi algo se instaló en mí, una irresistible fuerza que me pedía a gritos rodar a sus lomos... Y así fue...

Me dejé una frondosa barba para la ocasión. También me enfundé el atuendo de rockero por unos días. Habrá muchos entusiastas de la marca de Milwaukee que quizás piensen que abuso de los clichés, que no todos los harlistas son “chicos malos” o seres oscuros. Yo pienso lo mismo y más en los últimos tiempos, que Harley-Davidson se ha convertido también en una tendencia de estilo para ejecutivos o urbanitas que necesitan 'soltarse la melena'... Pero no pude evitarlo, me lo pedía el cuerpo y además soy de los que creo que las experiencias hay que vivirlas al máximo, y no hay nada mejor que subirse a una Harley con la seguridad de unos complementos que casan a la perfección con la estética del vehículo... ¿A que sí?

La 'fortieit' no es un modelo cualquiera, es una Sportster 1200 que mira por el rabillo del ojo a las años 40-50, un viaje en el tiempo que Harley-Davidson realizó para diseñar una moto que rindiera homenaje a los pioneros del estilo 'Bobber' ¿Porqué “48”? Cuando en 1945 terminó la Segunda Guerra Mundial, había en los campos de batalla de Europa miles de motos militares que Harley-Davidson había fabricado como contribución al esfuerzo bélico, como las indestructibles WLA, que se habían convertido en una herramienta indispensable para asegurar las vitales comunicaciones de los aliados en todos los frentes. Tras la contienda muchos soldados se llevaron a su fiel compañera mecánica de armas o, simplemente, se hicieron con una de las miles de unidades excedentes que Harley puso en el mercado a precio de saldo. Lo primero que hacían los propietarios de esas motos era “desmilitarizarlas” quitándoles todos los accesorios bélicos y cambiando el enorme depósito “US Army” de gran capacidad por otro mucho más pequeño y discreto. En 1948 los depósitos minúsculos y las motos minimalistas desprovistas de todo lo que no fuera imprescindible se habían convertido ya en una moda. Había nacido el “Bobber”. 

Sesenta y dos años después, la casa de Milwaukee usó este año, el 48, para denominar uno de los modelos más peculiares de su gama, con una acertada vuelta de tuerca que desde su presentación en 2010 le ha servido para ganar un gran peso específico en sus filas por su conjugación de moto tan esencial como apasionada. Y qué duda cabe que también por su estética minimalista y reinventada con pureza, con la parte ciclo y la parte motor que se corresponden a la de cualquier otra Sportster 1200 pero acompañadas esta vez de un depósito “Peanut” -la capacidad se ha reducido a 7'95 litros-, de estriberas adelantadas y del ya referido neumático 90/16 totalmente inspirado en el referido estilo Bobber.

Además, y como uno de los elementos más significativos de este modelo, por primera vez Harley decidió equipar una de sus motos con unos espejos retrovisores montados por debajo de la línea del manillar, una solución que inicialmente puede desconcertar al conductor pero que pasados los kms y, una vez habituado a la original disposición, resulta incluso más confortable. Completa el catálogo de novedades estilísticas un asiento monoplaza, ya que la moto viene de serie en configuración “Solo” y el manillar recortado de color negro tipo Drag-Style. Conviene señalar, sin embargo, que la “Forty Eight” está perfectamente homologada para dos plazas, con lo que basta hacerse con un asiento suplementario para el pasajero y montar unas estriberas para disfrutarla a dúo.

Los diseñadores han acabado de conseguir ese guiño al pasado con detalles como las llantas de radios de 16’’ en acero negro, unos diminutos guardabarros de tipo recortado y unas luces traseras de diseño clásico que integran freno, posición e intermitentes. Exhibe otros detalles en negro como la tapa del filtro de aire, el pedal del freno, las manetas y la horquilla delantera, que se combinan con algunos componentes cromados como la doble salida de escape, los amortiguadores traseros y el V-Twin en combinación de negro y acero pulido. Para la versión que Harley-Davidson España nos prestó para la realización de esta prueba, el acabado es el llamativo Hard Candy Custom, cuyo precio asciende a 12.440 euros. 

Una moto... ¿de ciudad?

Como si de una modelo se tratase, esta moto está destinada a desfilar por la alfombra gris de la ciudad: su estética preciosa e impactante de inspiración “vintage” está hecha para exhibirse, para acaparar miradas. Los propios responsables de H-D tienen claro que la 'Forty Eight” tiene en su principal comprador a tipos urbanos que busquen la moda no sólo en la ropa o en su estilo de vida, si no también en su modo de transporte. De ahí entendemos, por ejemplo, la minúscula autonomía de su depósito 'cacahuete': los escasos 8 litros de capacidad son como un chupito para el descomunal y conocido motor V-Twin Evolution de 1.200cc y alcanzarán como mucho los 100 km de vida, así que moverse por la ciudad no supondrá para su dueño -más allá del engorro de visitar más de lo deseado los surtidores de gasolina- ningún problema; ahora bien, si se propone realizar alguna excursión fuera de las fronteras metropolitanas, va a necesitar un timing muy concreto y un plano con todas las gasolineras que se encontrará en el camino... porque tendrá que repostar a menudo.

También ayuda a potenciar esta personalidad urbana -como en todas las Sporster- el hecho de que sea una moto con el asiento muy cercano al suelo y con unas geometrías que facilitan la vida a bordo: subirse o bajarse de la moto no requiere el mínimo esfuerzo y apoyar los pies en el suelo con comodidad está alcance incluso de los conductores de menor estatura. Y al mismo tiempo, nos ayuda a gobernar sus 260 kg con fluidez, incluso en las maniobras en parado. Ahora bien, hay quien dice que “más vale muerta que sencilla” y darse el gustazo de comprarse una deslumbrante Harley como ésta conlleva pagar también algunos “dolores”, como aguantar el habitual e intenso calor que emana del bicilindro para abrirnos los poros del cuerpo como si de una sauna se tratara, sobre todo cuando en el habitual caos circulatorio permanecemos parados -y por tanto, sin ventilación- o no más allá de la segunda marcha. Por otro lado, esa goma “balón” delantera que nos hace de guía no es precisamente un ejemplo de maniobrabilidad a bajas velocidades. Cuando llegas a una rotonda, por ejemplo, el ruedón no nos lo pone fácil y rechista a la hora de entrar en la curva. Su capacidad para virar es mínima y hay que ponerse firmes al manillar para que vaya por donde queremos. De todas formas, es cuestión de acostumbrarse y, como pasa con la mayorías de motos, con el paso del tiempo entendemos las manías y también las virtudes del modelo que llevamos entre las piernas. En el caso de esta 48, lo ideal es desprenderse de la clásica conducción de custom o incluso de nakeds, siempre muy bien mandadas y a las que tan sólo has de insinuarle la curva para que ellas hagan el resto; la americana hay que gobernarla con más ímpetu, como si su pasado militar saliese a flote para decirnos “¡A sus órdenes!”. Con buen mando, el balón delantero y la horquilla larga comienzan a obedecer, a entrar por el aro. 

Hay que mandar, no conducir

Muchas motos llevan como rueda trasera lo que la Forty Eight lleva como delantera. Éste, sin duda alguna, es el principal elemento que con mayor fuerza influye en su personalidad... Como buena Bobber, su neumático anterior lo mediatiza todo: por él todo pasa y él todo lo filtra. Pero que nadie se asuste, no es tan fiera como la pintan. Incluso enlazando curvas, llega un momento que lo hace con una alegría y soltura inusitada. Eso sí, eso no implica que le gusten mucho los cambios súbitos de dirección o movimientos imprevistos: cuando le marcas la trayectoria ella obedece con estabilidad, pero 'rechista' si por cualquier cosa cambias de idea o necesitas corregir la trazada.  

En cuanto a la suspensión, se nota su pertenencia a la familia de las Sportster -tradicionalmente de tarado trasero duro y seco- aunque en la Forty Eight alcanza cotas todavía mayores debido al efecto amortiguador que la extraordinaria goma delantera ejerce sobre la horquilla: la parte delantera suaviza sus reacciones y por tanto la moto traslada las irregularidades del asfalto en mayor medida sobre el tren trasero. Sin duda, los riñones son los más perjudicados... Aún así hay una cara positiva de esta dura suspensión, y es que el aplomo de la moto en los virajes es más que aceptable para tratarse de una Harley, y el conductor notará una casi total ausencia de flaneos cuando circule a ritmos más vivos por carreteras de curvas. La moto se pega bastante al asfalto. Y lo hace además con unas impetuosas aceleraciones derivadas del archi-conocido bicilíndrico en V de la casa de Milwaukee: con 1.200 y provisto de la inyección secuencial ESPFI, la Forty Eight proporciona una gran capacidad de respuesta caracterizada por su excelente elasticidad a través de sus cinco marchas, la transmisión por correa y su embrague suave. 

Tampoco es conveniente ilusionarse demasiado, ya que los avisadores de las estriberas entrarán en acción antes de lo esperado, mucho antes incluso de que podamos poner a las suspensiones en apuros... Es un modelo que, a diferencia de la mayoría de productos de Milwaukee pensados principalmente para circular por esas infinitas rectas de asfalto americanas, no se siente tan incómoda a la hora de afrontar una secuencia de virajes; sin embargo, la baja altura de los reposapiés nos impone unos límites de plegada bastante precoces. No es que quisiera yo andar tocando con la rodilla en el suelo como si de una deportiva se tratase, pero tampoco entrar en una curva como si fuera un equilibrista... Insisto, la moto podría dar más en ese sentido.

La frenada es cumplidora. El tacto de la maneta no tiene demasiado mordiente -algo también bastante habitual en las Sporster- pero es bastante dosificable y cumple su función y transmite confianza. 

NO LA ELIGES, TE ELIGE

Mis días de harlista tocaban su fin tras algo más de una semana viviendo con esta espectacular Harley Forty Eight, una moto de comportamiento dinámico eficaz y marcado por su 'balón' delantero. Vale que, obviamente no ha cubierto mis necesidades de movilidad urbana pues no es un modelo para ratonear ni excesivamente confortable en los cortos recorridos. Tampoco era mi intención medirla en términos de practicidad, como tampoco le pido cualidades ruteras a un scooter 125 o usabilidad a una maxitrail. Ésta es una Harley peculiar con un modo de conducción peculiar, pero no está carente de todas esas máximas que cualquier persona que entra en el universo de la firma americana busca: exclusividad, robo de miradas a su paso y un aura de coleccionismo que casi ningún otro fabricante alcanza. Es una Sportster menos convencional y más radical que sus hermanas que completan el resto de gama, dirigidas a conductores más convencionales; pero también es una moto estéticamente preciosa -eso lo aporto yo- y una de las alternativas más personales que actualmente está disponibles en el mercado. 

Con las clásicas vibraciones del estruendoso V-Twin, su posición de conducción con las estriberas adelantadas y esa estética endiabladamente bella, las sensaciones a bordo de la de Milwaukee despiertan emociones especiales. Es simple y pura sustancia sobre dos ruedas. 

DETALLES

Motor Evolution V-Twin de 1200 cc

Depósito peanut de 7,95 litros y soporte de fijación perforado

Asiento de 710 mm de altura

Neumáticos gruesos tipo balón

Llantas de radios de acero negro de 16”

Manillar custom de perfil bajo con espejos montados bajo el manillar

Nueva horquilla delantera con amplias tijas

Guardabarros delantero recortado con soporte perforado

Guardabarros trasero recortado

Luces traseras combinadas de freno/posición/intermitentes

 
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Comentarios (2)

  • jamie
    jamie 02-10-2014

    Y habrá quien se compre una moto con depósito de 8 litros, que pesa 260 kg, con unos frenos de ciclomotor y con un motor que en verano te achicharra las piernas.
    Con tal de llevar el nombre de Harley en el depósito hay quien paga por ese montón de hierro.
    En los años 90 tenían poco de americanas ya las Harley: frenos, amortiguadores y demás japoneses..……no quiero ni pensar lo que debe ser ahora un artilugio de ésos, con motores de tecnología años 30.

  • Jorge
    Jorge 09-01-2016

    Sarna con gusto no pica. En todo caso te recomiendo una Puma 2* serie te lleva a cualquier lado y no se rompe

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