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Prueba Harley-Davidson Street Glide Special 2015NI CONTIGO, NI SIN TI


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Hubo flores y cena. Hubo frío y calor. Hubo besos y bofetadas, revolcón y remordimientos. Hubo, con esta H-D Street Glide Special, un quiero y no quiero...

Las tonalidades grises nunca han ido con la casa de Milwaukee. Sus motos son blanco o negro. O las amas o las odias. Y Harley-Davidson se ha encargado de perdurar en el tiempo esta filosofía cromática de vida, ajena a los dulces arco iris de otras marcas. Las Harleys siempre han sido duras, inmortales, rocosas, imperfectas... Ellas pertenecen a otra época, a otro mundo, a otro cuento... Forjadas en un volcán, montadas por las manos callosas de maestros herreros, vestidas con el cromado traje de un apuesto caballero medieval, impulsadas por el corazón de un dragón de dos cabezas... Bueno, como a mucha gente la pasa con esta marca, quizás el subconsciente nos esté engañando y la imagen que tenemos en nuestra cabeza de los máquinas de Milwaukee está ligeramente distorsionada; puede que, en realidad, las H-D no sean tan fieras como las pintan, o al menos su historia no sea tan de relato fantástico... Cierto es que históricamente las H-D han mantenido como ninguna otra ese aura anacrónica de motos legendarias, eternas, fieles a sus “tablas de los mandamientos originales y adaptadas a regañadientes a las ordenanzas del siglo XXI. Pero tan cierto como que, desde hace tiempo, la casa estadounidense ha ido dando pasos agigantados a nivel tecnológico para que sus motos abandonaran la “capa y la espada”. 

El último ejemplo de ello fue el Proyecto Rushmore lanzado hace dos años y que sirvió, mediante la experiencia de miles de usuarios, para limar esas asperezas congénitas y culpables, entre otras cosas, de esa fama de “hierros”. Cosas como una frenada más contundente, menos calor entre las piernas, más potencia al adelantar, más usabilidad en los botones o las maletas... fueron algunas de las “innovaciones” que la marca desarrolló para dulcificar la vida a bordo de sus clientes y potenciar su famosa experiencia de conducción. Un total de 160 cambios en la moto y 60 en el motor. La gama Touring fue la primera en recibirlos y, por consiguiente, la Street Glide (modelo creado en 2006 por Willie G. Davidson a partir de una moto que el propio nieto del cofundador de la marca había personalizado para sus viajes) también.

El Proyecto Rushmore supuso una pequeña revolución de “mases” en la genética de la exitosa bagger -la Harley más vendida en el país norteamericano-: más potencia (nuevo motor de alto rendimiento Twin Cam 103), más frenada (frenos conectados Reflex con ABS), más aplomo (horquilla delantera más robusta de 49mm), más estabilidad (nuevo carenado Batwing con toma dinámica de aire Splitstream que reducía los rebufos), más confort (relojes de mayor tamaño con gráficos mejorados y tapón del depósito de combustible One Touch), más almacenaje (maletas rediseñadas con cierres One Touch y un 8% más capacidad), mejor sonido y conectividad (Sistema de infoocio Boom! Box 4.3 con pantalla a color y puerto USB) y otros detalles como los nuevos faros halógenos duales, las llantas de aluminio fundido Enforcer y el guardabarros delantero rebajado. Así eran las numerosas novedades de esta versión 2013 nacida de Rushmore que, aunque pareciera mentira, externamente mantenía intacta la esencia de generaciones anteriores pero que, ya en marcha, ofrecía una experiencia de conducción completamente renovada. 

Para 2015, Harley-Davidson preparó su segundo capítulo del Proyecto Rushmore, centrado en potenciar todavía más ese enfoque Touring, y aparece en escena la Street Glide Special, el modelo que nos ocupa en esta ocasión. Se trata de una versión “full equipe” de la estándar, a la que sustituye en el catálogo. No hay cambios a nivel mecánico ni ciclístico. Son más bien a nivel estético y de equipamiento. En primer lugar, los laterales de la moto han sido decorados con unos nuevos fileteados (por cierto, realizados con la famosa técnica pinstriping), y además ahora exhibe unos emblemas en la tapa del filtro de aire y en la consola que, junto al interior del carenado pintado en negro y el faldón inferior del carenado frontal pintado a juego, logran donarle a la moto una imagen, si cabe, todavía más exclusiva. 

La que consideramos la “guinda del pastel” de las novedades de esta nueva Street Glide Special se encuentra en el equipo de Infotainment: Harley ha sustituido el sistema infoocio Boom! Box 4.3 por una versión más avanzada, la 6.5GT (hasta ahora sólo equipada en las Ultra Limited y Tri-Glide Classic), que básicamente tiene una pantalla táctil de alta resolución a color 2,2 pulgadas más grande, la posibilidad de regular su iluminación -de forma manual o automática-, el control por voz de diversas funciones (móvil, navegador, radio, etc.) en diversos idiomas (español, inglés, francés, alemán italiano y portugués) y un completísimo sistema GPS de navegación que ofrece rutas, puntos de interés, gasolineras cercanas, restaurantes, hospitales o concesionarios de Harley-Davidson. Es sin duda uno de los mejores “cócteles” de audio, comunicación, navegación e información que se puede encontrar en la categoría: puedes conectar tu propio móvil -por Bluetooth o por cable- para escuchar tu música por los altavoces 'a todo trapo' y sin apenas distorsión, o para realizar llamadas o recibir SMS, conectar tus intercomunicadores, programar tu ruta... y todo controlable mediante los joystick con cinco funciones ubicados en ambos puños o directamente en la pantalla táctil. 

HARLEY-DAVIDSON STREET GLIDE SPECIAL: ANSIAS DE CARRETERA

Cuando tienes una Harley-Davidson de 28.000 aparcada en tu garaje un cierto “cosquilleo” se apodera de ti, seas o no seas harlista. Sabes que es algo más que una moto, no sólo se trata de movilidad, es un acontecimiento social, todo el mundo a tu alrededor -compañeros de trabajo, el portero de tu edificio, tu suegro, al tío del parking, colegas del gimnasio...- quedarán asombrados al verla aparcada en la calle, algunos te coserán a preguntas, otros se fotografiarán encima de ella para enviarla a sus grupos de “guasap”... Todos la adoran. Acostúmbrate al famoseo. La Street Glide Special es como una Rockstar al estilo americano, que desfila sobra la alfombra roja encantadora ante los flashes, y tú, su afortunado acompañante... 

Yo la recogí un lunes -¡maldito día para recoger una moto de pruebas, queda una eternidad hasta el fin de semana!- pero esto también me sirvió para dividir la prueba en dos partes muy bien diferenciadas. La primera, la menos agradecida, en ciudad; la segunda, ya en carretera abierta, la que realmente le abre los poros y le hace transpirar su auténtica esencia...

En los días laborales que la usé para desplazarme por Barcelona, la Street Glide Special se resistió, pataleó y protestó. Es una moto pesada (373 kilos en orden de marcha) y con unas dimensiones que harán que circules en el tráfico casi como si de un coche se tratara: olvídate de zigzaguear o colarte entre turismos para situarte en primera línea de semáforo. Su maniobrabilidad, mermada por su escaso radio de giro y por unas generosas dimensiones, tan sólo está favorecida por la baja altura del asiento (695 mm, 45 mm que en sus “hermanas” de gama), así que las piernas bien apoyadas en el suelo tendrán más “potencia de tracción” para las maniobras en parado. Eso sí, la ergonomía es realmente confortable, su asiento de buen mullido y cuello estrecho para aliviar la presión sobre los mulos, recoge bien al conductor que adopta una postura de brazos y piernas estiradas, típico entre las custom, pero nada radical. El pasajero, sin embargo, no es muy bienvenido: su escasa parcela de asiento está pensada para eventuales transportes de corta duración, nunca para largos viajes. El manillar en acero inoxidable es ancho y cercano y favorece la posición cómoda de la espalda; por su parte, los mandos están suficientemente cerca como para tenerlo todo controlado. Eso sí, en las ergonómicas piñas encontrarás tal cantidad de botones que necesitarás algún tiempo para familiarizarte. 

Hay soluciones en la Street Glide a tener en cuenta a la hora de valorar su funcionalidad, como el conector para accesorios de alta potencia -ideal para enchufar complementos como puños calefactados, chalecos, luces...-, las maletas rígidas One Touch que se abren fácilmente con una mano (aunque han aumentado su espacio respecto a la anterior versión, siguen sin ser muy acogedoras), o la apertura con llave del tapón de combustible, también con diseño One Touch.

Estéticamente, la Street Glide sigue teniendo esa capacidad innata para atraer miradas. Su presencia es elegante, con unas líneas clásicas que se suman a una calidad extraordinaria en acabados y materiales, y unas pinturas premium (hay disponible los colores verde, negro mate o brillante, naranja, dos tipos de grises y un blanco perla, que es el de la unidad de este reportaje) que se suman a los impolutos cromados para hacer destacar una moto que nunca pasa desapercibida. Su depósito clásico de 23 litros de capacidad con emblema metálico (consumo declarado de 5,6 litros a los 100 km, para u na autonomía que ronda los 300 km), sus atemporales intermitentes delanterios en forma de bala y traseros con tecnología LED, sus llantas Enoforcer de 5 palos o su faldón del carenado a juego con la moto son algunos de los detalles que realzan el atractivo inmortal de esta moto. 

El showtime llega cuando retiramos la pata de cabra y, sin necesidad de insertar la llave en ninguna ranura -incorpora la llave de bolsillo tipo manos libres, que también controla las funciones electrónicas de seguridad- “desfibrilamos” el poderoso corazón del dragón. La pantalla táctil a todo color se enciende con una bienvenida que perfila el escudo de la marca. La unidad de pruebas tenía configurada la radio para que comenzara a sonar Rock FM. “No se me ocurre mejor dial para circular con la Street”, pensé. Loquillo fue el telonero mientras salía del garaje. Justo antes encarar la rampa de salida, como siempre, me paro delante de la garita de seguridad para introducir la tarjeta. Normalmente hablo un minuto con el portero... ¡pero esta vez me fue imposible! El estruendoso sonido del V-Twin inundaba el interior del parking haciendo imposible cualquier conversación. Es un sonido que te envuelve, que disfrutas, del que nunca te cansas... A las Harley le pasa lo mismo que a los grupos de música, siempre suena mejor en directo...

En marcha, obviamente, la moto va perdiendo pesadeces, y todas esas cualidades que en parado o en ciudad a ritmos lentos criticabas porque penalizan su agilidad y confort, van ganando sentido, y vas entendiendo los motivos por los que están. Es decir, el volumen de la moto deja de jugar en tu contra, se cambia de bando para ayudarte viajar con gran comodidad. El voluminoso carenado Batwing frontal es suficientemente protector, al menos sobre el torso, brazos y manos; a los conductores que superen el 1,85 m. de estatura, nadie les librará de sufrir cierto impacto del viento en la parte superior del casco. Las piernas tampoco quedan protegidas, pero esto no es tanto problema, pues el refrescante aire ayudará a contrarrestar el intenso calor que emana del gran bicilíndrico entre ellas. 

Como comentábamos anteriormente, llegado el fin de semana aprovechamos para realizar bastantes kilómetros por autopista y alguna ruta por carretera de curvas. En las vías anchas y rápidas es donde esta “americanada” se encuentra más a gusto. La filosofía de turismo en EEUU no tiene nada que ver con la europea: si aquí disfrutamos de los revirados asfaltos y no nos importa salirnos de las autopistas para disfrutar de un buen trayecto secundario, en el país norteamericano el concepto es más “rectilíneo”, sus autopistas de tropecientos carriles han evolucionado sus motos hacia la estabilidad y confort, en lugar de buscar -como pasa más en el viejo continente- las prestaciones en curvas o los buenos rendimientos sport. Por eso decimos que la Street Glide Special es una “americanada” que aquí no acaba de encontrar su hábitat natural. Es una moto “grandota”, larga, baja y con pocas ganas de inclinarse. A la mínima, rasca el asfalto por todas partes. Sus geometrías (distancia entre ejes de 1625 mm, avance de 170 mm y distancia libre al suelo de tan sólo 135 mm) no están hechas para la reactividad. 

En cambio, precisamente esas geometrías son las que la convierten en una moto ideal para el paseo, para el viento en la cara sin prisas, ya que en vías rápidas ofrece una gran estabilidad, es como un tanque, aplomado y imperturbable. Sus llantas de 19'' delante y 16 '' detrás con anchos neumáticos (sobre todo el trasero, de 180/65) ayudan a la moto a mantener la verticalidad, no al contrario. El nuevo motor de alto rendimiento Twin Cam 103 V-Twin refrigerado por aire con radiador de aceite e inyección electrónica -del que ya os hemos hablado en la prueba de la Road Glide- es un motor poderoso y solvente. Entrega 86 CV a escasas 5.000 vueltas, pero donde realmente destaca es en su par motor que alcanza la excelente cifra de 138 Nm a 3.500. Es una mecánica “funcionaria” en bajas revoluciones capaz de consentir aceleraciones de correcta burocracia, fuertes y constantes, pero que en medios y altos regímenes es donde realmente airea todo el potencial de sus dos tremendos pulmones de casi 1.700 cc. Respira muy bien a ritmos altos, y brilla por sus recuperaciones, para realizar adelantamientos o para, de repente, subir el ritmo en un pestañeo.

El V-Twin de esta cruiser -que por cierto, incrementa un 5% su par en comparación con la anterior generación- no es de los que necesite tenerlo siempre viviendo en su régimen óptimo, que se sitúa a partir de las 3.000 rpm, para sacarle la patada; tiene la elasticidad suficiente para empujar sin desfallecimientos notables, aunque, como suele suceder en los grandes bicilíndricos, si nos apetece jugar con el cambio tendremos un propulsor de mucho carácter. El funcionamiento de este ruidoso cambio es suave aunque algo impreciso entre 1ª y punto muerto. Los frenos, como explicábamos en la presentación del Proyecto Rushmore, han sido convenientemente revisados para intentar paliar uno de los talones de Aquiles de la marca americana: con el nuevo sistema de frenada combinada Reflex provisto con ABS, como es habitual firmado por Brembo, la centralita ELB -desarrollada en colaboración con Bosch- gestiona diferentes parámetros para combinar electrónicamente los frenos delantero y trasero -hidráulicamente independientes- ofreciendo una detención eficaz y equilibrada de los discos. El equipo tiene a su servicio pinzas de 4 pistones. El tacto de la maneta de freno es suave y algo esponjoso en un primer tramo; el punto de frenada deseado lo notarás en la segunda parte del recorrido. 

Cuando llegaron las curvas, la melosidad con la que la Street Glide nos trató a lo largo de 200 km de autopistas se volvió algo más ruda. Es una moto que en curvas amplias aún se comporta con caballerosidad, su horquilla compuesta por travesaños de 49 mm es más rígida y soporta con más nobleza las envestidas inerciales de los casi 400 kg cuando trazamos con alegría, pero las curvas cerradas está claro que no son su especialidad: anticipa bien la curva pues el tren delantero, algo subvirador, se toma las cosas con calma. Síguele la corriente. De todas formas, estoy convencido que si estás pensando comprarte una Harley-Davidson de la gama Touring, no creo que los serpenteantes asfaltos sean tu patio de recreo favorito. Los amortiguadores traseros pecan de corto recorrido y esto resta cierto confort y precisión cuando sobrepasamos algún bache. En líneas generales, la absorción de las suspensiones es buena y enfocada en el confort. La Street parece más larga de lo que es cuando la ingresamos en una secuencia de curvas. Enseguida comienzas a adaptar tu estilo de conducción, usando más el contramanillar de lo que normalmente haces, pues la inclinación se resiste y la moto requiere de tu maña. Hay que pilotarla con entusiasmo en esas lindes. En comparación con su hermana Road Glide, por ejemplo, es algo menos ligera de tren delantero, pues el carenado frontal lo lleva anclado a la dirección en lugar de al chasis, y esto le resta manejabilidad. Tampoco es que sea ingobernable, con el paso de los kilómetros le vas cogiendo el punto, conociéndola, y toda parece fluir con más suavidad. Dale tiempo. Ella, sin embargo, esperará con ansias a que la vuelvas a colocar en una buena carretera ancha y estirada. Estará deseando que vuelvas a subir el volumen de sus altavoces -por cierto, de extraordinario sonido que casi no se distorsiona por mucho que lo subas- y que vuelvas a sentirte privilegiado por disfrutar a sus lomos de un viaje en limusina de dos ruedas. Activa el control de crucero en el puño izquierdo, sube la música de Rock FM y déjate llevar...

PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS HARLEY STREET GLIDE SPECIAL 2015

-Sistema de infoocio Boom!™ Box 6.5GT, con pantalla táctil y un sistema de navegación GPS

-Dos mandos tipo joystick ubicados en un nuevo manillar

-Motor Twin Cam 103™ V-Twin

-Maletas rígidas One-Touch

-Sistema de frenada combinada Reflex™ con ABS

-ADN del Proyecto Rushmore, un plan de desarrollo de producto inspirado en las necesidades de los propios clientes

-Emblema en la consola y en la tapa del filtro de aire

-Interior del carenado pintado en negro

-Fileteados

-Faldón interior del carenado frontal pintado a juego

-Precio: 28.500 euros

 

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