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Prueba Moto Guzzi V7-II 2015 O te guzzi o no te guzzi


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A las Guzzi se las ama o se las odia; no hay término medio. Como se ama o se odia, en realidad, a quien hace siempre las cosas a su manera...

He conocido a tipos que se han bajado de una de Mandello echando espumarajos por la boca y jurando que nunca se volverían a subir en una.
Y a otros que, tras subirse a una Guzzi, han decidido que aquella era la moto de su vida y jamás podrían conducir otra cosa.
Todas las Guzzi -no solamente nuestra invitada- eligen, en realidad, a sus dueños. Nunca esperes de una moto de Mandello del Lario que se adapte a tí. Eres tu quien debe adaptarse a ella... y si no eres capaz de entenderlo es que no eres tipo para una Guzzi.
Un cardán que es cualquier cosa menos sutil... un extraño bicilíndrico en V perpendicular que agita la moto como un barman una coctelera... una estética de esas que nunca pasa de moda porque siempre es igual...
Todo defectos para quien las odie... y todo virtudes para quien las ame. Porque si no tuviera todas esas cosas... ¡no sería una Guzzi!  
A mí, ya lo admito de antemano, me encantan las Guzzi desde que me enamoré siendo un adolescente de la mítica 850 Le Mans... una de las Guzzi más bonitas jamás salidas de la vieja factoría del Lago de Como y una de las motos que más he deseado junto a una Laverda 1000 Jubilée. 
En esa época aún las japonesas eran algo exótico e inalcanzable así que la mayoría de mis fantasías eran italianas... algo que me ha marcado para siempre y me ha convertido en un italianófilo convicto y confeso. En realidad me gustan todas las motos que deciden ponerse el mundo por montera e ir a lo suyo; aquellas que deciden ofrecer algo diferente... incluso si comercialmente eso las condena a ser minoritarias.

Viejos nuevos conceptos

Este era un poco el caso de la primera V7... a la que la ola de nostalgia setentera que nos invade fue convirtiendo, poco a poco, de moto invisible a moto “cool” hasta convertirla en la más vendida de la marca. En el Grupo Piaggio -que no tienen un pelo de tontos- se dieron cuenta de inmediato del filón y no perdieron ni un minuto en lanzar la V7-II, la segunda versión del modelo.
Hay que ser justos con la historia y admitir que hablar, como yo lo he hecho, de “primera” y “segunda” V7 es un poco frívolo. La V7 que ahora tenemos en las tiendas es efectivamente la segunda versión en esta nueva etapa de Guzzi y del modelo... pero la moto tiene una larguísima historia que empieza a finales de los 60 y convierte a la V7 original en uno de los modelos más exitosos de la marca del águila. Y digo esto porque conviene señalar que en Mandello no se han limitado a aprovecharse del tirón de un modelo mítico sino que se han preocupado mucho de que la actual V7 mantenga todo el carácter y rasgos fundamentales de aquella V7 original, en este caso el modelo de 1975.
Evidentemente estamos hablando de una moto del siglo XXI ya con asistencia electrónica, una marcha más en la caja de cambios y una estética renovada... pero os aseguro que sigue siendo una Guzzi V7 como siempre han sido las Guzzi V7.  

Espíritu V

Obviamente si lo que buscas es caballería desbordante, una frenada capaz de sacarle los ojos a Bautista o Bradl -los MotoGP del grupo italiano- y una estética sideral... de verdad que la Guzzi V7 no es tu moto. En Aprilia -por seguir siempre dentro del Grupo Piaggio- tienen cohetes espaciales que te encantarán. Es más... te diría que si lo que buscas es una naked de buenas prestaciones y vocación sport-turismo... tampoco la V-7 va a ser tu moto.
(Recuerda que al principio de este texto ya advertía que esta es una moto que elige ella a sus propietarios).
La Moto-Guzzi V7-II es otra cosa. En los parámetros actuales está más cerca de una custom-sport, sin serlo, que de una naked estándar. Y que nadie se eche las manos a la cabeza con tamaña afirmación. Guzzi fue antes y sigue siendo ahora -basta con ver su catálogo- una de las pocas marcas europeas, junto con Triumph, que propone un verdadero “custom a la europea”.
La V7 no es, evidentemente, una custom ni por estilo ni por diseño ni por ergonomía ni por vocación pero sí es heredera de una cierta tradición de Guzzi que dice que el motor ha de ser protagonista, que el V perpendicular manda y el resto de la moto -incluida la personita que la conduce- obedece.
Hecha la declaración de intenciones, conviene señalar que la práctica se corresponde totalmente con la teoría.

Una moto que palpita

Pulsar el botón de arranque abre la puerta a un rugido típico de bicilíndrico en V que encandila... y a un personalísimo juego de movimientos laterales a los que estará perfectamente acostumbrado quien haya conducido alguna vez motores bóxer y similares pero que siguen sorprendiendo a los neófitos. La Guzzi V7-II entrega 48 CV para 190 kg en vacío... y sí, a mi también se me puso la misma cara cuando leí la relación de peso/potencia... hasta que la probé. Recordemos la referencia custom de la que hablábamos; esos caballos los da todos abajo, todos cargados de par y todos buscando hacerte avanzar a ritmo alegre y cargado de sensaciones moteras de antes. Por encima de 4500-4800 vueltas el V perpendicular a la marcha muestra claramente su incomodidad con un aumento de las vibraciones -estas menos carismáticas- y una evidente pereza en las recuperaciones.

Que nadie se asuste; la moto corre lo suficiente como para entrar en el sorteo de varias bonitas fotos a cargo del Estado... pero no creo que esa esa su función. Pedirle a la V7-II que fuerce la máquina es como pedirle a una bailarina del Bolshoi que baile un reggaetón.
Por poder hacerlo puede hacerlo.. pero lo suyo es otro ritmo...
A ver... antes se iba en moto para relajarse, para divertirse... que no digo que ahora no sea así... pero la diversión era lo principal. Y la V7-II recupera esa idea; dejarse llevar por un motor palpitante que te lleva sin más preocupación que ver pasar la carretera y sentirse motorista, no piloto.

Mandello bien vale una moto

Muy bien Gonzalito, muy bien... que si el Bolshoi, que si la elegancia, que si cada vez eres más pedante y redicho... ¿pero cómo narices va la Guzzi V7-II, puñetero carroza?
Pues vale... no me machaques tanto, alter ego nervioso, ya he dicho al principio que la moto va estupenda si no buscas sensaciones deportivas. (No es culpa mía que una parte de mí sea bipolar y corta de entendederas, además).
El triángulo ergonómico está bien logrado; no fuerza ni flexiona extremidades y la altura del asiento permite llegar cómodamente con los pies al suelo incluso con estaturas algo inferiores a 1.70.
En ciudad cambia de dirección con agilidad -su cetro de gravedad está bien logrado- lo cual sumado a su par motor y su tamaño compacto la hace buena urbanita.
Conducirla es muy, muy fácil; basta con poner una marcha, dejarse empujar por un motor que respira en cada pistonada e ir enlazando virajes. Cosa que, por cierto, hace con mucha más facilidad de lo que su carácter tranquilo permitiría imaginar
La frenada es más de compromiso... justita de mordiente para no asustar... aunque la presencia del ABS y el control de tracción nos permiten asumir un plus a la hora de tirar con fuerza de la leva. Cuando me dijeron que la V7-II llevaba un control de tracción derivado de las superbike de competición lo vi tan innecesario como un alerón en un tractor. Hoy, al margen de la explicación técnica -el conjunto electrónico es todo uno, todas las ayudas electrónicas van integradas y es más fácil incluirlo que quitarlo- debo reconocer que funciona y que te permite extraer un poquitín más de mala leche de una moto que, de amable, enamora.
La V7 II son sensaciones, sensaciones y aún más sensaciones. 
Y un motor cargado  de personalidad. Y un logotipo glorioso en el depósito. Y pura historia de la moto europea. 
¿Te parece poco?

Fotos de la Moto Guzzi V7-II

Fotografías por: Santi Díaz
 

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