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Prueba Triumph AméricaUna inglesa despistada en tierra americana.

Publicado el 02/04/2013


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Ahora que estamos en plena temporada de lanzamientos de nuevos modelos custom y que allá donde mires está abarrotado de americanas de puño fácil o de japonesas con afilados carenados, llega una inglesa fina y elegante. El sonido de su motor bicilíndrico en paralelo es también hermoso y si a esto le juntas la ausencia casi total de vibraciones, podemos decir de ella, además, que es una inglesa fácil de manejar...

Toco levemente el cuerpo de esta dócil inglesa y encuentro la llave de contacto. Está situada en el costado izquierdo, justo debajo del asiento y al accionarla un leve zumbido electrónico de puesta en marcha me sitúa en la modernidad de la inyección. El estárter es el típico situado en el motor y que actúa tirando de él. Pero es justamente aquí donde encontramos las primeras particularidades inglesas: inyección pero con estárter manual. Igual que en la Bonnie T100, por ejemplo.
E igualmente, por apariencia estética, en Triumph han optado por el recurso -también ya visto- de simular que se trata de un motor de carburación y mantener el cuerpo del carburador aunque está hueco y en su interior no hay más que cableado.
Es claramente un intento de mantener el sabor añejo del custom pero escondiendo en su interior una puesta al día tecnológica.

Un placer en cualquiera de nuestras salidas

Si me has leído en algún artículo anterior, casi siempre hablo de "mi Nurburgring” pues es una zona de muchas curvas donde me gusta llevar a todas las motos que pruebo... y esta no iba a ser menos.
Y primera sorpresa: la Triumph América es ágil y manejable aunque no lo parezca. Este motor de 61 CV se muestra dócil y normalito hasta las 3.000 vueltas. Después es un molinillo que tira con bastante alegría, como si de otro tipo de moto se tratase, no en vano entrega toda la potencia a 6.800 rpm y el par por encima de las 3.000. Si quieres ir deprisita puedes porque corre aunque para ello hay que llevarla alta de vueltas. Entonces, como toda custom, a partir de ciertas velocidades el aire se convierte en nuestro incómodo compañero de viaje.
En resumen, se puede ir rápido con esta inglesa pero si ese es tu objetivo has de saber que te acabarás cansando. Nuestra invitada es una custom y en este lado de la línea correr es de cobardes... aunque puedas. Si lo tuyo son las sensaciones sport, quizás deberías buscar otra cosa dentro de la gama inglesa. Triumph tiene excelentes propuestas más "adrenalínicas" en su catálogo...

Comodidad británica

Con un asiento en el que nos sentiremos como en el sofá de casa y una postura de conducción con las piernas adelantadas, la conducción  -dada la suavidad del motor- se torna de inmediato un placer que se transmite perfectamente a nuestros sentidos y hace perfecta cualquiera de nuestras salidas. El PLACER del paseo en moto, así, en mayúsculas.
El leve movimiento del cuentakilómetros cuando el asfalto se pone como si no pagáramos impuestos me proporciona el dulce sabor vintage que siempre se busca en una moto así. Me encanta notarlo en estos tiempos de estáticos displays digitales. En este instrumental todo es clásico; la única concesión a la modernidad es un pequeño testigo que se ilumina avisando de la entrada del combustible de reserva.
Algo, por cierto, que suele ocurrir sobre los 290 kilómetros...

Parte ciclo muy, muy custom

Las suspensiones se comportan de manera correcta pero ¡claro! su discreto recorrido delantero de 41 mm retorna en una horquilla caprichosa, extraordinariamente sensible a la elección del firme. No le gusta demasiado el pavimento bacheado ya que se notan mucho las irregulares del asfalto. Siguiendo con la parte delantera, encontramos un único disco de freno delantero y su comportamiento es ejemplar. Acertada la elección de Hinckley; tengo la impresión que con dos clavaríamos en exceso e incluso de manera peligrosa, así que buena idea dejar un solitario disco que -por otra parte- se muestra muy eficaz.
Su buen comportamiento se completa con un freno de disco trasero de doble pistón mordiendo un disco de 285 mm que también tiene -en este caso concreto- un gran protagonismo en las frenadas, sobre todo por las formas y repartos de pesos del conjunto.
A remarcar el embrague; actúa de manera eficaz aunque sonoro -a mí personalmente me encanta ese marcado sonido en los cambios- con buen empuje a la hora de adelantar y de reducir. 

Para solitarios

Sin duda estamos ante una moto destinada a aquellos moteros que buscan la ruta en solitario, ya que su plaza trasera es casi un elemento estético más que práctico debido a sus reducidas dimensiones.
Eso sí, a diferencia de otros modelos Cruiser de la marca, la posición de las estriberas es lo suficientemente alta como para no rozar tan fácilmente, aunque a ritmo alegre es inevitable llegar a hacerlo.
Para acercarse a la América conviene 
recordar que en el custom el espíritu con el que afrontes la vida sobre dos ruedas es lo fundamental.
Correr no es lo importante; lo importante es llegar y pasarlo bien por el camino, sabiendo que no te perderás nada porque lo divertido... ¡empieza cuando llegas tú!

Fotos de la Triumph America

Fotografías por: Oscar Martinez
 

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