Sym Joyride 200i: A la última

Publicado el 03/02/2010


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Sym conserva su confianza en el práctico y fiable Joyride 200, aunque para mantenerlo a la última ha decidido incorporarle la cada vez más imprescindible inyección electrónica.

Sym Joyride 200i: A la última

El Sym Joyride 200i es uno de los scooters más veteranos de nuestro mercado, pero a pesar de ello, su funcional y práctico diseño hacen que su filosofía de scooter GT de barato mantenimiento y adquisición continúe siendo muy válida en estos tiempos.

Sym mantiene su confianza en el que fue, en su momento, el primer gran turismo que salió de sus cadenas de montaje -con motor de 125 c.c.-. De hecho, son muy pocas las cosas que se han cambiado del primer modelo. La más importante, sin duda alguna, es el nuevo sistema de alimentación por inyección electrónica, que le aporta un funcionamiento más suave y una respuesta del motor un poco más contundente y precisa que en el caso de su antecesor. Por si fuera poco, desde el punto de vista económico, ha bajado unas décimas sus consumos, por lo que podremos extraer unos kilómetros de autonomía a su depósito de 8,5 litros.

Muy cómodo

Sym Joyride 200i: A la última

A pesar de los años que lleva en el mercado, el Sym Joyride 200 sigue siendo un mega de baja cilindrada muy práctico. Mantiene el estilo de los scooters de antaño, dando especial importancia a apartados como la facilidad de conducción, la capacidad de carga y, sobre todo, el bajo coste de mantenimiento.

El Joyride es un scooter muy bien preparado que alcanza buenas notas en aspectos como el confort de marcha, aunque no destaque por su volumen precisamente.

Lo que nos encontramos al subirnos por primera vez es un manillar ancho y alto respecto al asiento, diseñado para favorecer el efecto palanca y permitirnos controlar el scooter en todo momento. El asiento dispone de dos niveles. El del conductor tiene una altura muy baja en relación con el suelo, para ayudarnos a descansar con más seguridad los pies o maniobrar sin apenas esfuerzo en parado.

La diferencia de altura se aprovecha para garantizarnos un apoyo lumbar de considerable tamaño, un lujo del que también podrá disfrutar nuestro pasajero, ya que en las últimas versiones de los Joyride el respaldo para el acompañante llega de serie.

Volviendo al conductor, éste también gozará de una muy buena comodidad en lo que se refiere a las piernas. La plataforma donde las apoyará es totalmente plana, lo que le aporta una gran cantidad de espacio, y si aun así queremos algo más, la parte baja del contraescudo está inclinada hacia delante para que podamos estirar las piernas en los trayectos de largo recorrido.

Por último, para hacer nuestros desplazamientos un poco más llevaderos, seguiremos disfrutando de un escudo frontal y un parabrisas que nos protegerán considerablemente del viento frontal, pese a no destacar ni por la altura de la pantalla, ni por el ancho de todo el conjunto.

Bien equipado

Sym Joyride 200i: A la última

El Sym Joyride 200i continúa siendo un modelo muy bien equipado, aunque lo comparemos con sus rivales de última generación. Sus cotas son reducidas. En su momento, los creadores supieron encontrar el espacio suficiente para colocar un amplio habitáculo bajo el asiento. Es cierto que no tiene la capacidad para dos cascos integrales, pero gracias a su diseño alargado podremos depositar un casco integral y muchos objetos más en su interior, sin que después tengamos problemas para cerrarlo. Eso sí, a la hora de abrirlo, Sym nos ofrece dos posibilidades: desde el contacto, como siempre, o eléctricamente mediante un botón situado en la piña de mandos izquierda.

El listado de elementos de carga lo complementan una guantera pequeña en el lado derecho y un gancho fijo, oculto en la parte anterior del asiento, con una capacidad de sujeción bastante discutible.

Para terminar con el equipamiento de serie, cabe destacar la buena información que aporta su tablier de instrumentos, a pesar de no tener un diseño especialmente atractivo –pero cuenta con una pantalla digital que le aporta un poco más de sofisticación-, y la posibilidad de escoger entre un caballete central o lateral con desconectador a la hora de aparcar.

Sin problemas

Sym Joyride 200i: A la última

Desde el punto de vista del funcionamiento, el Joyride 200i es un scooter fácil, sin complicaciones. Su parte ciclo se compone de elementos que pueden llegar a ser incluso sorprendentes, como en el caso del disco delantero perimetral de 273 mm con pinza de dos pistones, que junto con el disco trasero de 220 mm -la pinza es de un único pistón- nos garantiza una frenada más que suficiente para que podamos circular sin miedos. El tacto de las levas es un poco esponjoso y tiene un recorrido un poco largo, pero, de cualquier forma, no afecta en exceso a la hora de aplicar sin dificultades la potencia necesaria sobre cada disco.

Posiblemente, el punto más débil sea el de las suspensiones. Tanto la horquilla anterior como los amortiguadores posteriores demostraron un comportamiento muy blando que nos puede llevar a hacer tope con facilidad sobre asfalto muy bacheado. Además, en curva, y si realizamos una conducción brusca, el tren posterior puede llegar a balancearse, aunque, eso sí, en ningún momento es alarmante. Pese a todo, es aconsejable efectuar una entrada en curva progresiva y suave, para alcanzar la máxima estabilidad en plena trazada y evitar así los susodichos balanceos.

Un plus de prestaciones

Sym Joyride 200i: Tablier

En el aspecto mecánico, el Sym Joyride 200i nos dejó gratamente sorprendidos. Su monocilíndrico 4T LC SOHC 2V no es precisamente de última tecnología, aunque en fiabilidad y resistencia rinde como el que más.

Con la llegada del nuevo sistema de inyección se ha ganado sustancialmente en suavidad, pero es, sobre todo, en detalles como la precisión y el tacto sobre el puño del gas o en consumos -no llega a los 4 litros a los 100 km- donde se desmarca bastante de su antecesor.

Responde bien desde cero, lo que nos asegura que no seremos los últimos en salir de los semáforos. Podríamos afirmar que nos ofrecerá una respuesta intermedia, sin llegar a la contundencia de un dos y medio, aunque sí que recupera y acelera con más fluidez que un 125 c.c. Y es que posiblemente las similitudes con estos últimos sean algunos de sus mejores argumentos. Tiene las mismas medidas, se conduce con idéntica facilidad y, lo más importante, cuesta básicamente lo mismo -2.699 euros-. ¿Qué más se le puede pedir?


J. Hernández
Fotos: Santi Díaz

 

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