Vespa GTS 300i.e. SuperSport. Es un encanto...

Publicado el 23/03/2012


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La Vespa Super, con el motor Quasar 300 i.e., va un paso más llá y se reivindica en su vertiente deportiva. De ahí la Supersport, que manteniendo el glamour de estos populares scooters italianos se sirve ahora con unos colores de guerra muy atractivos.

La tercera Vespa GTS 300 es la deportiva. Antes ya existían la Super, de mar­cado carácter urbano, y la Touring, con pantalla y con portaequipajes delante y detrás. La tercera se llama SuperSport, y esto es así porque toma prestado el estilo de la Super y lo hace derivar hacia un concepto algo más deportivo.

De hecho, las diferencias entre la Super y ésta residen en los adhesivos de los laterales de los cófanos, el tapizado del asiento (muy bien acabado) y la pintura, que en la SuperSport es mate, y muy llamativa.

Por lo demás, el comportamiento es prácticamente el mismo en las tres, si bien la SuperSport viene de serie con unos neumáticos Michelin City Grip, que ofrecen un nivel de agarre bastante superior al de los de las otras dos Vespa GTS 300. 

Sensación de solidez

Un motor potente y unas llantas pequeñas hace que sea muy ágil y manejable en ciudad

Decíamos que el asiento de la SuperSport es distinto. Y es que en realidad es nuevo: aunque sigue siendo negro, en este modelo ha sido realizado con termosol­daduras, de forma que es un asiento “más cómodo, más agresivo y decididamente más deportivo”, según el departamento de prensa de Vespa.

El lugar del conductor está muy bien acabado, como vemos, y encima es de grandes dimensiones, por lo que ofrece una gran libertad de movimientos y calidad de marcha. Al pasajero, en cambio, se le ha reservado un espacio de menores dimensiones, y si añadimos que los cófanos hace que tenga que abrir las piernas, llegamos a la conclusión de que el segundo de a bordo no circula con tanto des­ahogo como el que agarra el manillar. En las aceleraciones, incluso, hay veces que puede tender a irse hacia atrás empujado por la inercia.

Pero si por algo destaca la GTS SuperSport, es por su decoración en general, destacando la pintura en particular. La que probamos nosotros es completamente negra, y además, mate, lo que le da un aspecto de Vespa atrevida a la vez que sólida y robusta. En la guantera vemos la inscripción SuperSport en rojo y unos grandes adhesivos laterales en los que se lee perfectamente Sport. Todo para potenciar su imagen de Vespa deportiva.

Estos colores de guerra, esta estampa tan sólida, quedan luego reflejados en su comportamiento sobre el asfalto. Aunque, más que por el aplomo de esta Vespa 300, que también, por el carácter de su motor. 

Impulso ascendente

El Quasar 300 es el responsable de todo. Él tiene buena parte de la culpa de que esta Vespa vaya tan bien.

Al margen de su velocidad punta, que está por encima de los 130 km/h, sus 22 CV de potencia máxima hacen que la GTS salga disparada con tan sólo abrir gas. La respuesta es eléctrica, por suave e instantánea, y el motor trabaja con gran suavidad. De esta manera, seremos de los primeros en cuanto el semáforo pase a verde.

Y con las dimensiones de una 125, con un peso por debajo de los 150 kg, la SuperSport se deja llevar con una facilidad pasmosa. Tiene mucho que ver en esto el radio de giro y el diámetro de las llantas, que son de doce pulgadas. La altura del asiento a 790 mm facilita aún más las cosas, ya que no resulta elevada y no es complicado llegar con los dos pies al suelo.

Pero unas llantas tan pequeñas, y la ‘horquilla’ monobrazo, nos cobran su particular peaje. La GTS SuperSport va muy aplomada sobre el asfalto, es algo que ya hemos dicho, si bien cuando atravesamos una alcantarilla o un bache, por ejemplo, el manillar tiende a menearse, como también lo hace toda la Vespa. El clasicismo de este modelo es algo a lo que Piaggio no está dispuesta a renunciar - forma el 99 % de su encanto-, por lo que no creemos que en un futuro reciba una horquilla como la del resto de los scooters del mercado, una horquilla que le diese una mayor consistencia al tren delantero. Pero tampoco es que las Vespa hayan sido diseñadas para correr, por mucho que ésta alcance los 130 km/h. 

Compromiso Sport

La parte de ciclo de una Vespa, si la marca mantiene su filosofía, nunca será la de un scooter deportivo. Las suspensiones son sencillas, trabajan bien pero son sencillas, y lo son más aún si recordamos que en el tren de­lantero conserva el sistema de monobrazo bas­culante, con un comportamiento muy sui generis.

A pesar de que sus gomas Michelin son de calidad, hay que tener siempre en cuenta que las presiones de los neumáticos sean las correctas para que la Vespa vaya por su sitio. Si no es así, su funcionamiento y manejo varían considerablemente.

En cualquier caso, si en ciudad se comporta de mara­villa, en carretera también es un scooter tremendamente ágil. Los pasos por curva a una velocidad “elevada” no son aconsejables, porque la estabilidad no es la de un Tmax, precisamente, pero luego, en cambio, es muy decidida a la hora de inclinar y de cambiar de un lado a otro, algo que hace a la más mínima insinuación. Todo esto se debe a sus pequeñas llantas de tan sólo doce pulgadas, repetimos, y a un centro de gravedad pegado al asfalto.

Algo también destacable de la Vespa GTS SuperSport es la frenada, que es en todo momento impecable. Delante y detrás lleva sendos discos de 220 mm, con un tacto y un mordiente encomiables, algo que tampoco es demasiado habitual en la mayoría de los scooters del mercado. Si el asfalto está en buenas condiciones, se puede tirar de ellos con decisión porque, a pesar de que sus ruedas sean tan pequeñas, las gomas de serie se pegan a la carretera y aportan un plus en seguridad. 

La tercera

La diferencia con la GTS 300 i.e. Sport es que la SuperSport se sirve en mate, con otro tapizado de

La SuperSport se suma a las otras dos GTS 300 existentes. La Super es muy similar, mientras que la Touring viene de serie con unos extras que la hacen ideal para tramos interurbanos, como por ejemplo la original pantalla y las parrillas portabultos delante y detrás.

La protección aerodinámica en la SuperSport es escasa –para eso ya está la Touring-, pero la posición de conducción, el amplio y acogedor asiento, el carácter del motor monocilíndrico y la suavidad de giro invitan a recorrer largas distancias sin acusar ningún tipo de achaque. Sólo la autonomía, que gira en torno a unos ajustados 214 km, nos indicará que hay que ir parando de vez en cuando.

La Vespa GTS 300i.e. SuperSport ha sido la última de estas tres en lle­gar al mercado, y su precio es de 4.882 euros. Es la más costosa de las trescientos, pero también es la más llamativa, algo de lo que las Vespa llevan muchos años presumiendo. Es, digamos, de entre las más potentes, la más encantadora.


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