Vespa PX 125. Un icono nunca muere

Publicado el 18/10/2011


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Hace un par de meses, una empresa de telefonía móvil lanzó un spot televisivo en el que decía que habíamos vuelto a usar sombrero, gafas retro, reloj calculadora, vinilos… cómo no, también una Vespa. ‘¡Cómo somos!’, se sorprendía una voz en off. Tampoco es tan extraño: simplemente gusta lo auténtico.

Descatalogada en su momento y ahora rescatada, el regreso de las Vespa PX podría responder a diferentes motivos. Podría deberse al éxito que está teniendo la marca india LML con sus Vespa low cost, cuya única diferencia con las originales es la nacionalidad; o podría deberse, simplemente o también, al retorno de la moda de las años ochenta a diferentes escenarios de la cotidianeidad.

El segundo de los motivos tiene una contundente razón de ser porque la Vespa PX, presentada muy a finales de los setenta, tuvo buena parte de su boom en la década de Naranjito y Franco Battiato. La movilidad a pequeña escala, prácticamente en un sentido estricto de utilidad, también se ve de vez en cuando salpicada por la marea de las modas; y Vespa, por si alguien todavía no lo sabe, lleva nada más y nada menos que 65 años de moda.

La ‘dolce vita’ no queda tan lejos

Lo ideal habría sido irse a Italia -no sé, a Roma, por ejemplo…- a hacer la prueba de este scooter. Tan enraizado como está en la cultura popular italiana, por no hablar de la de muchos otros lugares, el país trasalpino habría sido el escenario perfecto para ver qué tal va, como también habría sido perfecto tener a Sofia Loren de modelo para ilustrar las fotos… ¡Maldita crisis!

Las Vespa siempre han sido todo un icono entre las clases populares desde los años cincuenta, y, desde no hace mucho, también entre aquellos y aquellas que querían un scooter que les aportase clase. Y si no clase, al menos sí distinción.

Ir por la ciudad sobre la Vespa PX no es lo mismo que hacerlo, por ejemplo, sobre un scooter japonés, por qué negarlo. Aunque a todos los niveles; es decir, la PX es original y elegante, efectivamente, pero también funciona de una forma muy diferente a la de cualquier utilitario convencional.

Luego entraremos en detalle, pero para empezar diremos que monta un cambio de cuatro velocidades en el puño izquierdo: para insertar primera se aprieta el embrague y damos gas, mientras que para introducir las otras tres marchas giramos el puño hacia delante. Todo con la mano izquierda. Para frenar de detrás, en el lado derecho de la plataforma tenemos un pedal casi del tamaño del de un automóvil.

¿Te he dicho que me gustas?

Es extraño que un scooter tan sencillo, que gasta un diseño de hace casi 35 años, parezca a la vez tan coqueto. ¿Será su originalidad, con la rueda de repuesto a cuestas, el cambio de velocidades en el puño izquierdo y el pedal de freno en el pie derecho? ¿Será su popularidad, ganada a pulso tanto por haber sido un scooter utilitario económico como por sus múltiples apariciones en la gran pantalla? ¿O será simplemente porque la Vespa es italiana y esto por sí solo ya es un gran qué?

Difícil precisar. El caso es que la Vespa levanta pasiones allá por donde pasa. Hice la prueba llevándola al bar en el que quedo con mis amigos: al aparcar junto a la terraza, jóvenes y no tan jóvenes se quedaban admirándola, y os aseguro que no era en mí en quien se fijaban. Los primeros, atraídos por su imagen y su sonido, y los segundos, porque era un scooter muy extendido cuando, precisamente, ellos también eran jóvenes… Recuerdos, supongo, y coincidencia de puntos de vista entre generaciones diferentes.

Es lo que tiene una Vespa, que gusta a todo el mundo. Seas de donde seas, sea cual sea tu estatus –una Vespa viste y mucho- y tengas los años que tengas. Unanimidad total ante este fenómeno mecánico y social.

Reserva Natural del 2T

Tan popular como es la Vespa, vamos a utilizar un vulgarismo para decir que la PX 125 es un scooter cachondo (que nadie se escandalice: cachondo, popularmente, también significa ‘divertido’, ‘interesante’, ‘singular’…). Lo que más llama la atención de ella es el cambio en el puño, que aunque no sea muy preciso, al menos sí es entretenido y, pues eso, diferente. De esta manera es posible sacarle un mayor partido a su motor de 125 centímetros cúbicos y, atención, de ciclo dos tiempos.

Por extraño que parezca, la Vespa PX desembarca en 2011 con una mecánica de otra época -con estárter, llave de reserva y carburador y todo-, y para ello ha sido necesario, primero, revisarla a fondo, y luego, montar un catalizador en el escape.

Este motor tiene sus cosas buenas, como su reprís inicial o su melodía de otros tiempos y su dulce petardeo al abrir gas, pero como contrapartida ofrece un velocidad punta limitada (en torno a 85 km/h) y unos consumos relativamente elevados (4,15 l/100 km).

Pasando estrictamente a cuestiones de dinamismo, en ciudad es perfecto por dimensiones, peso, radio de giro y diámetro de llantas, y es de lo más manejable que ha pasado por el aparcamiento de la redacción. En el extrarradio, esas llantas de sólo diez pulgadas, junto con el tren delantero monobrazo y unas suspensiones sencillas, hacen que a velocidad máxima pueda ser un scooter nervioso y algo impreciso. La frenada, por tacto y mordiente, tampoco invita a correr demasiado si la carretera está un poco congestionada.

La PX 125 se comercializa a un precio de 3.099 euros, ni mucho -teniendo en cuenta que es una Vespa clásica y todo lo que eso significa- ni poco -si contamos con que el comportamiento es mejorable-. Cada cual habrá de valorar qué es lo que más le conviene. De lo que no hay duda es de que este scooter, todo un icono para muchos, ha vuelto para quedarse.


Fotos de la Vespa PX 125

Fotografías por: Santi Díaz

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