Victory Hard-Ball: Los chicos buenos visten de negro

Publicado el 08/01/2013


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Con la Hard-Ball, la casa de Iowa nos presenta su interpretación del bagger con manillar “cuelgamonos”. Un modelo impactante, tanto estética como mecánicamente, sólo apto para aquellos a quienes no les intimida destacar allí donde estén... y que tuvimos la suerte de probar para Motofan durante una fría semana de enero.

Desde su llegada al panorama de las motos custom esta marca -propiedad del gigante de las motos de nieve Polaris- se ha caracterizado por hacer las cosas a su manera, marcando un estilo propio tanto en el diseño de sus motos -claramente de custom futurista- como por el nivel de sus acabados o sus imponentes bicilíndricos de 106 pulgadas calados a 50 grados.
Con un catálogo de 15 modelos divididos en tres familias -Touring, Baggers y Cruisers- se puede decir que, tras poco más de una década de existencia, el proyecto Victory está claramente asentado en todo el mundo. Y eso incluye a nuestro país, donde dispone de una importante red de distribución. Y aunque queda mucho camino por recorrer, los chicos de Iowa parecen decididos a arañarle alguna venta al gigante de  Milwaukee...

¿Qué demonios es una "Bagger"?

La Hard-Ball pertenece a la familia de los Baggers de Victory. En ella tienen cabida tanto las Cruisers con maletas como las Touring sin pantalla. Una Bagger, por tanto, está justo en medio de ambos conceptos. Pero aparte de esta interpretación simplista de la división familiar de la marca de Spirit Lake, existe un concepto custom Bagger que obviamente abarca también a otras marcas y que como su propio nombre indica -"Bag" es maleta-, se destina a los big-twins con maletas rígidas y cierta comodidad para devorar kilómetros. Este tipo de motos tienen un gran número de adeptos en los Estados Unidos, lo que ha terminado por desembocar en un tipo de customización propia en la que esta vetado prescindir de ciertos niveles de confort. La Hard-Ball sigue al pie de la letra esta filosofía, manteniendo todo lo que se le puede exigir a una moto turística americana junto a un buen número de detalles que la acercan a lo que se puede esperar estéticamente de un custom "Made in USA".

Todo lo que se ve...

A primera vista, lo que primero llama la atención es que se trata de una moto grande, con un igualmente grande kit de maletas rígidas fabricadas en fibra que pueden acoger ¡¡¡ 80 litros de equipaje!!!
Destacan, además, su plano y alargado depósito de 22 litros de capacidad; sus enormes plataformas triangulares y ¿cómo no? su alto manillar "ape-hanger". Todo cubierto de un espartano color negro mate sobre el que se han incluido un buen número de "pinstriping" en rojo y blanco; un recurso muy de moda últimamente.
Otro detalle que no pasa desapercibido en esta máquina americana es su enorme faro delantero y su vertical piloto trasera en forma de flecha, que le dan buena parte de su personalidad.

Y ahora un poco de técnica...

Como todas sus hermanas de marca, la HardBall monta un Freedom V-twin, el bicilíndrico en forma de V a 50º de 1.731cc de la casa.
Este enorme motor refrigerado por aire/aceite, entrega un par de 153Nm, dulcificados gracias a una primaria con un sistema de compensación de par. Su potencia es de unos aprovechables 97 CV que se transmiten a la rueda mediante una correa dentada de fibra de carbono reforzada. Un bloque sobradamente solvente para mover sus 345 kg en seco.
En cuanto a la amortiguación, monta un monoamortiguador trasero de gas ajustable por aire y, delante, una bonita horquilla invertida de 43mm en color negro, con un lanzamiento de 29º. Unos frenos compuestos por discos flotantes de 300mm para dos pinzas de 4 pistones delante y una de 2 detrás se encargan de la frenada.
Completan unas llantas negras de radios, con ribete rojo, de 18 y 16 pulgadas y neumáticos 130/70 y 180/60 de la serie Elite de Dunlop.
En conclusión; una equipación a la altura de la competencia...

Sensaciones

Según te subes y retiras su larga "pata de cabra" te das cuenta que, aunque tiene su tamaño, no es una moto que obligue a pasar por el gimnasio para poder llevarla. Tiene el peso concentrado muy abajo, el centro de gravedad está bien encontrado y su parte delantera es bastante ligera. Cuando te pones en marcha empiezas de inmediato a sacarle partido a su propulsor: es suave, progresivo y contundente si la situación lo exige. Permite circular por cualquier vía rápida sin sobrepasar las 3.000 vueltas, además dispone de un sencillo sistema de control de velocidad para recorrer muchos kilómetros (o millas, por cierto, ya que es una opción que puedes elegir en su consola) sin cansar en exceso la mano derecha. Pero no todo el camino está recorrido; un detalle claramente mejorable es el tacto del embrague. Pesa demasiado y acaba pasando factura.
Para mi gusto, no estaría mal que lo sustituyeran por uno hidráulico.
En cuanto a la posición de conducción, a pesar de lo que nos pueda llegar a hacer pensar su manillar, es realmente cómoda. Las plataformas no transmiten apenas vibraciones, el asiento es de lo más acogedor que he probado - tanto para el conductor como para el acompañante- y su manillar es regulable en altura adaptándose a la talla del conductor. Quizás los retrovisores sean el único "pero" al estar colocados justo a la altura de los ojos y ser de visibilidad mejorable. Lo más destacable es el buen tacto de la moto en general. El conjunto chasis/amortiguación permite atacar las zonas reviradas con bastante solvencia para una moto con 1.670mm de distancia entre ejes, a la vez que es lo suficientemente absorbente como para no sufrir demasiado cuando el firme se pone feo. También se deja llevar en ciudad... una vez te haces a ella. No es un ligero y maniobrero scooter pero la suavidad de su motor y su amplio rango de funcionamiento facilitan los paseos urbanos.
Lo dicho, una moto muy especial, con la que no dejarás a nadie indiferente y que resulta mucho más polivalente de lo que su radical aspecto permite suponer...

 

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