Victory High-Ball, fuera vértigos 2012

Publicado el 27/03/2012


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Si el hecho de ir con los brazos en el aire no sólo no es un inconveniente sino que además va con tu estilo, la High-Ball es la que mejor casa contigo. Porque esta Victory es una moto original y distinguida. Porque no hay otra cruiser igual.

Victory se ha empeñado en ir a por todas. Recuerdo que la primera que yo probé fue una 8 Ball, la entry-level de la marca, una cruiser sencilla y económica, pero muy competente. Menos de dos años después nos llega la High-Ball, otra Vegas como la 8 Ball, pero bastante, muy diferente en todos los sentidos. 

Y es que la High-Ball no es sólo una Vegas dispar. Es, así, en general, una cruiser muy diferente a todo lo visto hasta la fecha.

Ya sé qué miran

Al ir un día por ciudad con la High-Ball, pasé junto a un escaparate en el que me vi reflejado y llegué rápidamente a la conclusión de que este modelo es otra cosa. 

Me di cuenta enseguida de que el perfil moto-conductor era muy particular, yo sólo lo había visto antes en motos preparadas, nunca en una de serie: espalda recta, piernas un poco adelantadas y manos a la altura del casco. 

No cabe duda. La imagen que manifiesta la High-Ball con el conductor a su grupa es tan original como molona, y no es de extrañar que la gente fijase la mirada en ella al verla pasar. 

Aunque esta cruiser no es sólo imagen. Es verdad que a la exclusividad de su manillar hemos de sumar las llantas de 16 pulgadas de diámetro de radios, las únicas que no son de palos del catálogo de Victory. Pero es que, además, hay detalles interesantes, como el tamaño del par de tijas, más alargadas de lo normal para que la horquilla pueda alojar ese balón delantero de 130 mm de sección. La sensación de robustez del tren anterior es otro de los atractivos de esta moto. 

La unidad que probamos contaba con algún extra, como por ejemplo el par de colas de escape en negro mate que se curvan hacia abajo para apuntar hacia el asfalto. Cuestan mil euros más sobre el precio final de la High-Ball y, según nos comunicó gente de la marca, vienen menos tapadas que las que llegan directamente de Estados Unidos (cromadas y totalmente paralelas a la carretera). 

Monoplaza

La High-Ball es una Vegas, lo hemos dicho, convenientemente modificada en toda la parte frontal. Es una Vegas porque la High-Ball también lleva un asiento pensado sólo para el conductor, tipo silla de montar. Este asiento es así muy ergonómico; se encaja muy bien sentado en él y el paso de los kilómetros no tendrá la mayor importancia cuando salgamos de ruta. 

En ruta, aunque sólo a cierta velocidad, sí notaremos que esa estampa tan molona no es la más apropiada, ya que al llevar los brazos elevados y más o menos abiertos hacemos una especie de efecto paracaídas. Me explico. Con esa posición de conducción -que en carretera, de paseo, llegará a parecernos incluso natural- recogemos el aire hacia el tronco, canalizado por los brazos, y con el paso de los kilómetros nos daremos cuenta de que hemos ejercitado nuestros músculos abdominales al tratar de contrarrestar la resistencia aerodinámica. 

Por lo demás, pues eso, que la posición de conducción en condiciones normales es natural y relajada, con las piernas levemente adelantadas y los brazos descansando colgados del manillar (manillar que en Estados Unidos es conocido como ape hanger, ‘cuelgamonos’). 

Disfruta de la carretera

Moverse por ciudad con la High-Ball no es un suplicio, todo es relativo. Para empezar, el asiento está a sólo 635 mm del asfalto, se hace pie sin problemas independientemente de la talla del conductor. 

La talla del conductor sí importa, en cambio, si tomamos como referencia el manillar. Volvemos a explicarnos. Si tu altura está por debajo de la media, te costará -como me costó a mí- realizar giros a baja velocidad, ya que el recorrido del manillar es amplio y los brazos no darán tanto de sí. Los que superen el metro ochenta de estatura -o tengan unas extremidades superiores alargadas- lo tendrán mucho más fácil a la hora de maniobrar con ella. Y es maniobrando cuando también nos daremos cuenta de que el peso de 305 kg no es cualquier cosa, peso que se nota en parado pero no tanto una vez iniciada la marcha. El radio de giro, eso sí, es sorprendentemente reducido, y esto también ayuda. 

En autopista es cómoda, como decíamos, pero siempre que no nos excedamos con la velocidad -por el citado efecto paracaídas-. Por lo demás, la finura de funcionamiento sorprende en autopista incluso más que el radio de giro en ciudad. 

Lo mejor de la High-Ball lo encontraremos en carretera, y eso que esta moto solicita una conducción especial. Esta Victory no se conduce tanto con el manillar -poco a mano para los menudos como yo- como con el cuerpo, y este tipo de conducción tiene su gracia. En las curvas más cerradas, en lugar de tirar de manillar tiramos de trasero, que lo llevamos hacia el interior del viraje para que la High-Ball se venga con nosotros. Una conducción mucho más interactiva y divertida que la que pide la mayoría de los modelos. 

La conducción se hace así bastante más fluida que si nos encomendamos única y exclusivamente a su peculiar manillar. Y es que la High-Ball no es una cruiser remolona ni indecisa a la hora de entrar en las curvas. De hecho, con ella se puede pasar muy bien en carretera de montaña, sólo limitados por lo cerca que están las estriberas del asfalto y por lo pronto que rozan en él al tumbar. 

Las suspensiones son firmes más que blandas, y la moto sólo se retuerce un poco más de la cuenta si abrimos gas con decisión. Porque es que todavía no hemos hablado del motor… 

El dos en V a 50° es el mismo que el de todas las Victory, de 1.731 cc, 97 CV y 15,6 kgm. Dicho así suena fuerte, pero es que es tal y como suena. Este propulsor se nota lleno en todo momento, trabaja con una eficiencia y un reprís propios de una moto de corte más deportivo que una cruiser, y con una suavidad que también sorprende. Sólo la leva del embrague -algo duro- y la palanca del cambio -algo seca- nos recuerdan que no hemos de olvidar que la mecánica es la de una custom. 

En cuanto a la frenada, nada que decir. Bueno, sí, que es otra de las muchas cosas que sorprenden de la High-Ball. En el robusto tren anterior vemos un generoso disco de 300 mm de diámetro y una pinza de cuatro pistones opuestos, que, como el motor, casi ofrecen el tacto y el ímpetu de una deportiva. Muy buenos ambos. En el tren trasero, otro disco de 300 mm y pinza de dos pistones que frenan casi tanto como el delantero, por lo que habrá que familiarizarse previamente para no ir clavando la rueda trasera a las primeras de cambio. 

Asequible

El precio de la Victory High-Ball es de 14.900 euros. Así, de entre las que podríamos considerar sus similares, es la más económica, unos cientos de euros más asequible que la Honda VT 1300 CX Fury y muy alejada de su compatriota Harley- Davidson FLSTSB Cross Bones. 

La High-Ball no es la Vegas entry level de la marca, ya que ésta tiene en la 8 Ball su modelo más básico, pero si quieres una Victory diferente -o mejor dicho, una cruiser, así, en general, diferente-, tendrás que fijarte bien en la de estas páginas, porque no hay muchas como ella. Si es que hay alguna. 

 

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